La Reforma y su Impacto en la Pintura

la refomr y su impactoLa Reforma y su impacto en la pintura artística:

El caso de Lucas Cranach y La Crucifixión.

Por José David Torres.

Miembro en Plena Comunión de la IMMAR La Santísima Trinidad, Gante 5, Ciudad de México.

Estudiante de Historia en la UNAM.

Introducción.

Cuando se habla de protestantismo y de imágenes, por lo regular, se menciona el carácter iconoclasta de algunas ramas de dicha fe como si fuera la tendencia de todas las demás. Por esto se ha llegado a creer que el término protestante es sinónimo de destrucción de pinturas y esculturas religiosas y que es un pueblo que carece de las mismas.

Esta impresión que se tiene acerca de dicha religión se debe a que han surgido grupos radicales dentro de él desde sus inicios. Tal es el caso del grupo que seguía a Andreas Karlstadt, al cual se debe una serie de actos de revuelta en que se destruyeron imágenes. Ante estos hechos, Lutero respondió en 1525 con un escrito en el cual explicaba la función que debían tener las imágenes:

Las efigies de conmemoración o de testimonio, como las crucecitas y los cuadros de los santos, se deben tolerar también por la ley, como hemos demostrado arriba basándonos en Moisés. No hay que ser sólo indulgentes con ellas, sino las mismas son también laudables y decorosas, porque servirán de memoria y de testimonio como la piedra erigida por Josué y Samuel[1].

Es decir, para Lutero y, por consiguiente, para el luteranismo, las imágenes están aprobadas como una forma de provocar que el creyente recuerde e interiorice los hechos acontecidos en el pasado bíblico, obviamente, con un punto de vista protestante.

Es en este contexto en que una familia de pintores y grabadores comienza a trabajar haciendo imágenes de propaganda para la nueva fe y realizando pinturas para sus iglesias, todo bajo el patrocinio de la nobleza sajona. Estos pintores eran Lucas Cranach, el Viejo, y Lucas Cranach, el Joven. El primero fue un amigo personal de Lutero y se esmeró en expandir las ideas del reformador a través de sus obras, haciendo varios grabados que mostraban al Papa como el Anticristo y siendo desaprobado por Dios.

A la muerte de Lucas Cranach en 1553, su hijo del mismo nombre tomará el control del negocio familiar y continuará con las obras anticatólicas y a favor del protestantismo, muchas de las cuales las realizó después de la muerte de Lutero (1546). Las pinturas con inspiración bíblica que realizó este pintor presentan, al menos en dos ocasiones, una anomalía muy singular: pintó a Lutero como partícipe de la escena. En el presente trabajo se analizará una de ellas con la intención de buscar cómo la Reforma cambió el significado de lo que se representaba[2].

Desarrollo.

La crucifixión (ver figura 1), obra que se estudia en el presente trabajo, fue realizada en 1555 como parte del altar de la iglesia luterana de Weimar. En ella podemos apreciar tres secciones, la primera está formada por Cristo crucificado, Juan, el Bautista; Lucas Cranach, el Viejo; y Lutero. Además de un cordero que representa al Cordero de Dios. La segunda está formada a su vez por tres secciones. En la primera se ve a Moisés con un grupo de personas y las tablas del Decálogo en las manos, frente a él un hombre semidesnudo es perseguido por un esqueleto y un ser monstruoso. En la siguiente se ve al campamento hebreo y a un grupo de gente congregada en torno a la serpiente de bronce que hizo Moisés y en la última se representa a un grupo de pastores que reciben la visita de un ángel, lo cual nos recuerda la anunciación del nacimiento del mesías en el evangelio de Lucas. La última sección muestra a Jesús, el cual acaba de resucitar y aplasta al esqueleto y al ser monstruoso, el cual es el diablo, bajo sus pies. Su manto nos dirige la mirada de regreso a la crucifixión que tiene lugar al centro de la imagen. Cabe mencionar que del costado derecho de Cristo crucificado sale un chorro de sangre que se dirige a la cabeza de Cranach.

