El Postmodernismo y la Razón

postmodernismo razonMetodismo y Razón

El movimiento del metodismo que impactó a Inglaterra surgió en medio del ambiente ideológico del racionalismo. La Inglaterra de tiempos de Juan Wesley iniciaba su expansión imperial y su transformación industrial, gracias a la invención de las máquinas movidas por vapor. El auge económico que se iniciaba estuvo acompañado por las ideas racionalistas de los filósofos de la ilustración de la Europa Continental y por la influencia de destacados pensadores de la propia Inglaterra, como Berkley, Locke, Bacon, Newton. Como estudiante de una de las más prestigiadas universidades de su tiempo, Juan Wesley no podía ser ajeno a la influencia del racionalismo que dominaba el ambiente de su época. Su labor evangelstica  consistió en llamar a un genuino arrepentimiento que condujera a una conversión radical del hombre y se manifestara en una vida de santidad. Sus enseñanzas se expresaban en un lenguaje sencillo, pero destacando siempre su forma disciplinada de razonar, de tal manera que sus sermones parecen transcurrir a la manera de silogismos lógicos que van de premisa en premisa hasta arribar a sólidas conclusiones. Los escritos, exposiciones y predicaciones del señor Wesley nos permiten corroborar que no sólo aceptó el valor de la razón sino que la utilizó como poderosa herramienta para el conocimiento de la Palabra, la enseñanza y la predicación.

Todos los metodistas consideramos, como Wesley, a la razón como un don de Dios y una de las cinco fuentes doctrinales de nuestra tradición. Su empleo en nuestra forma de creer y encarnar las doctrinas de las Sagradas Escrituras en nuestra vida y testimonio, en nuestras formas de culto y en todas las expresiones de nuestra fe han sido por mucho tiempo características distintivas del metodismo, a tal grado que algunos hermanos de otras tradiciones denominacionales nos han criticado, al no ver en nosotros las exageraciones esotéricas con las que algunos pretenden identificar las características de la conducta de un cristiano.

En el ciclo de Conferencias dictadas por el hermano B. Foster Stockwell en la Semana Wesleyana en la Facultad Metodista de Teología Rudge Ramos de Sao Paulo, Brasil en 1959, el expositor destacó los siguientes pensamientos de Juan Wesley respecto a la razón:

“Es un principio fundamental para nosotros que renunciar a la razón significa renunciar a la religión, que la religión y la razón van mano en mano, y que toda religión irracional es religión falsa”. Wesley no tenía ninguna simpatía por los místicos que despreciaban a la razón, manteniendo más bien que el Señor y sus apóstoles razonaban con sus enemigos. Mediante la razón llegamos a comprender los oráculos de Dios, es decir la enseñanza de la Biblia sobre Dios, sobre el reino, sobre la vida eterna, sobre nuestro deber. Es verdad, dice Wesley, que la razón no puede engendrar la fe, ni la esperanza, ni el amor a Dios o al prójimo, pero nadie debe despreciarla, porque rinde grandes servicios en echar los fundamentos de la verdadera religión y en dirigirnos a la práctica de la vida cristiana.

“¿No es la razón –ayudada por el Espíritu Santo- la que nos capacita para comprender lo que las Sagradas Escrituras declaran sobre el ser y los atributos de Dios, sobre su eternidad e inmensidad; su poder, sabiduría y santidad? Es por la razón por la que Dios nos capacita para comprender en cierta medida su método para tratar con los hijos de los hombres; la naturaleza de sus dispensaciones, del Pacto Antiguo y del Nuevo, de la ley y del Evangelio. Por la razón comprenderemos (cuando el espíritu abre los ojos de nuestro entendimiento) qué es el arrepentimiento; y cuáles son sus frutos inmediatos y subsiguientes. Por la razón comprendemos qué es ese nuevo nacimiento, sin el cual no podemos entrar en el reino de los cielos; y qué es esa santidad sin la cual ningún hombre podrá ver al Señor. Por el uso de la razón llegamos a comprender… Qué es la mente que estaba en Cristo, y qué significa andar como Cristo anduvo.”

“Es razonable amar a Dios, que nos lo dice todo. Es razonable amar al prójimo y hacer bien a todos los hombres. La religión que nosotros predicamos y vivimos está de acuerdo con la más alta razón.

