COMENTARIO A LOS SALMOS PENITENCIALES, SALMOS 51
Martín Lutero
1520
Prefacio de Martín Lutero.
Entre mis primeros escritos publiqué a su tiempo también los siete salmos penitenciales con una exégesis. Aunque todavía no hallo en ellos nada malo, no obstante, no acerté a menudo el sentido del texto. Lo mismo les suele suceder a todos los maestros en su primer ensayo, también a los antiguos Padres santos, que según Agustín confiesa respecto a su persona, se han perfeccionado diariamente al escribir y enseñar. Así el librito en aquel entonces era suficientemente bueno y aceptable, puesto que no teníamos nada mejor a mano. Empero, ya que el evangelio ahora ha llegado al cénit, brilla espléndidamente, y yo también he progresado desde entonces, tuve por conveniente publicar la obra de nuevo, mejorada y más exactamente basada sobre el texto correcto. Encomiendo con esto a todos los lectores a la gracia de Dios. Amén.
CUARTO SALMO PENITENCIAL
SALMO 51
- Ten piedad de mí oh Dios, conforme a tu bondad conforme a tu gran misericordia borra mi rebelión.
- Lávame a fondo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
- Porque yo reconozco mi trasgresión, y mi pecado está siempre delante de mí.
- Contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de ti.
- Por eso serás reconocido justo en tus palabras y hallado puro cuando se te juzgue.
- He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.
- He aquí, tú amas la verdad, y me haces comprender la sabiduría en lo secreto.
- Purifícame con hisopo, para que sea limpio; lávame, para que sea blanco como la nieve.
- Hazme oír gozo y alegría, para que se recreen los huesos que has abatido.
- Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.
- Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu obediente dentro de mi
- No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu.
- Vuélveme el consuelo de tu salvación, y el espíritu noble me sustente.
- Enseñaré a los transgresores tus caminos, para que los pecadores se conviertan a ti.
- Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, para que mi lengua gloríe tu justicia. 16. Señor, abre mis labios para que mi boca publique tu alabanza.
- Porque no quieres sacrificio, si no yo lo daría; no té agradan los holocaustos.
- Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
- Haz bien con tu benevolencia a Sion: los muros de Jerusalén.
- Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto y ofrenda del todo quemada. Entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

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