Al contrastar esta pintura con una que fue realizada cerca de doscientos años antes en un contexto completamente católico (ver figura 2), saltan a la vista, de manera inmediata, las diferencias. Estas no sólo radican en lo formal sino también en el contenido, pues, a diferencia de la que realizó Cranach, en esta, pintada por Giotto en la Capilla de la Arena Padua[3], podemos apreciar que se representa una sola cosa: la crucifixión. No hay otras escenas bíblicas diferentes en el fondo. Además la sangre que sale del costado de Cristo es recogida por un ángel en un recipiente dorado, mientras que en la del luterano cae directamente en la cabeza de uno de los personajes.

La comparación anterior nos permite darnos cuenta de que la sangre que sale del costado del mesías sufriente es un elemento muy importante en el cambio de la concepción papista a la protestante. Para corroborar esto es necesario comparar con otra pintura protestante. El padre del pintor que nos ocupa realizó en 1529 una representación muy similar para el altar de otra iglesia protestante (ver figura 3)[4]. En dicha pintura vemos las mismas escenas que componían la segunda parte de la obra realizada por “el Joven”, además de la expulsión de Adán y Eva del paraíso y de un Cristo crucificado y otro resucitado. En la crucifixión también se hace presente el chorro de sangre, pero aquí se transforma en una paloma blanca que parece descender sobre un hombre que está siendo guiado por Juan Bautista hacia la cruz. Aquí la sangre, aunque no cae directamente en la persona, no se evita por completo que interactúe con el mundo humano.

A través de esta comparación también nos podemos dar cuenta que hay un sentido pedagógico en ambas imágenes, aunque es más claro en la de 1529. Esta intención presente en ambas hace que se cumpla el propósito que Lutero le daba a las imágenes haciendo que el espectador recuerde pasajes de la Biblia. En el caso de la representación de Moisés y el hombre que es conducido al infierno se hace una alusión a la epístola de san Pablo a los Romanos, en la cual se escribe: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”[5]. Es decir, se relaciona a Moisés y al hombre camino al infierno para que el espectador recuerde su pecado y se dé cuenta cual será su destino de seguir igual[6].

Otra escena que resulta interesante al hacer esta comparación es aquella donde se muestra al campamento hebreo y la serpiente de bronce. De acuerdo al relato bíblico, mientras los hebreos vagaban por el desierto bajo dirección de Moisés empezaron a desanimarse y a murmurar contra Dios, por lo que fueron castigados con serpientes que mordían al pueblo y lo mataban. Ante esto Moisés oró a Dios y se le dieron instrucciones de levantar una serpiente de bronce a la cual miraría todo aquel que era mordido para que viviera[7]. Lo curioso de esta imagen es que se encuentra del lado del evangelio en la pintura de “el Viejo”. Esto tal vez se deba a que, de acuerdo a los relatos evangélicos, Jesús dijo una vez que: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”[8]. En otras palabras, lo que se hizo durante el peregrinaje del éxodo era un anuncio de lo que iba a hacer Cristo para salvar a la humanidad.

Lo anterior se ve más claro cuando consideramos que, en ambas piezas, la escena que continúa se compone de un ángel que anuncia a un grupo de pastores que el mesías había nacido en Belén, lo cual se puede apreciar con la especie de lienzo que lleva el mensajero celestial en sus manos.

Después de estas imágenes, y siguiendo el orden de la pintura más antigua, vemos a un hombre que es guiado por Juan el Bautista, hacia la cruz donde sufre el mesías. En el caso de la pintura del más joven el hombre que está siendo guiado es su padre, ya fallecido para este momento, y no sólo es acompañado por el primo de Cristo, sino que también está siendo guiado por la Biblia en alemán, cosa que está representada por el retrato de Lutero señalando un pasaje de su traducción de las Sagradas Escrituras. La presencia de Lutero y la Biblia nos recuerda uno de los pilares de la Reforma, la Sola Scriptura, en la cual se defiende la suficiencia del texto sagrado y su autoridad sobre la de los hombres.

Finalmente llegamos a la representación de la resurrección. En ella se ve a Jesús venciendo al diablo y a la muerte. Al estar después de la crucifixión se nos está mostrando la victoria conseguida a través de la cruz, cosa que también nos es recordada en la pintura que nos ocupa mediante la ondulación del manto de Cristo que nos dirige la mirada a la imagen central.

