Categoría: Editorial

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EDITORIAL: Las prisas de diciembre y la incomodidad de Cristo

Los saludamos con afecto, al iniciar el último mes del año, deseando puedan disfrutar de estas fechas con la paz de Cristo.

En días pasados, ya en este diciembre de 2022, íbamos transitando por una parte de la ciudad en que vivimos, congestionada por el tráfico, con gente caminando por las calles, recorriendo los comercios en busca de algún producto; y mi marido observó: “Son las prisas de diciembre”. En efecto, diciembre es un mes donde la gente andamos de prisa, yendo de un compromiso social a otro, de una compra a otra, buscando llegar a la noche del 24 con toda nuestra lista de pendientes cubierta. ¿Para qué?: a veces no lo sabemos, sólo queremos llegar a ese momento con todo cubierto, y sentirnos cómodos junto a nuestros seres amados.

Ese anhelo por completarlo todo y estar cómodos nos puede hacer olvidar el propósito real de la celebración de Navidad: recordar que un Rey se incomodó por nosotros, se quitó sus atributos divinos para hacerse humano y así poder salvarnos de la oscuridad del pecado, la luz irrumpiendo en las tinieblas de este mundo. Si él se incomodó, ¿por qué no hacerlo nosotros en beneficio de otros? Como creyentes estamos llamados a dejar lo seguro, y movernos bajo la guía del Espíritu Santo.

Esa constante movilidad de nuestra iglesia tiene un pasado, uno de cuyos personajes fue Stephen Staples McLellan, misionero en Chihuahua; pero también tiene un presente, representado en la reseña de la Conferencia del Distrito Oriente en la Conferencia Anual Septentrional; y nuestras instituciones educativas forman a los profesionistas que se espera en un futuro proyecten los valores de Cristo en sus comunidades, según vemos en la reseña de la graduación de estudiantes universitarios en la Universidad Madero.

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Editorial: A la Imagen de Dios

A LA IMAGEN DE DIOS

Saludamos a nuestros lectores en este número de la segunda quincena de noviembre. No queremos iniciar sin felicitar a uno de nuestros colaboradores, el Pbro. Pedro Manrique Bustos Dávalos, encargado de la asistencia técnica para esta publicación, quien el pasado 26 de noviembre contrajo matrimonio con la señorita Xiomara Martínez, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. A ambos les deseamos muchos años de feliz vida matrimonial en el Señor. Y como regalo de bodas, el Pbro. Otoniel Rendón Ponce auxiliará a esta dirección en la importante tarea de publicar en internet dos ediciones de El Evangelista Mexicano, la presente y la del 15 de diciembre de 2022; al Pbro. Rendón le decimos: gracias, muchas gracias por su apoyo en este tiempo de merecido descanso para el Pbro. Bustos.

En este número seguimos presentando aspectos de la vida de nuestra Iglesia Metodista a lo largo del país, y reflexionamos en la búsqueda de parecernos más a Dios, que vemos reflejada en esos escritos, de buscar como creyentes -en lo individual y como grupo. ¿No es acaso nuestra meta parecernos a nuestro Padre celestial? El Señor Jesús nos pide que seamos perfectos, como él es perfecto (Juan 6:47). Y esa perfección es uno de los postulados sostenidos por Juan Wesley, el fundador del metodismo.

No ahondaremos en los detalles de esta doctrina prominente de nuestra denominación; pero sí queremos meditar en que podemos confundirnos en cuáles características imitar. El ser perfectos como el Padre es perfecto no nos obliga a ser todopoderosos, omniscientes, omnipresentes, atributos que sólo él posee. Pero en nuestra manera de vivir pudiéramos sorprendernos buscando el control de la gente o de las situaciones que nos rodean -es decir, ser todopoderosos; o entrometiéndonos en todo, queriendo enterarnos de todo, aún de lo que no nos corresponde -es decir, ser omniscientes; o ahora, con las redes sociales, nos vemos platicando con alguien en persona al mismo tiempo que manipulamos nuestros dispositivos electrónicos y mandamos mensajes por redes sociales -es decir, queremos estar en dos o más partes a la vez, pretendiendo ser omnipresentes.¿Eso es ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto?

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La hora de nuestra libertad

Martin Larios Osorio

Ya hace 210 años que México levantó la voz para pronunciarse en el concierto mundial como Nación Soberana. Fue aquel 16 de septiembre de 1810 cuando un grupo de valientes hombres levantaron su voz y sus armas en contra de la opresión que significaba la colonia española. No sólo en términos políticos sino, sobre todo, en términos sociales y humanos.

