El Carácter de Job – Juan Calvino

el caracter de jobEL CARÁCTER DE JOB*

SERMONES DE JUAN CALVINO 

“Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1).

Para sacar verdadero provecho al contenido de este libro, debemos conocer en primer lugar su designio. La historia que encontramos escrita aquí nos muestra de qué manera estamos en las manos de Dios, y que es cosa suya ordenar nuestras vidas y disponer de ellas conforme a su buena voluntad, y que es nuestro deber someternos a él con toda humildad y obediencia; es totalmente razonable que seamos completamente suyos, tanto para vivir como para morir; incluso, si él quisiera levantar su mano contra nosotros, aunque no percibiéramos su motivo, de todos modos habríamos de glorificarle siempre, reconociendo que él es justo y equitativo, absteniéndonos de murmurar contra él, a efectos de no discutir con él, sabiendo que si luchamos contra él seremos derrotados. 

En breve, esto es lo que hemos de recordar de esta historia, es decir: Dios tiene tal dominio sobre sus criaturas que está en su derecho disponer de ellas según le plazca; y si muestra una severidad que al principio nos resulta extraña, aún así hemos de guardar silencio para no murmurar; hemos de reconocer, en cambio, que él es justo, esperando que nos declare el porqué de su castigo. Entre tanto hemos de contemplar, como nos exhorta Santiago (5:11), la paciencia del hombre puesto aquí delante de nosotros. Porque cuando Dios nos muestra que debemos sufrir todas las miserias que él nos envía debemos reconocer que esa es nuestra obligación; no obstante ellos, alegamos que somos débiles y nos parece que debería servirnos como excusa. Por eso es bueno tener un ejemplo para mostrarnos que hay hombres débiles como nosotros, que sin embargo, resistieron la tentación, perseverando en la obediencia a Dios, aunque fueron afligidos hasta el límite. Aquí tenemos pues un excelente ejemplo de ello.

Además, no sólo hemos de considerar la paciencia de Job, sino también su resultado, como dice Santiago; porque si Job hubiera seguido confundido, aunque su virtud hubiese sido más que angelical, el final de la historia no habría sido muy feliz. Pero cuando vemos que no fue desilusionado en su esperanza, y que halló gracia en la medida en que fue humillado ante Dios; viendo ese final tenemos que llegar a la conclusión de que no hay nada mejor para nosotros que someternos a Dios y sufrir en paz todo lo que él nos mande hasta que en su buena voluntad nos libra. Sin embargo, más allá de la historia hemos de considerar la doctrina encerrada en este libro; esto es, la doctrina de aquellos que se acercan con el pretexto de consolar a Job, pero que lo atormentan mucho más que su propia enfermedad; la doctrina encerrada en las respuestas con las cuales rechaza, las calumnias con las cuales aparentemente quieren aplastarlo.

En primer lugar debemos notar, en cuanto a nuestras aflicciones, que si bien Dios las manda y proceden de él, no obstante, es el diablo quien las trae sobre nosotros, como también nos lo advierte San Pablo diciendo que luchamos contra poderes espirituales (Ef. 6:12). Porque cuando el diablo enciende el fuego también le hace viento, es decir, también encuentra personas de su propiedad para aguijonearnos continuamente y prolongar y aumentar la enfermedad. Vemos entonces, cómo Job, además de la enfermedad que soportó, fue atormentado por sus amigos, y por su esposa, y principalmente por aquellos que se acercaron para tentarlo espiritualmente. Ahora bien, lo llamo una tentación espiritual cuando no solamente somos azotados y afligidos en nuestros cuerpos; sino cuando el diablo obra de tal modo en nuestros pensamientos que Dios se nos convierte en enemigo mortal, al que ya no podemos tener acceso, convencidos de que nunca más tendrá misericordia de nosotros. Todas la proposiciones hechas por los amigos de Job tendían a persuadirlo de que era un hombre rechazado por Dios y que era un error creer que Dios le sería propicio. Tales luchas espirituales son mucho más difíciles de sobrellevar que todos los males y adversidades que podemos sufrir siendo perseguidos. De todos modos, Dios suelta los frenos que atan a Satanás para que pueda llevar consigo a sus siervos los que nos asaltan de tal modo como, según veremos, tuvo que soportarlo Job.