Conclusión.

En un primer vistazo a la pintura de Lucas Cranach, el Joven, podemos ver varias escenas que, aparentemente, no tienen un orden establecido. Pero al ir viendo la pintura más detalladamente nos damos cuenta que hay una secuencia dentro de ella, la cual podemos seguir a través del color rojo de algunos elementos de la pintura. Una vez que nos percatamos de esto la pintura se transforma en una representación de la salvación conseguida por medio de la fe y de la gracia.

El elemento más importante dentro de ella es el chorro de sangre que cae sobre el padre del pintor, el cual tiene las manos en posición de súplica. Esto nos muestra un nuevo significado para el chorro de sangre dentro del arte luterano, pues recuerda al espectador la gracia que Dios da al hombre para que este pueda tener fe y ser salvo. Hay dos razones para que esta se vierta sobre el único personaje laico de la composición: 1) El sacerdocio universal defendido por Lutero en su obra, es decir, todo creyente se convierte en un sacerdote que tiene acceso a Dios Padre sin la necesidad de otro intermediario fuera del Hijo; y 2) a través de esto el autor busca que el espectador se ponga en el lugar de este hombre y desee la gracia que él está recibiendo para que pueda acceder a la vida eterna de la que este personaje está gozando.

Por todo lo anterior podemos concluir que la pintura está haciendo una alusión a la gracia otorgada por Dios al hombre. Esto lo hace usando los mismos elementos que se plasman en el catolicismo para una crucifixión, pero dotándolos de un nuevo sentido y con la intención de enseñar y traer a la memoria las enseñanzas de la Biblia bajo la interpretación de Lutero.

Bibliografía.

Erwin Panofsky, “Iconografía e iconología: introducción al estudio del arte del renacimiento”, en El significado en las artes visuales, Buenos Aires, Ediciones Infinito, 1970, pp. 45-76.

La Santa Biblia, Nashville, Tennessee, Holman Bible Publishers, 2000, 1158 pp.

Martín Lutero, Contra los profetas celestiales (PDF), sin editorial, 1521, 79 pp., consultado el 19 de noviembre del 2016, en

<http://escriturayverdad.cl/wpcontent/uploads/ObrasdeMartinLutero/15211525Contine/1525CONTRALOSPROFETASCELESTIALES.pdf&gt;

Obras de Lutero, edición de Teófanes Egido, España, Sígueme, 2001, 480 pp.

Anexos.

Figura 1. Lucas Cranach, el Joven, La Crucifixión (pieza del altar de Weimar), 1555, Stadtkirche Sankt Peter und Paul, Weimar.

la reforma - la crucifixion

Figura 2. Giotto, Crucifixión, 1304-1306, Capilla de la Arena Padua.

la reforma - giotto

Figura 3. Lucas Cranach, el Viejo, Ley y Evangelio, 1529, Schlossmuseum, Gotha.

la reforma - viejo ley evangelio

[1] Martín Lutero, Contra los profetas celestiales (PDF), sin editorial, 1521, p. 8.

[2] Este análisis tendrá por base el método de Panofsky, aunque es probable que no se vislumbre a simple vista, pues se mezclarán la explicación de los tres niveles (pre-iconográfico, iconográfico e iconológico) para una mejor comprensión del sentido de la obra. Ver: Erwin Panofsky, “Iconografía e iconología: introducción al estudio del arte del renacimiento”, en El significado en las artes visuales, Buenos Aires, Ediciones Infinito, 1970, pp. 45-76.

[3] Giotto, Crucifixión, 1304-1306, Capilla de la Arena Padua.

[4] Lucas Cranach, el Viejo, Ley y Evangelio, 1529, Schlossmuseum, Gotha.

[5] Romanos 7:7 en La Santa Biblia, Nashville, Tennessee, Holman Bible Publishers, 2000, p. 990.

[6] Para Lutero el Antiguo testamento existe para que el ser humano pueda darse cuenta de su condición de pecador.

[7] Ver Números 21: 4-9.

[8] Juan 3:14-15 en La Santa Biblia, op cit., p. 927.

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