Hemos de reflexionar y trabajar para que no nos confundamos con los conceptos de “iglesia santa”, “familia santa”, “ambiente santo” u otros, no sea que estemos rozando los conceptos de pureza que tenían los religiosos del tiempo de Jesús.
Juan Simarro
A veces, desgraciadamente, nos podemos equivocar con la consideración e idea que tenemos de mantener una iglesia “pura” un poco al estilo de aquellos religiosos de la época de Jesús que no dejaban entrar en sus círculos a los pobres, marginados, tullidos o aquellos que, de alguna manera eran estigmatizados. No. Sé que no llegamos, gracias a Dios, a ese extremo. Sin embargo, es posible que sí pensemos en una iglesia, de alguna manera “pura”, en donde los mejor considerados, favorecidos e integrados en ella, no sean aquellos que son pobres, proscritos, desclasados o tildados de pecadores. Si algo de esto se da en nuestras congregaciones, estamos a punto de perder la categoría de “iglesia acogedora”.
Sería una pena que, en nuestro concepto de iglesia “pura”, la desventaja la llevaran muchos de esos proscritos según el mundo y se diera prioridad a que nuestras congregaciones se llenaran solamente de personas con buena reputación, más o menos integradas social y económicamente, mientras que “pasamos” un poco de los desgraciados y pobres de este mundo.
Esto nos podría llevar a la consideración de que no sólo es que no seamos iglesia “acogedora”, sino que podríamos perder también el título de “iglesia del Reino”, que mantiene los valores de ese Reino que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús, y uno de cuyos valores, de los de mayor relevancia, es ese de que “muchos últimos serán los primeros”.
Nadie en México al día hoy estaría pugnando por derogar las leyes que norman el consumo del alcohol o el tabaco, las cuales estipulan que solo los mayores de 18 años pueden consumirlos previa identificación. Esto ayuda a la mejor convivencia en el medio cotidiano de nuestro vivir, pues de NINGUNA manera se está obligando a su consumo. Es más, estas leyes incluyen la obligación de que estos productos publiquen en su envase o empaque advertencias de las consecuencias que se pueden tener al consumirlas, así como restricciones para su consumo.
¿Que si creo NECESARIO la legalización del uso lúdico o medicinal de la marihuana? Si. ¿De la ley civil que permite el matrimonio de personas del mismo sexo? Si. ¿De una ley que reglamente y despenalice el aborto? Si. ¿De la aplicación en su totalidad de los Derechos Humanos, sea cual fueren? Sí. La razón por la cual yo creo NECESARIO esto, es que ordena en el ámbito social y saca de la clandestinidad algo que ya se practica y tiene repercusiones sociales muy graves que todos conocemos. Y que vulneran la libre expresión y desarrollo de la persona si no son tomadas en cuenta.
Esto no quiere decir que esté de acuerdo con estos actos. ¡No! Lo pongo más claro: NO estoy de acuerdo que YO realice alguno de estos actos, pues en mi “desarrollo libre de MI personalidad” he decidido, de una manera informada y vivencial, que NO son buenos para mí. Pero jamás me verán apoyando estas iniciativas, salvo -y reitero-, en algunos casos extremos en donde la situación muy concreta e individual lo requieran como último recurso. Y eso en una esfera reducida.
La cuestión del dinero honesto es realmente fundamental para la libertad.
José Hutter
En el libro de Levítico Dios establece las leyes por las cuales el pueblo hebreo habría de regirse a partir de entonces. Las leyes son necesarias para vivir en sociedad, ya que establecen el marco en el que los individuos hemos de actuar para no violar la libertad de los demás y, al mismo tiempo, nos dan la seguridad de que nuestra propia libertad también debe de ser respetada por los demás.
Cumplir leyes requiere disciplina; la disciplina nos hace responsables y la responsabilidad es fundamental para la libertad de una sociedad. La alternativa a la responsabilidad individual es el gobierno de los tiranos que nos dictan todo lo que tenemos que hacer. Esta función curiosamente la va asumiendo en medida creciente en nuestros días el Estado del Bienestar, que yendo más allá de mitigar los casos de emergencia social lleva inevitablemente a la corrupción de la sociedad premiando la pasividad y castigando la productividad según el lema: “tengo un problema – ¡que el estado lo arregle!”
