Categoría: Opiniones y Comentarios

El Derecho a la Información

El derecho a la información

Por: ABALRA

Los trabajos de la Conferencia Anual [de México, 2018] concluyeron. Y con profunda tristeza y dolor, nos damos cuenta que el Obispo que estaba por salir se encontraba en el ojo del huracán, debido a que era el Presidente de la Junta de Directores de una institución ajena a nuestra iglesia y esta se encontraba sumida en dimes y diretes, de los cuales ha dado debida cuenta la prensa nacional, con asuntos de índole penal y laboral, debidamente ventilados en los correspondientes tribunales.

Uno de los graves problemas de la Iglesia Metodista de México, es que carecemos de una Dirección de Comunicación Social, y generalmente nos enteramos del acontecer de nuestra iglesia, por medio de “Radio Pasillo”, o de los rumores y díceres, de quienes presumen estar bien informados y nos llevan a una total desinformación. No entiendo cuál es el prurito para el ocultamiento de información que debe estar en poder de todas las iglesias y surge la pregunta ¿Tenemos derecho a estar informados? Por supuesto que sí. En muchas ocasiones, se calumnia a los pastores por la desinformación existente, pues no existe la versión oficial, sino la versión distorsionada, de quienes se escudan en el “a mí me dijeron”.

O de pronto resulta que al funcionario x o z, lo han desbancado, y nadie supo, nadie sabe; pues pareciera ser, que somos muy dados a tirar la piedra y esconder la mano y que nadie se entere de lo hecho. El estar bien informado es un derecho inalienable de todo ser humano. Me permito ofrecerle al compañero pastor, la siguiente información, que habrá de servirle como cultura general. En donde radica la trascendencia de eventos: en que tenemos el derecho a estar informados, acerca del estado general que guarda nuestra iglesia, en donde hemos avanzado y en donde hemos retrocedido.

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EDITORIAL

EDITORIAL
Modernidad líquida, fe cristiana sólida

Vivimos una era llamada “posmodernidad”. Más allá de lo moderno y, más aun, sobrepasando los conceptos clásicos de “modernidad” que se caracteriza por el consumismo extremo y la globalización, con una fluidez e indefinición constante que genera una angustia existencial, donde parece no haber sentido cuando se trata de construir nuevas cosas, ya que el tiempo y la propia modernidad impulsarán su desintegración. Lo que Zygmunt Bauman (2003) define como la “modernidad líquida”, una sociedad que vive en constante fluidez e indefinición de sus valores y perspectivas.

Así nos encontramos como raza humana navegando los mares de la incertidumbre, sin saber cómo estará la economía mañana, si estallará una crisis o no, si contaremos con trabajo, si formaremos una familia, si mantendremos la familia que tenemos bajo los modelos que consideramos buenos. Se perciben síntomas como las relaciones sociales actuales, los conflictos de identidad y el consumo excesivo trasladado a todos los ámbitos de la vida.

Es en esta época de valores “líquidos” en que se pondera más lo que sentimos y no lo que pensamos o creemos. Donde se desprecia el esfuerzo y el trabajo, y se aprecia el “éxito” y la “autorrealización”. Donde se busca explotar y manipular más la emoción y se explora menos la fe y la razón. Donde se busca acomodarse al deseo de la gente; la “gente”, así de general, sin nombre ni apellido. ¿Cuál es el gran riesgo? Convertir la verdad en un asunto de opiniones lleva inexorablemente a la pérdida de esperanza. Por eso, debemos regresar a nuestras doctrinas fundamentales emanadas de la Palabra de Dios. No siempre, el “interés popular” es coincidente con la verdad de Dios.

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Hospitales, No Clubes

Hospitales, no clubes campestres: las iglesias sin los quebrantados son iglesias “quebradas”

Jesús vino a servir y a salvar. La profecía se estaba cumpliendo cuando mostró bondad a los quebrantados, quienes tenían una necesidad.

Ed Stetzer

Es natural que los cristianos quieran estar cerca de otros cristianos. Algo especial sucede en la comunión de los creyentes, pero demasiado de algo bueno puede conducir a iglesias “quebradas”.

