
Jesús experimentó la lucha de poder entre los suyos
Estamos llamados a discernir por el Espíritu y a la luz de la Palabra cuales son los aspectos y los puntos de manera específicas, dentro de los espacios que controlamos, que nosotros hemos convertido en espacios de poder.
Tomás Gómez Bueno
En su ministerio Jesús enfrentó en diferentes ocasiones los aspectos más sobresalientes y complejos de la naturaleza humana. Unas veces velados y otras con desenfado y sin sonrojo, personajes de diversos talantes manifestaron ante el Maestro su condición interior, sus valores, sus conceptos, su forma de ver la vida y asumirla. Así, Jesús tuvo que discernir aspectos profundos del ser humano como la ambición, la incredulidad, la avaricia, la corrupción, la sed de dominio, la envidia, la falsedad y la hipocresía.
En todas estas situaciones que se les fueron presentando en su ministerio, el Maestro dio ejemplo de sus excepcionales y supremos atributos para establecer principios que hoy nos sirven de guía para orientarnos en la mejor manera de vivir.
El nepotismo, que es la práctica que busca aprovecharse de bienes y posiciones públicas y de influencia con fines avariciosos y ególatras, colocando bajo su control a familiares o personas muy cercanas a nosotros, fue una de las presiones a que fue sometido Jesús. Es la madre de dos de sus discípulos (Santiago y Juan) que le pide al Señor que coloque en su reino a sus dos hijos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
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