Postmodernismo y razón

Como ya quedó mencionado en la  anterior exposición, el postmodernismo como movimiento filosófico tiene entre sus premisas fundamentales el rechazo de la razón. Lo hace en diversos campos: el arte, la ciencia, la Historia, la cultura, la política…Todo lo subestima, todo lo relativiza, argumentando que carecen de validez, puesto que no son sino el producto de mentes orientadas por los prejuicios de sus autores. Al desvirtuar la razón concede mayor importancia a lo inmediato, lo pasajero, a todo aquello que satisfaga los impulsos de la persona, de ahí su inclinación hacia el sensualismo: la satisfacción de los sentidos; las emociones y las sensaciones sobre la razón. Esto puede verse en la exagerada promoción del libertinaje sexual y la relativización del género, en los que se exalta el derecho individual a vivir y expresar la sexualidad abierta y públicamente, puesto que es vista como un apetito natural, un placer propio del organismo que puede ser satisfecho libremente. Poco importan las consecuencias de esta conducta; aunque se llene el mundo de enfermos de sida, hijos sin padre, madres solteras y mujeres dedicadas a los oficios de taiboleras y servidoras sexuales, con toda la cauda de repercusiones sociales que esto acarrea. El postmodernista niega valor a las tradiciones, a las normas sociales, a los usos y costumbres. Sus deseos y apetitos personales ocupan el primer lugar, y en ocasiones hasta el propósito principal, de su vida. Está, en síntesis, en contraposición directa con nuestra creencia cristiana de que “ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí…” (Ro. 14: 7).

La razón y la emoción en la iglesia de hoy

Un análisis serio de lo que está sucediendo en nuestras congregaciones nos permite ver que se permitiendo la manifestación de las tendencias postmodernistas al dar lugar a la expresión de las emociones y la estimulación sensorial en lugar de a la razón. Se está ignorando el sentido ruego del Apóstol San Pablo de que “presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es nuestro culto racional (λογικην λατρειαν ).” Y se está pasando por alto su exhortación de que no nos hagamos a la forma (συσχηματιζεσθε ) de esta época (αιωνι τουτω ), sino que nos transformemos, por medio de la renovación de nuestro entendimiento, para que comprobemos cuál sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Encuentro oportuno destacar algunos términos de este estos versículos que sirven de lema a nuestro IV Congreso de Doctrina Metodista:

1°. Nos invitan a ofrecer a Dios un sacrificio racional (loguikén latreían). La palabra latreía es la que la Septuaginta utiliza para traducir del hebreo  (tahabadem, de Ex. 20:5) verbo abad, servir), que se refiere al servicio cúltico, de adoración,  y que en el texto citado prohíbe rendir a las imágenes. San Pablo nos exhorta a ofrecerle a Dios un culto, un servicio de adoración racional, no un culto emocionalista, sensualista (empleo este término en su acepción de lo que se refiere a los sentidos: las sensaciones).

2°. Nos invita a no hacernos a la forma (συσχηματιζεσθε ) de esta época. (Algunos leen mal este texto, creyendo que Pablo nos invita a no estar de acuerdo o conformes con esta época; el sentido del texto es que no nos hagamos al sistema, a la forma de ser de esta época (αιωνι τουτω ). Y nosotros, cristianos del siglo XXI podemos leer: “de esta época postmodernista”.

3°. En tercer lugar nos exhorta a que nos transformemos, por medio de la renovación de nuestro entendimiento (no de nuestras emociones o apetitos sensoriales), para que experimentemos cual sea la voluntad de Dios (no nuestra voluntad personal, congregacional o denominacional), agradable y perfecta.

Personalmente veo que una de los formas más generalizadas en que se está permitiendo la introducción del postmodernismo en nuestras congregaciones es precisamente en el culto, en las formas de la alabanza. Permítaseme ampliar esto, fundamentándolo en lo que las Sagradas Escrituras dicen al respecto:

El antiguo testamento refiere algunas ocasiones en que se elevaron cánticos de alabanza:

  • La primera ocasión que menciona el Antiguo Testamento ocurrió inmediatamente después de que Israel cruzó en seco el mar Rojo: Moisés y el pueblo elevaron un cántico de alabanza a Jehová (Ex. 15: 1 – 21).
  • Antes de entrar a la tierra prometida Moisés recitó al pueblo un cántico profético que Dios le inspiró (Deuteronomio 31: 30 – 32: 47).
  • Tiempo después, Débora cantó acompañada por Barak alabando al Señor por la liberación del yugo de los cananitas (Jue. 5: 1 – 31).
  • Tras ser librado de Saúl y de todos sus enemigos, David elevó un cántico a Jehová (II Sam. 22: 1 – 51).