Suficiente con este punto. Sin embargo, hemos de notar que a lo largo de toda la disputa Job defiende un buen caso, en tanto sus adversarios defienden un caso pobre. Pero es más, Job, teniendo un buen caso hace una defensa pobre, mientras que los otros, teniendo un caso pobre hace una defensa pobre, mientras que los otros, teniendo un caso pobre hacen una buena defensa. Cuando hayamos entendido esto, nos será como una llave para abrirnos todo el libro ¿Cómo es que Job presenta un buen caso? El sabe que Dios no siempre aflige a los hombres conforme a la medida de sus pecados, sino que tiene sus juicios ocultos, de los cuales no nos rinde cuentas; Job sabe que nosotros tenemos que esperar hasta que él nos revele la razón de hacer esto o aquello.

De modo que Job estaba totalmente convencido que Dios no siempre aflige a los hombres conforme a la medida de sus pecados; de esa manera tenía un testimonio en sí mismo de no ser un hombre rechazado por Dios como ellos querían hacerle creer. Este es un caso auténtico y bueno, aunque su presentación es pobre; porque ahora Job se sale de las casillas y hace proposiciones exageradas, demostrando de diferente manera, que en muchos sentidos está desesperado. Job está tan acalorado que aparentemente quisiera oponerse a Dios. En consecuencia tenemos aquí un buen caso, mal presentado. En contraste, los que defienden el caso pobre, afirmando que Dios siempre castiga a los hombres según la medida de sus pecados, dicen cosas hermosas y santas.

Nada hay en sus proposiciones que no debamos recibir como pronunciadas por el Espíritu Santo; porque son la pura verdad, constituyen los fundamento de la religión, discuten la providencia de Dios, su justicia y el pecado de los hombres. Es decir que tenemos aquí una doctrina que hemos de recibir sin contradicciones aunque el resultado buscado por esta gente, de llevar a Job a la desesperación y destruirlo, es completamente malo. En todo esto vemos que teniendo un buen fundamento, debemos considerar cómo sobreedificar en él, de modo que todo armonice, tal como lo declara San Pablo (I Cor. 3:10) al afirmar que edificó desde que fundó la iglesia sobre la pura doctrina de Cristo; para que haya tal conformidad que aquellos que vengan después de él no usen como fundamento ni paja ni hojarasca, ni material inservible, sino que haya un buen fundamento, firme y sólido.

De modo que, a lo largo de toda nuestra vida debemos considerar si estamos fundamentados en una razón buena y justa, cada uno debe estar alerta para no ser desviado ni en una dirección ni en otra; porque nada más fácil que pervertir una causa buena y justa, conforme a nuestra naturaleza viciosa, la cual experimentamos pedacito por pedacito. Dios nos habrá mostrado su gracia dándonos un buen caso, pero de igual modo seremos aguijoneados por nuestro enemigo para que no podamos controlarnos ni seguir sencillamente lo que Dios nos ordena sin añadir a ello de todas las formas posibles. Viendo entonces, que tan fácilmente se nos descarría, hemos de orar tanto más a Dios que cuando nos haya dado un buen caso nos guíe con toda simpleza por su Espíritu Santo para que no pasemos los límites que él nos ha trazado en su palabra. Por otra parte se nos amonesta a no aplicar la verdad de Dios a un mal uso; sería profanarla; como estos individuos que, si bien hablan palabras santas (como y lo hemos declarado, y como aún veremos en forma más completa), son sacrílegos; corrompen la verdad de Dios abusando de ella con falsedad, aplicando a un propósito malo lo que en sí es bueno y justo.