Podemos adorar libremente, estudiar profundamente y comunicarnos con claridad. Pasar el rato con personas de ideas afines que (parecen) «tener sus cosas juntas» puede ser algo maravilloso. Pero, ¿qué tan bien estamos involucrando a aquellos que no son tan espiritualmente estables como nosotros (creemos que somos)?

Me ha fascinado el hecho de que a muchos cristianos no parecen gustarles los no cristianos, también conocidos como «los perdidos», «los no creyentes» o cualquier otro término que quieran usar. Quieren mantenerse alejados de las personas desordenadas, quizás omitiendo lo obvio, que nosotros también somos desordenados.

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Fundamentalismo: algunas Causas Psicosociales

Fundamentalismo: algunas de sus causas psicosociales

En el ámbito cristiano, las interpretaciones literales de la Biblia proporcionan “respuestas seguras” al fundamentalista frente al método histórico crítico; frente al análisis de los registros del lenguaje que permite distinguir el símbolo o el mito de la historia objetiva o ante la aceptación de la distinción entre ciencia y fe.

Jaume Triginé

Introducción
La creciente oleada de intolerancia que nos invade, sea de naturaleza religiosa o laica, ¿puede explicarse tan sólo desde una perspectiva dogmática o ideológica?, el fundamentalismo, de matriz protestante, vinculado a una interpretación literal de la Biblia, ¿sólo se justifica con argumentos doctrinales?

En la medida que vamos conociendo el fenómeno y percibiendo sus formas intransigentes y excluyentes, frente a todo cuanto no coincide con sus presupuestos, identificamos que en su génesis abundan importantes factores causales de naturaleza psicosocial.

Factores sociales
Algunas de las características de la sociedad contemporánea como el neoliberalismo que sitúa a muchas personas en los márgenes del sistema; la competitividad propia de una economía de mercado que provoca una “selección natural” a la hora de hallar un lugar en la estructura jerárquica de la sociedad; el individualismo que nos aísla de los demás… se hallan en la base de la aparición de personas y grupos radicalizados al sentirse excluidos de la dinámica convencional de la sociedad.

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El Rico y Lázaro

“El rico y Lázaro”, una parábola revisitada

Rubén Bernal

Nuestra forma de leer la Biblia viene condicionada por nuestra cultura y nuestro estilo de vida, lo que impide que nos demos cuenta de muchas cuestiones que tratan del reinado de Dios y la atención a los pobres. Soares Prabhu ha llegado a decir que: “La exégesis occidental, que forma parte de la inmensa producción ideológica de una sociedad opulenta e intensamente consumista basada en principios diametralmente opuestos a los de Jesús, […] Ha intentado sistemáticamente espiritualizar la comprensión evangélica de pobre…”.[1] Para ilustrar esta idea, quisiera rescatar una brevísima reflexión que me publicaron en la web de Los sermones de Gotinga y que trata sobre la parábola del rico y Lázaro.[2]

La parábola del rico y Lázaro no está diseñada para defender la existencia del infierno como un lugar físico. Quienes centran aquí su atención en hacer una apología del infierno, solo desfigurarán el contenido del mensaje. En teología se utiliza un dicho que nos llama precisamente a esta cautela: theologia parabolica non est argumentativa. Aquí simplemente tenemos a Jesús utilizando una retórica y un imaginario bien conocido en el judaísmo tardío que le tocó vivir y, desde ahí, va a configurar una narración que apunta al verdadero corazón de su enseñanza.[3] Como recurso pedagógico, las parábolas de Jesús siempre toman elementos conocidos y propios de su entorno, en este caso el recurso que hace distinción entre “el seno de Abraham” y el “Abismo-Hades”.

¿Entonces qué nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Primero nos presenta el desequilibrio que impera en el mundo, donde hay personas muy ricas y otras que son muy pobres. El evangelio de Lucas hace muchísimo hincapié en el asunto de la pobreza y la riqueza.[4] El reino de Dios, de justicia, paz y gozo (Ro 14,17) no aprueba la injusticia del desequilibrio. El rico de la parábola que vivía con ostentación (v.19) tenía la realidad misma de la pobreza muy cerca, justamente en la puerta de su casa (v.20).

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La Ciencia y la Necesidad de Dios

La ciencia y la necesidad de Dios

La creencia de que la ciencia contradice al teísmo o a la fe cristiana no es cierta y responde más bien a ignorancia o a intereses ideológicos.