En ninguna de esas ocasiones dice la Biblia que hubiera música o instrumentos musicales acompañando los cánticos. En el cántico de Moisés el texto bíblico dice: “Entonces  habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico…” Deut. 31: 30; y más adelante agrega: “Vino Moisés y recitó todas las palabras de este cántico…” (Deut. 32: 44). La Biblia destaca siempre lo que dice el cántico, no la música o los instrumentos musicales; en los casos de Débora, Barak y David el verbo hebreo utilizado es  ( ‘amar ), cuya traducción al español es: decir .

Es notable la ausencia de música en esas ocasiones. Probablemente se deba a que Jehová no estaba de acuerdo con el tipo de música y el uso que el pueblo egipcio hacía de ella y que el pueblo de Israel había aprendido durante los 4oo años de cautividad. Los cánticos a que se refieren los pasajes citados probablemente se recitaron en la primitiva forma del “canturreo a cappella” común en épocas culturales muy antiguas (ejemplo de ello es la forma en que los rápsodas y aedos de la antigua Grecia recitaban los cánticos de Hesíodo y Homero).

¿Cómo era el culto a Jehová antes de la introducción de la música y el canto? La Biblia dice que Jehová dio a Moisés mandamientos e instrucciones específicas sobre cómo quería que su pueblo le rindiera culto y adoración (Ex. 25 – 28):

  • Le ordenó la forma de elaborar todos los objetos para rendirle culto: el Tabernáculo de Reunión, el Arca del Testimonio, la Mesa de los Panes de Proposición, el Candelabro, la fuente del lavacro, el altar de los sacrificios, las trompetas para convocar a las reuniones, el pectoral, las vestimentas de los sacerdotes…
  • Le dio instrucciones sobre los materiales que se debían emplear para el culto: el tipo de aceite y harina para los panes de la proposición y el fuego a encender, las ofrendas, incienso, los animales para los sacrificios, las formas en que se le debían ofrecer…
  • Le indicó los días en que el pueblo debía ser convocado para celebrar y adorar a Jehová, las festividades y ocasiones regulares y especiales durante el año, cada siete y cada cincuenta años…

No estaba permitido hacer nada distinto a lo ordenado por Jehová, ni siquiera edificar altares fuera del altar del tabernáculo. En la Biblia está claro que Dios no deja el culto y la adoración que demanda de su pueblo al gusto, voluntad o arbitrio del hombre, sino que estos deben sujetarse a la voluntad y mandamientos de Dios. Nótese que la música y el canto no fueron ordenados por Dios en ninguno de los mandamientos que dio a Moisés sobre cómo rendirle culto; solamente dispuso los objetos para el culto, los sacrificios, holocaustos, ofrendas y los días de reunión y celebración de las festividades. Todos los objetos debían ser obras de arte elaborados por artesanos que Jehová había llenado “… por el Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte…” (Ex. 35: 30 – 35).

Las artes de la música y el canto no estaban dentro de las prescripciones de Dios para su adoración y culto. Una posible razón de esto es que no deseaba que su pueblo le rindiera culto con las formas musicales que había recibido de la influencia cultural egipcia durante los 400 años de esclavitud, ya que la música que el pueblo egipcio empleaba en aquella época, por cierto ya muy desarrollada, se usaba preferentemente para el culto a los ídolos. Muestra de esa influencia son los actos de adoración que, imitando las formas aprendidas de sus antiguos amos, rindió el pueblo al becerro de oro: “Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea hay en el campamento. Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.” (Ex. 32: 17 – 19). Destacan tres elementos en este pasaje que explican la razón de la ira de Moisés: la voz de cantar que escuchó, el becerro y las danzas; objeto y acciones que el pueblo había visto realizar a los egipcios en el culto a sus ídolos.

La Biblia nos revela un Dios muy estricto y celoso, exigiendo que sus sacerdotes consagrados y hombres ungidos se sujeten puntualmente a sus mandamientos; nada que Él no hubiese mandado podía hacerse ni ofrecérsele en servicio y adoración. Muestras de ese celo de Jehová son los siguientes acontecimientos destacados por la Biblia:

  • La manera fulminante en que Nadab y Abiú (sacerdotes consagrados y ungidos) murieron por ofrecer fuego extraño delante de Jehová en el desierto de Sinaí (Num. 3: 4).
  • Cómo Saúl, que había sido ungido para ser rey de Israel, fue rechazado por Dios por asumir una función que no le correspondía, al ofrecer en Gilgal sacrificios con animales del botín obtenido en batalla (I Sam. 13: 8 – 14).
  • La muerte de Uzza, al extender su mano para evitar que el Arca cayera, cuando David ignoró las disposiciones que Jehová había dado acerca de la forma de transportar el Arca del Pacto (II Sam. 6: 3 – 11).
  • Otro caso en el que es evidente que Dios no aprueba cambios a lo que él dispone para el culto es el de Acaz, rey de Judá, del cual la Biblia dice: “… y no hizo lo recto en ojos de Jehová su Dios, como David su padre…” (II Rey. 16: 2). Entre otras abominaciones cometidas por Acaz está su visita a un templo pagano en Damasco, donde quedó maravillado del altar en honor del ídolo de los sirios. De inmediato ordenó al sumo sacerdote hacer una réplica y ponerla en lugar del altar de bronce en el templo de Jerusalem. La Biblia reprueba este atrevimiento y las desobediencias de Acaz, señalándolo como uno de los peores reyes de Judá (II Rey. 16: 1– 20).

¿Cuándo y cómo se introdujeron la música y el canto en el culto a Jehová?

Cuando el pueblo de Israel inició la conquista de la tierra prometida el Tabernáculo de Reunión fue levantado en Silo (Jos. 18: 1); por lo que Silo quedó establecido como el lugar de consulta a Jehová, de convocatoria, de reunión y culto del pueblo por largo tiempo. A finales del período de los Jueces se hace referencia a Silo como lugar del Tabernáculo cuando los hijos de Elí llevan al campo de batalla el Arca del Pacto. Los filisteos derrotan a Israel y arrebatan el Arca, llevándola a su territorio para ponerla en el templo de Dagón. Elí, el sumo sacerdote, que estaba en el Tabernáculo en Silo a la espera de noticias del campo de batalla, muere al caer de espaldas cuando recibe la noticia de que los filisteos habían derrotado a Israel y tomado el Arca como botín de guerra (I Sam. 4: 4 – 22). Después de este evento ya no se vuelve a mencionar a Silo como lugar de reunión y culto. Después de que los filisteos la devolvieron, el Arca del Testimonio fue llevada a la casa de Abinadab, en Chîriath-jearim –Gaba- (I Sam. 7: 1, 2), donde permaneció por 20 años. Mientras que el Tabernáculo fue ubicado en Gabaón, pero ya sin el Arca del Testimonio, solamente quedó allí el altar del holocausto, pero no se menciona este como lugar de convocatoria y reunión para el culto a Jehová (I Cron. 21: 29).

Deseoso de contar con la presencia de Jehová dentro de su propio palacio y movido por su entusiasmo y deseos de servirle, David ordenó transportar el Arca de la casa de Abinadab a un tabernáculo que le había levantado en terrenos de su propia casa en Jerusalén. Pasando por encima de todos los mandamientos que Jehová había dado acerca de la forma de transportar el Arca, David la pone sobre una carreta tirada por bueyes; y hace otra cosa que tampoco había sido ordenado por Jehová cuando se transportara el Arca: “David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos.” (II Sam. 6: 3–11).

Dios había determinado que el Arca fuera llevada por los levitas sobre sus hombros, con las varas especialmente elaboradas para ello, tocando sólo las trompetas sacerdotales y seguida por el pueblo que marchaba detrás de los sacerdotes y levitas. Al ver fulminado a Uzza, hijo de Abinadab y fiel guardián del Arca, David comprendió que Dios no aprobaba lo que estaba haciendo, por lo que dejó el Arca a medio camino, en casa de Obed-edom. Es claro que David había hecho todo motivado por un grande deseo de agradar a Dios: disponiendo un carro nuevo para el arca y tratando de darle culto con danzas y la música, a la que él era aficionado; pero el pasaje bíblico señala enfáticamente que Dios no aprobaba la forma en que estaba haciendo las cosas. David fue informado por los sacerdotes sobre su error de tratar de trasladar el Arca del Pacto “a su manera”, sin sujetarse a las formas ordenadas por Jehová. Posteriormente dispuso que el Arca fuera trasladada a la tienda de Jerusalem siguiendo las instrucciones de los sacerdotes. Esta vez el traslado se hizo de acuerdo a los mandamientos: con ofrecimiento de sacrificios, con júbilo y con el sonido de las trompetas sacerdotales; aunque David no contuvo su entusiasmo y danzó vestido con efod delante de Jehová (II Sam. 6: 12–18). En esta ocasión Dios ya no desaprobó ni se manifestó en contra de la forma en que se trasladó el Arca.