De modo que, cuando Dios nos haya hecho conocer su palabra aprendamos a recibirla con tal reverencia, que nunca la usemos para empañar lo bueno, ni hacer atractivo lo que es malo. Como muchas veces ocurre con los más inteligentes y los más sabios, que se dan rienda suelta abusando del conocimiento que Dios les ha dado, haciendo fraudes y malicias, trastornándolo todo, de modo que sólo se enredan a sí mismos. Viendo que el mundo es adicto a tales vicios, debemos orar tanto más que Dios nos dé la gracia de aplicar su palabra al uso que él quiere, es decir, a un uso puro y simple. En resumen, esto es lo que debemos observar.

Ahora, habiendo entendido de qué trata el libro, debemos considerar cosas más extensas de modo que podamos deducir lo que fue brevemente anunciado del desarrollo de la narración. Dice: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). No podemos ni sabemos cómo adivinar cuándo vivió Job. Solamente se percibe que fue en tiempos muy remotos. Algunos judíos incluso han opinado que Moisés fue el autor del libro, y que dio este ejemplo al pueblo para que los hijos de Abraham, descendientes de su raza, supieran que Dios había mostrado gracia a personas ajenas a este linaje, para avergonzarlos cuando no anduvieren con pureza en el temor de Dios; para que vieran que este hombre que no había recibido la señal del pacto, que no había sido circuncidado y era pagano, se conducía tan bien. Ahora, puesto que no hay absoluta certeza a este respecto debemos dejarlo en suspenso. Tomemos en cambio aquello, de lo cual no hay dudas, es decir, que el Espíritu Santo ha dictado este libro para el siguiente propósito: que los judíos supieran que Dios tuvo personas que aunque no habían sido separadas del resto del mundo, y aunque no habrían recibido la señal de la circuncisión, no obstante le sirvieron viviendo con toda pureza. Sabiendo esto, los judíos habían tenido la oportunidad de ser tanto más cuidadosos en observar la ley de Dios, y puesto que él les había mostrado su gracia dándoles el privilegio de escogerlos de entre todas las naciones ellos debían dedicarse enteramente a él.

En el libro de Ezequiel (14:14) también se percibe que el nombre de Job tenía renombre en el pueblo de Israel; porque hemos visto que en el versículo 14 dice: “…si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas”. Aquí el profeta habla de tres hombres, como de personas ciertamente conocidas y renombradas entre los judíos, tal como ya lo hemos mencionado. Vemos entonces el propósito del Espíritu Santo, es decir, que los judíos tuvieran un espejo y un patrón para reconocer de qué manera debían observar la doctrina de la salvación que les había sido dada, ya que este hombre, un extranjero, se había preservado en tal pureza. Y esto es lo principal que hemos de retener del nombre mencionado aquí, cuando se dice que era de la tierra de Uz. Por cierto, algunos ubican esta tierra más bien en el este; pero en las Lamentaciones de Jeremías (4:21) la misma palabra es usada para indicar una parte de Edom. Sabemos que los edomitas eran descendientes de Esaú. Es cierto que todavía conservaban la circuncisión, pero por lo mucho que se habían alejado de la iglesia de Dios ya no les quedaba señal alguna del pacto. Entonces, si aceptamos que era de Uz, Job era un edomita del linaje de Esaú. Ahora bien, sabemos lo dicho por el profeta (Malaquías 1:2), que si bien Esaú y Jacob eran hermanos mellizos, de una misma matriz, Dios en su pura bondad había escogido a Jacob y rechazado a Esaú a quien maldijo junto a todo su linaje. Así es cómo el profeta lo expresa para magnificar la misericordia de Dios hacia los judíos; les muestra que los había escogido, no por alguna dignidad propia a sus personas, haciéndoles ver que había rechazado al hermano mayor de Jacob, a quien correspondía la primogenitura, y que, en cambio, había escogido al menor e inferior. Entonces, aunque este hombre era descendiente del linaje de Esaú, vemos, no obstante, en qué integridad vivió, y cómo sirvió a Dios, no solamente conversando con rectitud y equidad, sino teniendo una religión pura, no contaminada con las idolatrías y supersticiones de los incrédulos.

