Consagrar nuestra vida no es sólo portarnos bien, es glorificar el Nombre de nuestro Dios con cada acción, pensamiento y palabra. Cumplir la gran comisión no sólo es hacer actividades evangelísticas, es tener una vida que de testimonio de tal manera que los demás reconozcan su necesidad de Dios y se entreguen a Él.
Obispo Rogelio Hernández Gutiérrez
Amados pastores y hermanos de la Conferencia Anual Septentrional, les saludo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Damos gracias a nuestro Dios por darnos la bendición de terminar un año más, un año lleno de situaciones difíciles en todos los sentidos, pero también lleno de bendiciones donde hemos visto la misericordia de nuestro Padre Celestial. Toda situación nos ha servido de aprendizaje y afirma en nuestro corazón que nuestro Dios nos ha sostenido hasta este momento.
Al iniciar un nuevo año, siempre tenemos la expectativa de que será mejor que el que va a terminar, que vamos a cumplir nuestras metas, alcanzar nuestros sueños, va prosperar todo lo que emprendamos, en fin, será un año de bendición.
Al reflexionar sobre esta expectativa debemos preguntarnos ¿cómo puedo estar seguro de que este año será de bendición? La respuesta es por el pacto que Dios hace con su pueblo. Deuteronomio 26:16-19 dice: “Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma. Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz. Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos; a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho”.
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