Estimados lectores del Evangelista Mexicano: les saludo con gusto y les envío un afectuoso abrazo con motivo del 14 de febrero. Pablo hace una magistral disertación del significado del amor y explica a los de Corinto (y a nosotros, claro) lo que representa uno de los más sublimes sentimientos entre los seres humanos. En Jesús y en nuestro Dios tenemos el mayor ejemplo del amor, que sin límite y sin condición nos expresa permanentemente. Confrontemos con nuestro presente del cómo hoy se anteponen valores materiales e intereses secundarios para establecer relaciones entre las personas. Porque de tal manera amó a Dios al mundo….
Pero retomando el tema que nos ocupa, en esta ocasión les comparto algo interesante de nuestro Archivo Nacional, que encontré en el número publicado hace 140 años del Abogado Cristiano correspondiente a julio de 1883, y que en sus ocho páginas publica diferentes notas, para los metodistas de aquella época. Les comparto una de ellas que me resultó por demás interesante.
Se trata de la nota de una obra de la ingeniería que hoy en día aún nos cautiva: el puente colgante construido en los Estados Unidos y que por mucho tiempo fue el más grande del mundo, por cuyos seis carriles transitan miles de autos en uno de sus niveles, y en uno superior, peatones y ciclistas. En algún tiempo también transitaron trenes y camiones. Sí: estoy hablando del Puente de Brooklyn. Según la nota, dicho puente fue diseñado desde 1870 y hoy sigue operando tan campante y es una visita obligada cada vez que se viaja a aquella ciudad, que une a dos de sus cinco suburbios: Manhattan y Brooklyn.
Justamente en un punto muy cercano, donde se aprecia el puente con todo su esplendor, se ubica la iglesia metodista de la calle de John, una de las primeras iglesias establecida por los seguidores de John Wesley en los Estados Unidos (formalmente no se llamaba así, pues aún no se independizaba del Reino Unido). Tuve el gusto de participar de un servicio religioso hace algunos años en ese antiguo pero muy bien conservado templo. Personalmente he atravesado el Puente de Brooklyn manejando en auto y también caminando, pues resulta un paseo muy agradable.
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