En cuanto al nombre “JOB” es cierto que algunos lo traducen como “llorando” o “lamentando”; pero otros lo interpretan como “un hombre de enemistad”; no significando que haya odiado, sino que era como un blanco al cual se podía disparar. No hemos de dudar que este hombre, cuyo país figura aquí, cuyo nombre se expresa, fue real y que verdaderamente vivió, y que las cosas escritas aquí realmente ocurrieron; para que no pensemos que este es el argumento compuesto por un hombre, que como bajo un pseudónimo nos propone cosas aquí que nunca ocurrieron. Ya hemos presentado el testimonio de Ezequiel y el de Santiago, quienes muestran que Job existió, y aunque la historia lo declare [lo contrario nota del Trad. al castellano], no debemos borrar lo que el Espíritu Santo quiso decir en forma tan notable.

Además hemos de notar con respecto a aquella época que si bien el mundo estaba alejado del verdadero servicio a Dios, y de la religión pura, no obstante había mucha más integridad que hoy, incluso en el papado. En efecto, vemos que desde el tiempo de Abraham, Melquisedec conducía la iglesia de Dios y los sacrificios, los cuales o estaban contaminados. De manera que si bien la mayor parte del mundo estaban contaminados. De manera que si bien la mayor parte del mundo estaba envuelta en muchos errores, en falsas y malvadas fantasías, no obstante, Dios se había retenidos por la pura verdad, esperando, ciertamente, que Dios estableciera su iglesia y escogiera a un pueblo, esto es a los sucesores de Abraham, para que supieran que habían sido separados del resto del mundo. Ahora, es totalmente cierto que Job vivió en una época en que la iglesia de Dios todavía no estaba tan desarrollada como lo estuvo después; sabemos que aparentemente los hijos de Israel, mientras vivían en Egipto, habían de ser aniquilados. Incluso vemos a qué extremos llegaron finalmente cuando Faraón ordenó la muerte de los varones; y en el desierto todavía pareciera que son rechazados por Dios; habiendo llegado a la tierra de Canaán tuvieron grandes luchas contra sus enemigos, e incluso el servicio de Dios no es establecido todavía, ni tampoco el tabernáculo, como se hubiera requerido.

Dios, no habiendo establecido aún una forma de iglesia visible, quiso que siempre hubiese una pequeña simiente entre los paganos para ser adorado por ella, y también para condenar a aquellos que, como los paganos, se habían apartado del verdadero camino; porque Dios no necesitó sino a Job para que sea juez de toda una nación. Así también Noé es juez de todo el mundo para condenar a los incrédulos y rebeldes. Así fue como Job condenó al mundo, según la Santa Escritura lo describe, porque sirvió a Dios con pureza, mientras que otros que lo habían olvidado estaban llenos de impurezas, infamias y de muchos errores: y ello sucedió porque la gente no quiso reconocer a Aquel que es el verdadero y viviente Dios, ni entender cómo y de qué manera quería ser honrado; pero Dios siempre consideró que (como ya he dicho) los malvados e incrédulos debían de ser considerados inexcusables. Por eso quería siempre que hubiese algunas personas que siguieran a los Padres antiguos. Ese era Job, según nos lo presentan las Escrituras, y la narración nos muestra bien con qué pureza sirvió a Dios hablando entre los hombres con toda rectitud. Dice aquí “era este hombre perfecto.”1

Ahora bien, en las escrituras esta palabra es usada en forma general indicando que no hay falsedad ni hipocresía en un hombre, sino que exteriormente se ve lo que hay en el interior, y que no se conserva un lugar en el fondo para apartarse de Dios, sino que expone su corazón y todos sus afectos, sin otra aspiración que la de consagrarse a Dios y dedicarse enteramente a él. Esta palabra1 ha sido traducida como “perfecto” tanto por griegos como latinos; pero puesto que posteriormente la palabra “perfección” tuvo un uso impropio ahora es mucho más preferible usar la palabra “integridad.” Porque muchas personas ignorantes, desconociendo el sentido de esta perfección, han pensado, “Aquí hay un hombre que se describe como perfecto, de lo que se deduce que podemos ser perfectos por nosotros mismos, mientras andamos en esta vida.” Han empañado la gracia de Dios de la cual siempre tenemos necesidad; porque aquellos que desean haber andado en suprema rectitud, aun necesitan tener su refugio en la misericordia de Dios; porque si sus pecados no les son perdonados, y si no son sostenidos por Dios, he aquí, todos perecerán.