Cuando aquellos hombres pensaban en libertad, sabían exactamente a qué se referían, porque vivían en carne propia la esclavitud, la discriminación, la vejación, la violación a su dignidad y la desesperanza, todos los días de su vida, y sin ninguna perspectiva futura para sus hijos. Ese día, se escuchó el mensaje de Miguel Hidalgo y Costilla, que en su parte medular dijo:

“Mis amigos y compatriotas: No existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre; terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos. Llegó el momento de nuestra emancipación; ha sonado la hora de nuestra libertad; y si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos. Pocas horas me faltan para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir con este deber. De suerte que sin Patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis, y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré, por lo mismo, la satisfacción de hablar más tiempo ante vosotros. ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!”.

El 14 de septiembre de 1813, José María Morelos y Pavón pronunciaba los Sentimientos de la Nación y en su punto 15 citaba: “que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud”.

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Tengo un sueño

El 28 de agosto se ha instituido en México como el Día del Adulto Mayor, en conmemoración de la primera Asamblea de las Naciones Unidas dedicada al envejecimiento de la población, realizada en agosto de 1982. Una preocupación contemporánea que nos debe hacer considerar este fenómeno que tiene, entre otros motivos, el crecimiento en la esperanza de vida desde 1950. Al aumentar la esperanza de vida al nacer, la mejora en la supervivencia de las personas mayores explica la proporción cada vez mayor en la mejora generalizada de la longevidad.

También el 28 de agosto, pero de 1963, en la ciudad de Washington, EUA, el pastor evangélico Martin Luther King pronunció un emotivo e icónico discurso conocido como “Tengo un sueño”, en el contexto de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos de ese país. En ese mensaje, el pastor King aludía a su sueño de un país justo, pero también regenerado por una nueva visión de la vida en libertad, en la que todos gozaran de los mismos derechos y libertades, sin importar el color de su piel. Sin embargo, al plantear el hartazgo de la población negra sobre la falta de derechos y el sufrimiento ante hechos tan deleznables como la brutalidad policiaca y la falta de libertad en acceso a los espacios públicos, King señaló la importancia de los valores éticos: el transitar por el mundo con dignidad y disciplina, para no degenerar en violencia; en unir la fuerza física con la fuerza del alma, para lograr un verdadero cambio en la sociedad; en no sólo estar satisfechos de moverse un pequeño gueto basado en la discriminación, a uno más grande que limitara el ascenso de la humanidad. El problema de la libertad no era, para él, un asunto político sino, sobre todo, un asunto de conciencia y de regeneración espiritual. Por eso, lo trascendente de su mensaje.

En la presente edición, estimado lector, encontrarás artículos que nos recuerda el llamado que tenemos por parte del Señor al arrepentimiento genuino y a tener un cambio de vida, real y verdadero. Un cambio de vida que sólo encontramos en Jesús. Y eso sólo lo lograremos a través de una relación personal y cotidiana con nuestro Señor, centrada en los valores del Reino de Dios a través del cambio del corazón y la acción decidida. En comunión constante con Él como un estilo de vida, no sólo con ritos religiosos o reduciendo la oración a conjuros mágicos que abaratan la comunión con Él. Se refiere, pues, al compromiso en acción.

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Cristianos de autoconsumo

Vivimos una época que, con crisis sanitarias, económicas, sociales, o sin ellas, se caracteriza por la búsqueda del bienestar y el éxito, fundamentado en la satisfacción personal e individual de todo cuanto gozamos. Desde los satisfactores más básicos para el cuerpo, hasta los más elevados de aceptación y trascendencia, a través de una espiritualidad ególatra buscando el bienestar individual y consumista. Los valores del Reino de Dios no son estos valores.

La fe wesleyana no sólo es un asentimiento especulativo y racional, frío y sin vida, sino también una disposición del corazón. En esta edición de El Evangelista Mexicano disfrutamos de la reflexión que nos comparte el Obispo Moisés Morales Granados, con su participación en la Semana Nacional del Hombre Metodista, evento que congregó vía remota a miles de hombres metodistas de México y Latinoamérica con el reto de la fe como fuerza para “arrebatar” el Reino de los Cielos (Mt. 11:12).

Esta fe “que mueve montañas”, nos debe motivar para actuar y promover decididamente la verdad bíblica en nuestras iglesias, mediante la capacitación de pastores y líderes apoyados en estudiosos de la Biblia, permitiendo a todas las personas tener acceso a espacios donde puedan debatir y exponer sus interrogantes. Para ello, es necesario el cuestionamiento mediante teología sistemática que, si se evita, limitará nuestra fe para convertirla en una “fe perezosa”.