En cuanto al dinero y la mercancía honesta, la Ley de Moisés establece lo siguiente:
“No cometáis injusticia en los juicios, en medidas de tierra, ni en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo soy Jehová, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto”.
En el prefacio a las Notas al Antiguo Testamento (Pag. 546, numeral 18), John Wesley dejó instrucciones para realizar una provechosa lectura de la Biblia:
Si usted desea leer las Escrituras de tal manera que puedan responder con mayor eficacia a este fin, sería aconsejable seguir estos pasos:
Establezca un tiempo para la lectura, si es posible, cada mañana o cada tarde.
Si dispone de tiempo suficiente lea un capítulo del Antiguo Testamento y uno del Nuevo. Si no puede hacerlo, lea un solo capítulo o una parte de él.
Lea con el único propósito de conocer la voluntad de Dios y con la firme resolución de cumplir Su voluntad.
Lea con atención constante para ver la conexión y la armonía de estas grandes doctrinas: el pecado original, la justificación por la fe, el nuevo nacimiento, y la santidad interior y exterior.
Ore fervientemente y seriamente antes de leer las Escrituras, para entenderlas como sólo puede entenderse a través del mismo Espíritu Santo que las inspiró. Del mismo modo, debemos terminar la lectura con una oración.
Mientras lee, haga una pausa para examinarse a Ud. mismo, tanto en lo referente a su corazón como a su vida. Utilice de inmediato todo lo que Dios le muestre, para su salvación presente y eterna.
Dr. Ernesto Contreras Pulido drernestocontreras@hotmail.com
La Biblia dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Y Jesucristo agrega: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor (3 Jn. 2; Lc. 4:18-20).
¡Qué bueno que el deseo del Creador y Sustentador de nuestra vida es que tengamos salud! Pues vaya que la necesitamos para vivir en paz y cumplir las tareas que desde que amanece hasta que vuelve a amanecer tenemos que cumplir, si es que queremos tener una vida abundante, feliz, llena de satisfacciones legítimas, de bendición para los que nos rodean y para la sociedad en general.
La enfermedad física, mental o espiritual, es uno de los factores que más poderosamente nos quitan la paz y la capacidad de cumplir el propósito para el cual estamos en esta Tierra, tan llena de tribulaciones, riesgos y amenazas reales. La felicidad verdadera sólo se alcanza cuando podemos superar los obstáculos, llegamos a estar enteramente preparados para tener una vida útil y productiva, y logramos usar al máximo nuestros muchos o pocos recursos incluyendo, primordialmente, el grado de salud que tenemos.
Los Metodistas y la Práctica del Miércoles de Ceniza
Rdo. Daniel Benedict Traducción y adaptación: Amanda M. Bachus (*)
15 de febrero de 2015
¿Cuándo empezaron los metodistas unidos con la «imposición de la ceniza» del Miércoles de Ceniza?
Si bien muchos piensan en la imposición de la ceniza con el símbolo de la cruz en la frente, el lavado de pies, y el uso de incienso es algo que sólo practican los católico-romanos o los miembros de la iglesia episcopal, pocos saben que surgió un movimiento entre las iglesias protestantes, incluyendo los metodistas unidos, donde rescataron el estilo multisensorial en el culto a medida que fueron percatándose acerca de las múltiples formas de aprender y orar de las personas.
La adoración internalizada que se orienta al intelecto o las emociones, deja fuera a quienes se dedican a la oración a través de la vista, el olfato, el tacto, el movimiento, y así sucesivamente. Cada vez estamos más conscientes de que las personas van formándose en la fe cuando las prácticas quedan grabadas en la memoria, los nervios, los músculos y los huesos por medio de una práctica sensorial.
Los metodistas unidos poseen un recurso para el culto que incluye la imposición de las cenizas desde 1979, cuando el libro Cenizas al Fuego fue publicado como un Suplemento para el Recurso para un Culto de Adoración.
¿Qué quieres? ¿Una iglesia grande o una gran iglesia?