Entonces, tenemos aquí a Job llamado “integro.”1 ¿Cómo? Porque no había hipocresía ni falsedad en él, porque no era de doble corazón; porque la escritura, cuando desea referirse a lo opuesto a la virtud de la integridad habla de “corazón” es decir, de “doble corazón.” Notemos entonces, en primer lugar, que este título se atribuye a Job para destacar que era de un afecto puro y simple, y que no miraba con un ojo destacar que era de un afecto puro y simple, y que no miraba con un ojo a un lado y con el otro, a otro; que no servía a Dios a medias sino que trataba de entregarse enteramente a él. Es cierto que nunca alcanzaremos tal integridad que lleguemos a esa meta, lo cual sería de desear; porque los que siguen el buen camino aun cojeando por él, siempre débiles se arrastran con alas caídas. Esto pues, es lo que nos ocurre mientras estemos sujetos a este cuerpo mortal, hasta que Dios nos haya librado de todas estas miserias, a las que estamos atados, no alcanzaremos, como hemos dicho, una integridad perfecta. Sin embargo, debemos llegar a esta sinceridad, y debemos renunciar a toda pretensión y falsedad.

Además notemos que la verdadera santidad comienza en el interior; aunque en el mundo tengamos la mejor apariencia ante los hombres, y aunque conduzcamos nuestras vidas tan bien que todo el mundo nos aplauda, si no tenemos esta sinceridad e integridad ante Dios de nada nos servirá. Porque la fuente tiene que ser pura para que las aguas bajen puras; de lo contrario el agua aunque sea clara, sin embargo tendrá sabor amargo, o estará contaminada de alguna otra manera. Entonces, siempre hemos de comenzar por lo que está establecido, esto es: “Dios desea ser servido en espíritu y con sinceridad de corazón” como dice en Jeremías (5:2).2 Entonces, en primer lugar hemos de aprender a sujetar nuestro corazón a ser obediente a Dios.

Ahora, una vez que Job fue llamado “entero”1 también dice que fue “recto”; esta rectitud está referida a la vida que llevó, la cual era fruto de esta raíz que el Espíritu Santo había plantado previamente. Entonces ¿fue recto y entero el corazón de Job? La vida de Job era sencilla, es decir, andaba y vivía con sus vecinos sin hacer daño a nadie, sin herir o molestar a ninguno, sin ponerse a pensar en fraudes o malicias, sin buscar su propio beneficio a expensas de otro. Este es entonces, el significado de la “rectitud” que se agrega aquí. Ahora bien, con ello se nos amonesta a que haya armonía entre el corazón y los sentidos externos. Es cierto (como ya he dicho) que podemos abstenernos de hacer el mal y bien podemos tener una buena apariencia ante los hombres, pero de nada nos servirá si examinando la raíz que está en nuestro corazón notamos hipocresía y fingimientos ocultos ante Dios. Entonces ¿qué nos hace falta? Que comencemos, como he dicho, con esa punta. Por lo tanto, para ser íntegros, los ojos y las manos, y los pies y los brazos, y las piernas tienen que responder, porque con toda nuestra vida declaramos que anhelamos servir a Dios y que no es en vano nuestro testimonio3 de querer ser íntegros en nuestro interior.