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Pensar (en serio) y actuar

“Pero, en cuanto a las opiniones que no atacan los fundamentos del cristianismo, ‘pensamos y dejamos pensar’. De manera que, sean lo que sean, ciertas o equivocadas, no constituyen ‘marcas distintivas’ de un metodista.”

Sermón ‘El carácter de un metodista’, John Wesley

La frase “pensar y dejar pensar” ha sido usada hasta el cansancio como uno de los lemas del metodismo y, con toda razón, ya que sintetiza de manera genial el pensamiento religioso wesleyano. El metodismo, a través de los siglos, se ha caracterizado por modelar su actuar a través de la propia experiencia y de la elaboración de una teología práctica: una fe expresada en acciones de amor.

En esta edición de El Evangelista Mexicano, trataremos algunos temas referentes a la sexualidad humana. Temas que suelen ser tabú, pero que consideramos conveniente analizar y difundir, a través de la discusión y contrastación de argumentos. Esperamos que la argumentación profunda, ilustrada y motivada en el Evangelio, nos conduzca a un enriquecimiento de nuestro actuar como Iglesia Metodista de México, a través de nuestras fuentes teológicas declaradas: la Palabra, la razón, la tradición histórica y la experiencia.

La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sido siempre tentada por imponer restricciones a la libertad de la conciencia y de castigar y perseguir a quiénes sostuvieran ideas diferentes a las establecidas. No pocas veces, se ha convertido en un poder de facto que se ha aliado con otros poderes “morales” de la sociedad para oprimir, castigar y enjuiciar.

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Renacer… o morir

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

Jn. 3:3

El confinamiento social a partir de la pandemia que vivimos, ha hecho que nos replanteemos un nuevo comienzo en muchas de nuestras actividades. Desde lo más cotidiano hasta las actividades más trascendentes de nuestra vida. Desde lo profesional, hasta lo espiritual, pasando por las actividades económicas y sociales. Todo sufrirá un trastoque que nos obligará a nuevas formas de hacer las cosas, trabajar o relacionarnos con nuestros semejantes.

Cuando nuestro Señor Jesús habla del nuevo nacimiento, nos está proponiendo un nuevo comienzo. En el relato bíblico de Juan capítulo 3, se trata del encuentro con un “viejo lobo de mar” en lides religiosas: el maestro Nicodemo, quien no era un neófito en la materia. Sin embargo, el Señor lo cuestiona: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”.

Jesús invita, a Nicodemo entonces y a nosotros hoy, a un nuevo comienzo, pero con una ventaja: ya tenemos la experiencia de la regeneración. Nicodemo tenía la formación y el conocimiento, pero requería “un nuevo espíritu”.

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Otro virus por combatir

En algunos estados de la República ya se ha declarado el semáforo naranja, que permitirá reanudar parcialmente la actividad económica y comercial, después de casi 3 meses de políticas públicas de distanciamiento social que paralizaron muchas de las actividades sociales. La Iglesia Metodista de México ha sido obediente a dichas disposiciones, en todo el territorio nacional, manteniendo cerrados sus templos y evitando cualquier reunión que implique conglomerados humanos.

Nuestras iglesias han tenido que hacer, cada una en su contexto y circunstancia, una reflexión sobre su quehacer cotidiano. Al inicio, como muchas otras comunidades sociales, han tratado de replicar las actividades “normales”, pero ahora usando las múltiples bondades de las plataformas digitales de comunicación. Ello ha generado una reflexión genuina sobre lo primordial –o no- que representa reunirnos físicamente para cumplir con el propósito que nuestro Señor ha encargado a este pueblo llamado metodista como elemento actuante de su Iglesia en el mundo.

En pandemias pasadas, la humanidad ha pasado por diversas reacciones desde el estupor inicial ante la enfermedad, hasta la búsqueda de culpables. Y generalmente estos presuntos culpables se encuentran en las minorías, en los “raros” o en los más débiles: en la Edad Media en Europa, se acusó a los judíos; en la antigüedad se llegó a acusar de ciertas enfermedades a las mujeres; en siglos más recientes, a los “antihigiénicos pobres” y a los “negros”. Ahora, a los “chinos-come-ratas-y-murciélagos”. Y ya en sus formas más refinadas, a los científicos que son parte de una confabulación mundial para reducir la población mundial; o a miembros de “sectas iluminadas” que buscan crear un nuevo orden mundial, para mantener cerrados los templos como una obra del anticristo.

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