
Masculino plural
El hecho de que las mujeres no fueran apóstoles no quiere decir que no estuvieran presentes y no se las llamara.
Noa Alarcón Melchor
“Subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él”.
Marcos 3:13
Durante toda mi vida he leído este pasaje como una parte importante del evangelio, como parte formativa de la obra de Jesús, de los primeros pasos de la iglesia, de la historia de fe de la que yo ahora soy heredera. Me he acercado a este pasaje y a sus hermanos con el ánimo de meditar en el llamado, con el espíritu curioso y alegre, para aprender sobre cómo ser fiel en las circunstancias adversas que después estos apóstoles vivieron, y en la valentía de seguir a Jesús. Él designó a doce para que continuaran su obra, y yo siempre lo he visto como algo que estaba también escrito para mí. De esos doce surgió la Biblia que yo ahora leo, el testimonio fiel de quién es Jesús y de por qué es mi Señor.
Pero sucede una cosa: de un tiempo a esta parte, hay un grupo de personas que insisten en que debo hacer una interpretación desde una perspectiva exclusiva de género. Y no solo de este pasaje, sino de muchos otros. Están haciendo una auténtica campaña de difusión (por medios digitales, analógicos, escritos y audiovisuales) de una perspectiva de género exclusivista que insiste en que el hecho de que Jesús eligiera a doce hombres varones para ser sus discípulos es una realidad ontológica que excluye doctrinalmente a las mujeres de ser partícipes plenas del evangelio. Según ellos, el hecho de que Jesús eligiera a hombres y no a mujeres se debe a que los hombres están en una escala superior en la creación, han sido impuestos como gobernantes y principales, y no someterse a esa jerarquía divina es pecado mortal: mortal de verdad, de los que te excluyen de la salvación. Asegurarán que no, pero ya hablamos de esto la semana pasada. Lo peor es que cuando venimos muchos (no solo mujeres) a argumentar que su interpretación está sesgada y es errónea, nos quieren convencer de que somos nosotros los “esclavos de la ideología de género”, que nos hemos vendido al sistema, etcétera. Cuando son ellos los esclavos de su propia ideología de género, un sistema artificial, inventado de pies a cabeza, en que los hombres tienen un lugar preminente en el plan de salvación y están por encima de todo, sobre todo y específicamente, por encima de las mujeres.
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