Cuando el Arca fue puesta en la tienda de Jerusalem, David introdujo un nuevo elemento en el culto de adoración a Jehová: instituyó el ministerio de la música y el canto, encomendándoselo a los levitas que habían sido consagrados al servicio del antiguo tabernáculo. I Crónicas 6: 31 y 32 dice: “Estos son  los que David puso sobre el servicio de canto en la casa de Jehová, después que el arca tuvo reposo. Los cuales servían delante de la tienda del tabernáculo de reunión en el canto, hasta que Salomón edificó la casa de Jehová en Jerusalén: después estuvieron en su ministerio según su costumbre.” Una traducción más literal de este versículo sería: Y estos son los que constituyó David al cuidado del canto… y fueron ministros delante del tabernáculo…

¿Qué dice el texto hebreo del antiguo testamento sobre el ministerio de la música y el canto instituidos por David para el culto a jehová? Un análisis del texto hebreo de este pasaje permite destacar la forma y características de esta nueva institución que estableció el rey David para el culto a Jehová:

  1. Los levitas músicos cantores fueron puestos para cuidar el canto a Jehová.

Empezando con la expresión  (al-yedei-shir): estas tres palabras están entrelazadas en una relación que en hebreo se llama constructo. Las dos primeras palabras están en constructo y dependen de la tercera, la cual está en lo que en hebreo se llama estado absoluto; de modo que las dos palabras ( al-yedei ) deben leerse: al cuidado de; y la tercer palabra (shir) debe leerse con el artículo determinado el. La primera acepción de esta palabra es canto, por lo que la frase completa debe traducirse: al cuidado de el canto. La tarea que David asigna a los levitas no consistía solamente en ejecutar música con sus instrumentos y cantar, sino en cuidar de lo que se cantara a Jehová delante del Tabernáculo y el Arca del Pacto. Se trataba de realizar esta función de la forma en que lo recomienda el apóstol Pablo a la iglesia en Corinto: “… cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” (I Cor. 14: 15). Es oportuno señalar que la ejecución musical puede llevar al intérprete a estados de éxtasis en los que sus funciones cognoscitivas ceden a la emoción; por lo que era importante que estos ministros estuvieran al cuidado del canto, esto implicaba que tuvieran cuidado de lo que cantaban y de cómo lo cantaban, pues no se trataba de cantar para propia satisfacción, sino para El Señor.

  1. La música y el canto fue instituido como un ministerio delante del Arca del Pacto (en la presencia del Señor)

En el siguiente versículo tenemos la expresión hebrea: ( vayihyú mesharthim ). La primera palabra ( vayihyú ) significa “y fueron ellos”. La otra palabra (mesharthim) es una forma verbal equivalente al sustantivo en español cuya raíz original es el verbo  ( sharath ): servir, ministrar; su traducción más aceptable es siervos, ministros. Esto nos permite ver que David estableció, a partir de esa fecha, un nuevo ministerio que no existía antes en las funciones de los levitas ni en las disposiciones que Jehová había dado para el culto y adoración: el ministerio de la música y el canto delante del tabernáculo, ante la presencia de Jehová. David asignó este nuevo ministerio a quienes Dios había escogido y consagrado para servir en su santuario: los levitas, que habían quedado libres de las funciones cuidar, transportar y erigir el antiguo Tabernáculo de Reunión.

  1. Los levitas encargados de la música y el canto fueron puestos para cumplir funciones específicas.

En I Crónicas 16:4 se específican las funciones que los levitas músicos cantores debían desempeñar en su nuevo ministerio: Y puso delante del arca de Jehová ministros de los Levitas, para que recordasen, y confesasen, y loasen a Jehová Dios de Israel.” En este versículo el texto hebreo destaca los cuatro términos que definen el ministerio asignada a los levitas músicos cantores:

  1. La música y el canto son un ministerio delante del Arca del Pacto.

En primer lugar aparece aquí una vez más la palabra hebrea mesharthim ( ministros ) que vimos en I Cron. 6: 31, 32. Esta redundancia obliga a comprender la importancia y formalidad de la nueva función asignada a los levitas en el santuario. Se trató de un nuevo ministerio a realizar a partir de esa ocasión, no sólo de un acontecimiento pasajero de música y canto motivado por la ocasión festiva.

