Me gustaría describir tres tipos de iglesias y evaluar en qué medida serán capaces de recuperarse del Covid y de la iglesia Zoom.
Andrés Messmer
El pronóstico: grandes pérdidas
Algunos expertos pronostican una pérdida de alrededor del 30% en la asistencia a la iglesia después del COVID. Aunque estoy seguro de que hay muchos factores diferentes que contribuyen a esa caída, hay que pensar que la “iglesia Zoom” tiene parte de culpa: nos ha resultado demasiado fácil escuchar a nuestro pastor favorito, sentados en pijama, en casa, tomando café. Nada de alboroto, de gasto de energía, ni de inversión en esa cosa molesta llamada “otra gente”. Mientras que algunas iglesias (incorrectamente, en mi opinión) se están adaptando a la nueva situación haciendo de la iglesia Zoom un componente fijo en su estrategia general de iglesia, la mayoría están deseando volver a las formas anteriores. Pero, de nuevo, se encontrarán con que, de media, tendrán un 30% menos de personas que volverán a la normalidad. La comodidad que Zoom ha traído a nuestra vida de iglesia no será fácil de superar cuando el COVID sea solo un recuerdo y algunas iglesias habrán cerrado sus puertas mucho antes de que eso ocurra.
En este artículo me gustaría describir tres tipos de iglesias y evaluar en qué medida serán capaces de recuperarse del COVID y de la iglesia Zoom. Cada tipo de iglesia tiene una debilidad que ha quedado expuesta a lo largo de los últimos meses, así como una fortaleza que atraerá a la gente de nuevo a sus bancos. Los tres tipos de iglesia que voy a describir en este breve artículo son las iglesias de predicación, las sacramentales y las comunitarias; las evaluaré desde una perspectiva más pragmática que teológica. Obviamente, no existe tal cosa como la “iglesia pura” que encaje a la perfección en uno de estos tres tipos, pero cada iglesia tiene ciertas tendencias hacia uno u otro tipo, lo que puede ayudar a evaluarla en su conjunto.
Tres tipos de iglesias
El primer tipo de iglesia es aquella que enfatiza su predicación y, en menor medida, su música. Estas iglesias ven la predicación como la razón principal por la que la gente va a la iglesia. Ven toda la liturgia como una preparación para el sermón que, normalmente dura entre 30 y 60 minutos. Iglesias de trasfondo reformado, especialmente presbiterianas y bautistas, suelen encajar en este modelo. La fortaleza de estas iglesias es el poder de experimentar la predicación y la música de primera mano y su debilidad es que la tecnología ha permitido que la gente escuche la predicación y la música fuera del domingo por la mañana.
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