
Iglesia “pura” o iglesia acogedora
Hemos de reflexionar y trabajar para que no nos confundamos con los conceptos de “iglesia santa”, “familia santa”, “ambiente santo” u otros, no sea que estemos rozando los conceptos de pureza que tenían los religiosos del tiempo de Jesús.
Juan Simarro
A veces, desgraciadamente, nos podemos equivocar con la consideración e idea que tenemos de mantener una iglesia “pura” un poco al estilo de aquellos religiosos de la época de Jesús que no dejaban entrar en sus círculos a los pobres, marginados, tullidos o aquellos que, de alguna manera eran estigmatizados. No. Sé que no llegamos, gracias a Dios, a ese extremo. Sin embargo, es posible que sí pensemos en una iglesia, de alguna manera “pura”, en donde los mejor considerados, favorecidos e integrados en ella, no sean aquellos que son pobres, proscritos, desclasados o tildados de pecadores. Si algo de esto se da en nuestras congregaciones, estamos a punto de perder la categoría de “iglesia acogedora”.
Sería una pena que, en nuestro concepto de iglesia “pura”, la desventaja la llevaran muchos de esos proscritos según el mundo y se diera prioridad a que nuestras congregaciones se llenaran solamente de personas con buena reputación, más o menos integradas social y económicamente, mientras que “pasamos” un poco de los desgraciados y pobres de este mundo.
Esto nos podría llevar a la consideración de que no sólo es que no seamos iglesia “acogedora”, sino que podríamos perder también el título de “iglesia del Reino”, que mantiene los valores de ese Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, y uno de cuyos valores, de los de mayor relevancia, es ese de que “muchos últimos serán los primeros”.