  1. Para recordar la obra y mandamientos de Jehová.

Enseguida se menciona la primera tarea que los levitas músicos cantores debían cumplir en su ministerio a las puertas del Tabernáculo: “para que recordasen”. El texto hebreo empleado para esta función es ( ulhazkir ); literalmente “y para recordar”. Esta palabra es una forma del verbo  ( zakar ) que significa traer a la memoria, recordar. Se trata de un verbo clave en el Antiguo Testamento: Este verbo destaca desde que Jehová da a Israel, por medio de Moisés, mandamientos sobre la forma en que El quiere que se comporten como pueblo escogido y la forma en que deben de rendirle culto: En Exodo 12: 14, cuando Dios instituye la celebración de la Pascua emplea precisamente este verbo (“Y este día os será en memoria…”). En el Sinaí, cuando Jehová dicta los diez mandamientos dice con voz de bocina a su pueblo: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”, utilizando precisamente el verbo zacar. Posteriormente Dios insiste en repetidas ocasiones que su pueblo debe recordar continuamente sus obras y sus mandamientos; es tan enfático y demandante en esto que dispuso que los hebreos llevaran franjas en los remates de sus vestidos, para que siempre que las vieran recordaran las obras y los mandamientos de Jehová.(Num. 15: 37 – 41). En el pasaje del Sehmá (Deuteronomio 6) Dios hace énfasis en el cumplimiento de las leyes del Pacto y ordena varias acciones para hacer que el pueblo traiga a la memoria continuamente sus obras y mandamientos. Y, comprendiendo que Dios quería que los miembros de su pueblo recordaran perpetuamente sus mandamientos y las acciones que El había hecho en favor de ellos, David encomendó a los levitas músicos cantores la tarea de recordar y hacer recordar perpetuamente al pueblo lo que Dios había hecho en su favor y los mandamientos que les había dado. El gran mérito de David consistió en hacer que esta importante función fuera realizada de una nueva manera: en la bella forma artística de la música y el canto, eligiendo a los mejores músicos y cantores de entre los levitas para este ministerio.

  1. Para dar gracias a Jehová.

La segunda tarea que David encomendó a los levitas músicos cantores como parte de su ministerio aparece en la versión Reina-Valera con la expresión “y confesasen”. Aquí es necesario hacer algunas precisiones: El verbo hebreo que Reina-Valera traduce por “y confesasen” es ( ulhodoth ), que el diccionario traduce en primera acepción como dar gracias, agradecer. Es una forma verbal derivada de la raíz hebrea ; verbo que, de acuerdo al contexto en que se utilice puede traducirse como extender las manos en gesto de gratitud, confesar abierta y libremente, dar gracias, agradecer, alabar. La forma verbal que aquí se utiliza y el contexto en que está hacen más aceptable la traducción “y para dar gracias”. Esta es otra de las tareas asignadas a los levitas músicos cantores para realizar por medio de la música y el canto a la puerta del Tabernáculo y frente al Arca del Pacto.

  1. Para alabar a Jehová.

El pasaje bajo análisis menciona una tercera tarea encomendada por David a los ministros de la música y el canto: la versión Reina-Valera traduce “y loasen”. El término hebreo en este caso es (ulhal-lel), del verbo ( halal ) que significa brillar, gloriar, alabar, celebrar. En el contexto, la traducción más fiel sería: para dar gloria, para alabar. La tercera tarea fundamental asignada por David a los levitas a realizar en su ministerio como músicos cantores delante del Arca del Pacto es la de glorificar, alabar a Jehová.

En resumen: David instituyó para el culto a Dios un nuevo ministerio: el ministerio de la música y el canto, para el cual designó a miembros de la familia de Leví previamente escogidos y consagrados por Dios para su servicio en el santuario, a fin de que por medio de la música y el canto recordaran e hicieran recordar las obras de Jehová y sus mandamientos a guardar, agradecieran a Dios sus bendiciones y misericordias y, finalmente, alabaran a Jehová frente a las puertas del tabernáculo y del Arca del Pacto.

Salomón confirmó el ministerio de la música y el canto en el templo y Jehová lo apruebó con su presencia

David manifestó su gran deseo de edificar a Jehová un templo en Jerusalem, tratando de agradarle; pero Dios no se lo permitió. Ese privilegio se lo concedió a su hijo Salomón, quien se esmeró en construir un santuario que Dios aceptara como lugar de convocatoria, reunión, culto y adoración del pueblo de Israel.

Cuando el templo estuvo terminado, Salomón hizo trasladar todos los utensilios elaborados por mandato de Jehová a Moisés, principalmente el Arca del Testimonio, donde se manifestaba la presencia de Jehová a su pueblo. Al trasladar el Arca, Salomón hizo que los levitas músicos cantores cumplieran el nuevo ministerio que David les había asignado. La Biblia describe así esa portentosa y extraordinaria escena: “…y los Levitas cantores, todos los de Asaph, los de Hemán, y los de Jeduthún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas:), cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban voz todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová, y  a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre; entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová.” (II Cron. 5: 12, 13).

