Los amigos de Jesús
El ministerio de la unidad dentro de la Iglesia, es crucial. Se trata de la integridad de los cristianos y la autenticidad de nuestras acciones. Fue la oración de Jesús por nosotros, por lo que trabajar hacia la unidad visible entre los cristianos sigue siendo digno de nuestros esfuerzos.
Pero la unidad no quiere decir uniformidad. Dios nos habla a través de Su Espíritu como Él lo dispone, no como nosotros lo haríamos. Y la unidad cristiana no se basa en doctrinas, liturgias o reglamentos. Ni siquiera en mandamientos o leyes. Se basa en el amor y en la misericordia. Que nos amemos unos a otros, eso es el sello de identidad. Por eso conocerán que somos Sus discípulos, porque nos tenemos amor los unos con los otros.
Y si en ello estamos unidos, entonces tiene sentido re-unirnos. Reunirnos una y otra vez. De lo contrario, sólo nos juntamos, no nos re-unimos.
Jesús mostró una misericordia abrumadora y asombrosa hacia esta mujer atrapada en el pecado. Su respuesta a ella después de que cada persona se hubiera ido como perros con la cola atrapada entre las piernas, fue «no juzgar». Hacer realidad el amor de Dios con nuestro prójimo. ¿Cuántas veces somos prontos para hacer evaluaciones y juicios, aún con la mejor intención? Detengámonos un momento. Aprendamos de nuestro Maestro de Maestros que, aún con el compromiso a cuestas de hacer juicio, siguió enseñando en la tierra a sus discípulos cuando era forzado a juzgar a la mujer pecadora.
El amor de Cristo nos provee amparo y fortaleza, pero todo a su tiempo. Observar sin evaluar, Exhortar sin atemorizar. Este tiempo nos ofrece esa oportunidad para la unidad espiritual y para sanar.
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