En realidad, ha sido el amor que se tienen entre discípulos, la que en verdad hace grande a una iglesia.
Pbro. Emmanuel Vargas Alavez
En este tiempo existen las llamadas “mega-iglesias”. Es decir, iglesias que tienen una gran cantidad de asistentes (a veces rebasan los miles); con grupos u orquestas numerosas para dirigir las alabanza; y sistemas de sonido y multimedia al estilo de grandes producciones teatrales o “rockeras”.
Pero, ¿es esto lo que hace grande a una iglesia?
Es cierto que al principio la iglesia cristiana estuvo compuesta de miles de personas (Hch. 2:41), pero eso solamente la hizo numerosa, no grande.
Durante el tiempo de los apóstoles, lo que en verdad hizo grande a la iglesia no fueron los milagros y señales que hacían, fue el amor que había entre aquellos cristiano.
Por ejemplo, se mantenían juntos en la doctrina, en la comunión unos con otros, en la oración y en el comer juntos (Hch. 2:42). Se mantenían juntos en la adoración a Dios en el templo, compartían la comida con alegría y sencillez de corazón (Hch. 2:46-47). También se mantenían juntos y eran de un mismo sentir y pensamiento, y no había entre ellos necesitados porque todos se ayudaban mutuamente (Hch. 4:32, 34).
Dr. Ernesto Contreras Pulido drernestocontrer@hotmail.com
La Biblia dice: Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos, como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles.
“Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas para que cooperemos con la verdad. Todos dan testimonio de Demetrio y aun la verdad misma; y también nosotros damos testimonio y ustedes saben que nuestro testimonio es verdadero; porque Dios no es injusto para olvidar nuestra obra y el trabajo de amor que hemos mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (3a. Jn. 5-8 y 12; Heb. 6:10).
La Biblia dice: El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace, pues la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.
Al César lo que es del César: el monopolio estatal del dinero
El Estado ha tenido desde sus inicios dos objetivos primordiales: cobrar impuestos y gastarlos en guerras y actos de agresión.
José Hutter
Uno de los versículos más conocidos de la Biblia es sin lugar a dudas Mateo 22:21. Hasta los funcionarios de Hacienda sabrían citarlo de memoria. La pregunta que llevaba a la famosa cita tenía trampa por las razones que se han expuesto ya muchísimas veces:
“¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.”
Se trata de uno de los pasajes bíblicos que se utilizan extensamente para justificar que la fe cristiana reconoce y apoya el derecho del Estado a exigir impuestos. Esto va en línea con lo que Pablo escribe en Romanos capítulo 13, se argumenta. Y parece a primera vista que Jesús también está legitimando el pago de impuestos como un derecho divino. Pero ¿realmente es así?
La era digital moderna presenta nuevos desafíos y nuevas oportunidades para el evangelismo. Estamos en un momento de crecimiento explosivo en nuestra capacidad de comunicación no vista desde el advenimiento de la imprenta en 1448, que resultó ser una clave en la Reforma Protestante. En un mundo de siempre, en cualquier lugar, ¿Cómo pueden los líderes de la iglesia sacar provecho del potencial de la era digital? La respuesta puede ser más complicada de lo que podamos pensar. Primero, considera esto:
• Aproximadamente el 53% de la población mundial (más de 4,021 millones) está utilizando internet. • A los primeros 2 mil millones de personas les tomó 22 años acceder a Internet. Tardó solo 5 años para que los siguientes 2 mil millones obtuvieran acceso. • El Internet de las cosas (IoT, acrónimo usado para Internet of Things, en inglés –N. del T.-) impregnará la vida cotidiana. No solo estamos conectados por nuestros teléfonos, sino que la conectividad de los dispositivos cotidianos va en aumento. Cada vez más personas están conectando sus termostatos, tostadoras, refrigeradores, automóviles, luces, etc. • El IoT seguirá creciendo a un ritmo rápido. Actualmente hay más de 11.2 mil millones de dispositivos conectados a internet. Para 2030, se habrán conectado 125 mil millones de tales dispositivos, la mayoría de los cuales serán propiedad del consumidor, casi 16 dispositivos por cada persona en la tierra.