La Violencia de Género en México

La violencia de género en México

Fernanda Casar Marfil *

La situación de la violencia de género es un asunto alarmante a nivel mundial y a nivel nacional. Todo parece indicar que, a pesar de los avances que se han logrado en cuestión de equidad de género a nivel de normas internacionales y de leyes nacionales, y de las muchas campañas de concientización social, no se ha logrado que los índices de violencia bajen, sino que, por el contrario, los índices de violencia y feminicidios siguen al alza. México ha sido catalogado como un país violento para las mujeres por el CELIG (Centro de Estudios para logro de la Igualdad de Género de la Cámara de Diputados) [1] .

Ellos argumentan que una de las causas principales de este fatídico hecho es que estamos frente a un problema multifactorial, que ha persistido a través de los años y que ahora está creciendo, gracias a: la falta de documentación de las diferentes formas de agresión; la cultura de violencia y discriminación fruto de los conceptos de inferioridad y subordinación que permean la idiosincrasia del mexicano; y a la terrible realidad de que estamos frente a una práctica que se ha normalizado a nivel social y cultural, y en algunos casos se ha institucionalizado. De acuerdo con esta investigación, 66.1% de las mujeres mayores de 15 años, han sufrido algún tipo de agresión, y en estos casos el 43.9 % vino de esposos, parejas o familiares, según datos del INEGI. [2] La situación es grave, se habla de que cada hora se violenta a 5 mujeres en México, de acuerdo con el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).[3]

Se argumenta que algo que puede explicar el crecimiento de los índices de violencia es porque vivimos en el país en donde no pasa nada, donde la justicia alcanza solo a quienes pueden comprarla y en donde los altos niveles de corrupción permiten que los ministerio públicos y peritos puedan cerrar las carpetas de investigación sin haber impartido justicia, ya que no se apegan a los protocolos internacionales. De acuerdo con la opinión de algunos especialistas en el tema de la violencia de género, no existen registros que permitan dimensionar los asesinatos que se comenten en el país, ya que las autoridades no reportan los homicidios o, incluso llegan a consignar las muertes como no intencionales o suicidios. Todo esto nos ha llevado a la penosa cifra de 22 mil 482 asesinatos de mujeres en la última década, en promedio uno cada 4 horas.[4]

Hablar de este problema nos lleva al tema de la masculinidad, porque estos feminicidios están siendo cometidos por hombres, y esto nos debe llevar a analizar el rol de los hombres en toda esta dinámica. Es urgente que hablemos de, y reconfiguremos el concepto de masculinidad, ya que en la mayoría de los países latinoamericanos, este concepto contiene elementos que están resultando muy nocivos para la relación de género. De alguna manera, se ha establecido en la mente de cada hombre que por el simple hecho de serlo, es superior a la mujer y tienen derecho sobre su vida. El sistema patriarcal permea toda la configuración de la relación entre hombres y mujeres y esto es algo que como iglesia debemos cuestionar, porque estamos llamados a ser una comunidad que refleje el reino de Dios, y vivir bajo esta premisa tiene implicaciones éticas que deben apuntar hacia relaciones más iguales, más justas y más pacíficas.

Si partimos de la declaración de Severino Croatto que dice que las Iglesias ejercen “un segundo tipo de violencia” al referirse a la omisión en contra de la violencia existente.[5], podremos visibilizar la violencia de género, explícita e implícita, que se vive dentro de las iglesias cristianas evangélicas en México, especialmente en la región del noreste del país. De esta manera podremos destacar las formas en las que las iglesias, consciente o inconscientemente, han servido para justificar, perpetrar e institucionalizar ciertas prácticas que ponen a la mujer en una relación dispar con el hombre, y que pueden llegar a justificar la violencia, para luego proponer una manera en la que las comunidades de fe se conviertan en espacios donde las mujeres y los hombres puedan ser liberados (as) de las construcciones sociales impuestas por los sistemas y patrones machistas, patriarcales y opresores, mismos que han generado que México sea uno de los países en donde más se ejerza la violencia de género.

Lo que se plantea es que las iglesias pueden y deben ser lugares que vivan bajo los lineamientos del Manifiesto del Reino de Dios[6], es decir, bajo la línea de enseñanzas de Jesús que están plasmadas en el Sermón del Monte. Hablamos de espacios que sea contraculturales, que apuesten por el amor, la justicia, la paz y la vida, y que sean capaces de cuestionar las interpretaciones bíblicas convencionales que han servido para mantener un sistema de privilegios de unos sobre otros. Se trata de preguntarnos ¿y qué si…? ¿Qué si existe una forma distinta de configurar la relación entre hombres y mujeres? ¿Qué si reinterpretamos aquellos textos bíblicos que ponen a la mujer en segundo plano a la luz de las enseñanzas y prácticas de Jesús? ¿Qué pasaría si lográramos derribar la construcción social de los roles de género con el único propósito de hacer de esta sociedad una cada vez más justa? ¿Sería válido? Yo creo que no solo es válido, sino necesario y urgente. Las comunidades de fe tenemos que ser esa luz que se pone en lo alto para alumbrar la habitación, ser capaces de señalar injusticias y de proponer prácticas que reflejen el corazón del ministerio de aquel a quien seguimos. Ese carpintero que cuestionó y desafió la configuración de la sociedad de su tiempo y le dio preponderancia a la liberación y dignificación de los grupos marginados de la sociedad. Como seguidores de ese humilde y poderoso carpintero, debemos ir tras sus huellas, con la mente y el corazón abiertos a descubrir perspectivas, métodos y formas que hagan de este mundo uno mejor.

Tomado de: https://caminandoenjusticia.com/


NOTAS

[1] Néstor Jiménez. México, país violento para las mujeres: estudio. Periódico La Jornada. 04/07/2018. Artículo en línea en: https://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/07/04/mexico-pais-violento-para-las-mujeres-estudio-6682.html.

[2] Ibid.

[3] Efrén Flores. Cada hora se violenta a 5 mujeres en México. Los ataques repuntan en los primeros 4 meses del año. Periódico en línea: Sin embargo 01 de junio de 2018. Artículo en línea disponible en: https://www.sinembargo.mx/01-06-2018/3421265.

[4] Marcos Muedano. Imparable, el crimen contra las mujeres; cifras del Inegi. 22/10/17. Artículo disponible en: https://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/10/22/1196308,

[5] Severino Croatto. Violencia y desmesura del poder. RIBLA Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. No. 2 Violencia y Opresión. San José, Costa Rica (1988). Pág. 9

[6] Brian Maclaren, El Mensaje secreto de Jesús. Estados Unidos: Editorial Betania, Grupo Nelson (2006). Pág. 126


Ma. Fernanda Casar Marfil
Teóloga, activista y editora, es Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad de Monterrey. También Licenciada en Teología por el Seminario Metodista Juan Wesley, obtuvo una Maestría en Teología en Perkins School of Theology, Southern Methodist University, Dallas, TX, EUA, en este año 2019. Es profesora de Teología del SMJW. Participa en Youthfront México, A.C, asociación sin fines de lucro que trabaja con niños de escasos recursos y en situación de vulnerabilidad, a través de un programa de Apoyo Escolar y de Educación Integral. Fue voluntaria en el ministerio de la Comisión Nacional de Asuntos Migratorios de la IMMAR, ministerio que vela por el cuidado del migrante en su paso por México. Apasionada por el aprendizaje, las causas sociales y por descubrir nuevas maneras de ver el mundo y de interpretar la Biblia.