Al hacer la solemne dedicación del Templo, Salomón, con la autoridad que tenía como ungido por Jehová, ratifica los levitas músicos cantores en el nuevo ministerio que David les había asignado frente al Tabernáculo de Jerusalén: “Y los sacerdotes asistían en su ministerio; y los Levitas con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová  porque su misericordia es para siempre; cuando David alababa por mano de ellos. Asimismo los sacerdotes tañían trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pie.” (II Cron. 7: 6). Finalmente, Salomón confirma las funciones de los levitas músicos cantores en el ministerio que David les había asignado: “Y constituyó los turnos de los sacerdotes en sus oficios, conforme a lo ordenado por David su padre; y los Levitas en sus cargos, para que alabasen y ministrasen delante de los sacerdotes…” (II Cron 8: 14).

Estos pasajes bíblicos nos demuestran que Dios aceptó los cambios, introducidos por David y confirmados por Salomón, del ministerio de la música y el canto en el templo, para las funciones propias del culto y adoración; esto quedó manifestado plenamente con la nube de su presencia que llenó el santuario el día de la consagración del templo. De manera que podemos concluir que Dios acepta que se le rindamos culto recordando sus obras y mandamientos, dándole gracias por sus bendiciones y alabando su misericordia, utilizando adecuadamente para ello la música y el canto como medios, con bellas expresiones artísticas de música y canto que le agraden a El; y no que vengamos ante su presencia a satisfacer nuestras aficiones y habilidades artísticas ni a expresar nuestras inclinaciones y gustos musicales personales, pues este ministerio se instituyó para agradar solamente a Dios y no a los hombres. No podemos fundamentar en las Sagradas Escrituras otra forma válida de utilizar la música y el canto en el culto a nuestro Dios.

A partir de la introducción de la música y el canto en el templo de Jerusalem se instituyó un ministerio que ha perdurado a lo largo de la historia del pueblo de Israel y que la Iglesia Cristiana recibió como hermosa y apreciable herencia: La Música y el Canto como medios de culto y adoración a Dios.

La música y el canto son elementos esenciales del culto cristiano y han sido bendición a lo largo de la historia de la Iglesia; debemos valorarlos como herencia del pueblo judío, que los instituyó como medios para los fines del culto y adoración a Jehová. Desde los orígenes mismos del cristianismo han sido medios de alabanza a Dios; algunos pasajes del Nuevo Testamento hacen referencia al uso del canto en ocasiones de reunión y culto de Jesús y sus discípulos, así como en diversas reuniones de los primeros cristianos:

  • Mateo y Marcos refieren que Jesucristo entonó con sus discípulos el himno que tradicionalmente cantaban los judíos en la celebración de la Pascua (Mateo 26: 30 y Marcos 14: 26).
  • Pablo y Silas cantaban a Dios en la cárcel de Filipos: “Pero a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios: y los presos los oían” (Hch. 16: 25).
  • El apóstol Pablo dice a los de la iglesia en Roma “Y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, Y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle todos los pueblos.” (Rom. 15: 9 – 11).
  • A los corintios les enseña “¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” (I Cor. 14: 15)
  • A la iglesia de Éfeso la exhorta diciendo: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Ef. 5: 19, 20).
  • Se cree que el pasaje de Filipenses 2: 6 – 11 es la letra de un canto que se entonaba en algunas iglesias de la época apostólica.
  • A los colosenses recomienda: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y canciones espirituales.” (Col. 3: 16).

Sería muy prolijo describir el uso que la Iglesia Cristiana ha dado a lo largo de los 20 siglos de su historia a la música y el canto en el culto a Dios; solamente conviene destacar algunos hechos relevantes.

Lo primero es que, como ya antes se apuntó, la Iglesia –desde la época primitiva- tomó la herencia hebrea, no sólo de emplear la música y el canto para los fines de alabanza a Dios instituidos por David, sino que tomó las formas y estilos musicales y de canto desarrollados por los Hebreos. Desde un principio existió una marcada diferencia entre la música mundana (en su totalidad consagrada para el culto a las deidades e ídolos y para solaz y esparcimiento del hombre en las acostumbradas bacanales paganas) y la música y el canto para Dios; de ahí el empleo durante mucho tiempo del Salterio (el libro de los Salmos), los instrumentos de cuerda y metales y el estilo de canto “llano”, libre de florituras elaboradas propias del canto mundanal.

