El Espíritu Santo, nuestro trabajo y el del Señor
Ante la proximidad de la celebración de la fiesta de Pentecostés, un motivo de júbilo para quienes creemos en la vida eterna por Cristo; y también estamos próximos a recordar la experiencia de Juan Wesley, del «corazón ardiente», a la cual se considera como inicio de lo que hoy es el movimiento metodista a nivel mundial. Al referirnos a estas dos celebraciones, nos toca recordar que hay un trabajo que le corresponde hacer al Señor, y seguramente lo hará en su tiempo; pero hay otro que a nosotros nos toca hacer, y para éste ahora es nuestro tiempo.
En este semestre se estudia en nuestras iglesias metodistas el libro de los Hechos. Pues bien, en el primer capítulo surge la pregunta de los discípulos al Señor Jesús, de cuándo sería restaurado el reino de Israel. ¿Quizá aún pensarían en la restauración de un reino a la manera de la época del rey David? ¿o se referirían al establecimiento del reino eterno del que hablaba su Maestro? . El pasaje de la Escritura dice:
Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:6-8)
Lo que Jesús les estaba reiterando era: la venida del reino no es cosa que les toque saber a ustedes, sino solamente al Padre. Él, Jesús, como Dios, seguramente sabría la respuesta; pero como humano no le tocaba darles una respuesta a sus discípulos. Lo que les toca hacer, pudiéramos decir, parafraseando al Maestro, es ser TESTIGOS empezando por los lugares que tengan más cerca -Jerusalén, toda Judea, Samaria- y yendo hasta lo último de la tierra; ustedes no pueden hacerlo solos, pero podrán hacerlo cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo. «Dejen que el Padre haga su trabajo, y ustedes hagan el suyo», pudiéramos parafrasear lo dicho por Jesús.
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