Por Matthew Schmitz,
Editor literario de First Things.
Cuando el papa Francisco llegó a la silla de San Pedro en marzo de 2013, el mundo miraba maravillado. Por fin había un papa acorde con estos tiempos, un hombre que prefería los gestos espontáneos y no las formalidades rituales. Francisco pagó su propia cuenta de hotel y evitó los zapatos rojos. En lugar de mudarse a los lujosos aposentos papales, se instaló en la acogedora casa de visitas del Vaticano. También estableció un tono anti-dogmático con declaraciones como: “¿Quién soy yo para juzgar?”.
Los observadores predijeron que la calidez, humildad y carisma del nuevo papa desataría el “efecto Francisco”, que atraería de vuelta a los católicos a una Iglesia que ya no parecería tan prohibitiva ni tan fría. A tres años de que comenzó su papado, las predicciones continúan. El invierno pasado, Austen Ivereigh, autor de una excelente biografía sobre el papa Francisco, escribió que su postura menos rígida sobre la comunión para los divorciados y vueltos a casar “podría desencadenar un regreso a las parroquias a gran escala”. Durante sus primeros días, la orden jesuita, a la que pertenece Francisco, se esforzó por llevar a los protestantes de vuelta al rebaño de la Iglesia. ¿Podría hacer lo mismo Francisco con los católicos cansados de los titulares sobre abuso de menores y conflictos de valores?




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MINUTA DE ASUNTOS RELEVANTES TRATADOS DURANTE LA CONFERFENCIA GENERAL DE LA IGLESIA METODISTA UNIDA 2016
CRÓNICA DE LA 2DA CONFERENCIA DE DISTRITO HIDALGO Y LAS HUASTECAS. CELEBRADA EN EL TEMPLO “EL DIVINO SALVADOR” SAN AGUSTÍN ZAPOTLÁN, HGO. LOS DÍAS 16 Y 17 DE JUNIO DE 2017.