
EDITORIAL
Dios no nos quiere miserables, nos quiere misericordiosos
“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”.
Oseas 6:6
Dijo Jesús: “Vayan, pues, y aprendan qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores”.
Mateo 9:13 RV2015
Destacaron en muchos medios durante días recientes los comentarios sobre la manifestación de mujeres en protesta por la presunta violación de una joven por parte de cuatro policías en la Ciudad de México, que derivó en la destrucción de una estación del Metrobús Insurgentes, pintas en la columna del Ángel de la Independencia, la vandalización de comercios, el incendio de la sede de policía capitalina, así como agresiones y lesiones a ciudadanos, periodistas y uniformados, por parte de personas embozadas. Ello derivó en una amplia polémica sobre la validez de las razones de la protesta, por un lado, y sobre la falta de conciencia demostrada en la destrucción de infraestructura urbana y monumentos nacionales, por otro. Sin embargo, este dilema es falso. Son dos temas diferentes, pero que en un clima de crispación y frustración social, alimenta la polarización y la violencia crece sin control. Pareciera que ahora el sentido es estar luchando unas contra otros.
Inicialmente el feminismo nació con raíces sociales e ideológicas protestantes en los Estados Unidos de América, fundamentalmente en torno al derecho al voto de la mujer. Pero en las condiciones actuales, se olvida la discusión central y trascendente: la lucha por el amor, el de verdad, no sólo el erótico y sentimental. La mujer no alcanzará su auténtica imagen sin el varón. Y el varón no alcanzará su verdadera imagen sin la mujer. Necesitamos un feminismo cristiano.
Haciendo eco del llamado del hermano Pedro Tarquis, cuyo artículo compartimos en esta edición, nos preguntamos: ¿Se levantará alguna vez una voz, un movimiento, que rescate este principio en positivo, tal y como fue diseñado originalmente? El metodismo mexicano está llamado a levantar la voz, sin duda.
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