Antonio Cruz

La mayoría de los científicos que integraron la Revolución científica del siglo XVII, en la que se creó el modelo moderno de la ciencia occidental, fueron personas que creían en un Dios creador. Científicos como Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Torricelli y pensadores como Descartes, Leibniz o Pascal. Todos estaban convencidos de que estudiar la naturaleza era como escudriñar la “otra” revelación de Dios.

Sin embargo, el racionalismo, el naturalismo y el darwinismo que vinieron después motivaron que las personas empezaran a dudar de la realidad de Dios y a creer que la ciencia hacía innecesaria su existencia. Durante mucho tiempo se creyó que la ciencia era enemiga de la fe. Incluso todavía hoy algunas personas piensan que existe un conflicto entre lo que la ciencia descubre y lo que dice la Biblia.

Es verdad que puede haber discrepancias, en cuanto a la interpretación de los hechos científicos, pero no en cuanto a los hechos mismos. Pueden existir diferencias entre cosmovisiones (por ejemplo, entre evolucionismo naturalista o materialista, evolucionismo teísta o creacionismo teísta, tanto de la Tierra joven como de la Vieja). Sin embargo, la creencia de que la ciencia contradice al teísmo o a la fe cristiana no es cierta y responde más bien a ignorancia o a intereses ideológicos, porque lo cierto es que los últimos descubrimientos científicos apoyan la creencia en un Diseñador del universo. Tanto es así, que hasta algunos pensadores ateos famosos se han visto obligados a cambiar su cosmovisión y aceptar la existencia de un Dios creador. Tal como ocurrió, por ejemplo, con el famoso filósofo inglés, Anthony Flew.

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Dejando de Inculparnos

Dejando de inculparnos

Pbro. Abner Alaniz Rangel

¡Tú tienes la culpa!, sin más, le espetó la esposa al pobre marido que llegaba todo acongojado, por haber sido despedido del trabajo. Desahogamos nuestras frustraciones y temores, por doquier encontramos acusación tras acusación. El esposo a la esposa y viceversa; los padres a los hijos y viceversa. Los alumnos al maestro y viceversa; los empleados al jefe o patrón y viceversa. Al gobierno, al médico, al abogado.

En el ámbito eclesial suele suceder lo mismo. El combinar las cualidades que menciona el apóstol Pedro en su primera carta capítulo 3, verso 8, es un contraluz de actitudes que generan acciones que se vuelven hábitos capaces de neutralizar nuestro deseo de inculpar a alguien. “En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos en un mismo sentir, y amándose como hermanos. Sean bondadosos y humildes, no devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto, al contrario, devuelvan bendición, pues Dios los ha llamado a recibir bendición”.

Te distraigo de tus múltiples ocupaciones, porque hoy me ha dado por filosofar. Huelga decir, que no estás obligado a leerme; sin embargo, me atrevo a usar este medio, en la lejana esperanza que algo tenga de utilidad. Nuevamente te reitero una gratísima perspectiva de abundantes bendiciones de Dios, para ti y tu respetable familia, esperando que goces de salud y bienestar; y te invito a pensar sobre, lo que es la vida.

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¿Qué Nos Predicarán el Domingo?

¿Qué nos predicarán el domingo?

A. Muro

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

1 Ti. 4:1-2

Somos muchos los feligreses y congregantes que, sobre todo, el día domingo estamos expectantes de escuchar el mensaje de Dios para nuestra vida; mensaje fresco, actual, Cristocéntrico y apegado a las Escrituras.

Muchos acudiremos con alegría, otros con cargas y tristezas, algunos con una inmensa necesidad de Dios y su consejo; de alivio, exhortación o tal vez de confrontación a causa de la vida que estamos llevando o simplemente acudiremos por costumbre.

Todos nosotros vamos confiando en que nuestros ministros, pastores o maestros se han preparado en ORACIÓN, ESTUDIO, SANTIDAD y que han apartado de su tiempo, tiempo suficiente para meditar en lo que se va a exponer, que pasaron tiempo con Dios y delante de Dios, no a las carreras o una copia de algún otro consiervo, sino el mensaje preciso que nuestros corazones y mente necesitan.

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