En los siglos de la historia de la Iglesia la música y el canto cristianos (sus temas y estilos) fueron considerados como “música sacra”, diferenciándola clara y radicalmente de la ”música mundana” o popular. Por mucho tiempo se evitó celosamente introducir formas musicales ajenas; por lo contrario, la música sacra ejercía poderosa influencia sobre la música popular: el pueblo copiaba las formas y estilos musicales producidos y empleados para el culto en los templos.

No podemos soslayar las desviaciones que se dieron a partir del siglo VI, cuando se introduce el culto a María, los santos y las imágenes, en los que la música y el canto, originalmente utilizados para los propósitos de culto y adoración a Dios, se emplearon para dar gloria y alabanza a María, los santos, las imágenes, papas, cardenales y sacerdotes. Músicos muy destacados produjeron obras musicales para honrar al hombre y a creaturas, ya no para la única gloria de Dios. Réquiems, te-déums, misas, oratorios con una amplia variedad de formas y estilos para honrar al hombre y ya no para Dios se introdujeron en el culto.

En cuanto al empleo de la música en las iglesias a partir de la Reforma vemos que los primeros protestantes repudiaron a todo lo que olía a romanismo. El propio Martín Lutero tuvo que dejar su escondite en el castillo de Wittinberg y salir urgentemente a tratar de detener al populacho que pretendía arrasar altares, imágenes, reliquias y templos elaborados durante siglos por el catolicismo romano. Juan Calvino se lanzó en contra de los instrumentos musicales utilizados por el culto romano, entre ellos los órganos monumentales construidos en las grandes catedrales.

“Lutero utilizó mucho uso la música. Uno de los rasgos de la reforma, fue la manera en que se expresaron las verdades del Evangelio por medio de himnos. Lutero, a causa del alto valor en que estimaba la Biblia y su estudio por el creyente común, estaba ansioso porque la música se prestara para hacer entender claramente a la congregación las palabras de la Escritura. Apreciaba y empleaba los corales polifónicos y alentó la preparación de los coros. El canto congregacional fue alentado, dándole amplia parte en la liturgia y otros servicios. Publicó un himnario, y él mismo compuso algunos de los himnos. El más notable de estos, Einfeste Burg ist unser Gott (“Castillo fuerte es nuestro Dios”), compuesto acaso en 1527 o 1528, cuando Carlo V procuraba suprimir la reforma.

La modalidad de introducir la música del postmodernismo en boga no se puede justificar ni con las enseñanzas de La Palabra ni con la tradición cristiana y evangélica, tampoco con la idiosincrasia del metodismo wesleyano.

La nueva forma de alabanza en boga en muchas de las congregaciones metodistas se ajusta al estilo artístico del postmodernismo, con grupos de alabanza organizados a la manera de las bandas de roc’n-roll, que se conducen durante el canto, no como directores de la alabanza congregacional, sino como actores o intérpretes de los cantos. Con los aparatos electrónicos a volúmenes ensordecedores que impiden que se escuche el canto de la congregación. Esta es una modalidad que, conforme a las tendencias postmodernistas, pone su énfasis en la satisfacción las emociones y las inclinaciones sensoriales, y no en un culto racional orientado específicamente a agradar a Dios y no a los congregantes.

Se emplean los instrumentos musicales propio de las bandas de rock-n roll: con guitarras electrónicas de tonalidades chillonas y estridentes, bajos eléctricos a altísimos volúmenes y, sobre todo, los instrumentos de percusión de la batería, dando lugar a manifestaciones ajenas al culto racional a Dios. Los tambores han sido, desde que se inventaron, instrumentos para estimular los instintos bélicos del hombre: se tocan para llamar y para entrar a la batalla. ¿Qué tiene que hacer un instrumento creado desde para esos fines dentro del culto racional a Dios? Estudios bien documentados de parte de investigadores de la neurofisiología, con el empleo de equipos de alta precisión como la Tomografía computarizada, han descubierto que los instrumentos de percusión como los de la batería y el bajo eléctrico, percutidos en la forma constante en que lo hacen los grupos musicales modernos, alteran varias funciones fisiológicas como el ritmo cardiaco, la presión arterial y estimulan amplias zonas cerebrales y corporales produciendo respuestas musculares y de órganos sexuales; por eso los ídolos clásicos del rock se jactaban de que su música dejaba a las chicas estimuladas y preparadas para el acto sexual.

Invito, por las misericordias de Dios, a mis hermanos pastores y líderes metodistas a documentarse al respecto (hay mucha información en las revistas técnicos de neurofisiología), procurando presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, con un culto racional, no un culto emocional, traten de experimentar cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Abraham Diaz Reyes