Y es por eso también que San Pablo exhorta a los Gálatas (5:25) que si vivimos por el Espíritu de Dios debe morar en nosotros y que debe gobernarnos; porque de nada serviría tener una vida hermosa, agradar a los hombres, y ser grandemente estimados si no somos renovados por la gracia de Dios. ¿Y después qué? Hemos de andar, es decir, debemos mostrar con hechos y con nuestras obras que el Espíritu de Dios reina en nuestras almas; porque si nuestras manos están contaminadas ya sea por hurtos o crueldades u otros daños si tenemos los ojos infectados de miradas malas e inmodestas, codiciando los bienes de otros, o si somos orgullosos y nuestros pies corren vanidosos al mal (como dice en las escrituras) estaremos demostrando que el corazón está lleno de malicia y corrupción; porque no hay pies, ni manos, no ojos que se manejen solos; la dirección proviene del Espíritu y del corazón. Entonces, aprendamos a tener la armonía que nos enseñan aquí las escrituras diciendo “Job, teniendo esta integridad y sinceridad, también vivía rectamente” es decir, que conversaba con sus vecinos sin causarles daño, sin buscar su propio provecho, sino conduciéndose en equidad con todo el mundo.

Dios quiere probarnos también en este asunto: quiere ver si le servimos o no con fidelidad; no es que necesite de nuestro servicio, o de todo aquello que podamos hacer por él; pero si hacemos el bien a nuestro prójimo y somos leales unos a otros, como incluso la naturaleza nos lo enseña, entonces estaremos dando testimonio de nuestro temor a Dios. Veremos a muchos a quienes tendremos por muy celosos mientras sólo se trate de discutir y sostener muchas conversaciones con el propósito de afirmar que estudian cómo servir y honrar a Dios; pero tan pronto tienen que tratar con sus vecinos, demuestran lo que hay en su corazón, porque buscan su propia ventaja, sin que les pese llevar agua a su propio molino, engañando cuando tienen el poder de hacerlo por todos los medios a su alcance. Entonces, aquellos que buscan su ventaja y provecho -que sin duda son hipócritas y tienen su corazón corrompido- por muy excelentes zelotes que sean, Dios declara que en su corazón sólo hay inmundicia y veneno. ¿Y por qué? Si hay sinceridad es necesario que también haya rectitud, es decir, si en el interior el afecto es puro, al conversar con las personas procuraremos el bien de cada una, sin ser adictos a nosotros mismos y a nuestros intereses particulares, sino que tendremos la equidad que Jesucristo declaró ser la regla de la vida y la suma total de la ley y los profetas, esto es, que a nadie hagamos excepto lo que queremos que se nos haga a nosotros.

Notemos entonces que en esta alabanza a Job muchas personas son condenadas por la declaración del Espíritu Santo de que este hombre no solamente era íntegro ante Dios, sino recto y sincero entre los hombres. Esta sinceridad que el Espíritu Santo destaca, testificará y sentenciará condenación para todos aquellos que están llenos de malicia, para aquellos que solamente pretenden apropiarse de las pertenencias de otros. Tales personas son condenadas por esta palabra.

Ahora sigue diciendo, “Y era este hombre temeroso de Dios y apartado del mal.” Además, si Job fue alabado por haberse conducido recta y equitativamente entre los hombres, era totalmente imprescindible que también haya andado delante de Dios; porque sin esto, el resto de nada sirve. Es cierto que no podemos vivir con nuestros semejantes (como ya lo he dicho) sin hacer mal a ninguno, procurando el bien de todos, si no nos acordamos de Dios. Porque aquellos que siguen su naturaleza, aunque quizá tengan hermosas virtudes (aparentemente) están, a pesar de ellas, preocupados consigo mismos, competidos únicamente por la ambición o alguna otra consideración, de modo que toda apariencia de virtud, es contaminada por esto. Pero aunque no seamos capaces de alcanzar esta rectitud sin temer a Dios, hay aquí dos cosas distintas: (1) servir a Dios, y (2) honrar a nuestro prójimo. También Dios las ha diferenciado en su ley cuando quiso que fuesen explicadas en dos tablas. Notemos entonces que poniendo ante nosotros la palabra “rectitud” el Espíritu Santo quiso declarar cómo se condujo Job entre los hombres; del mismo modo cuando dice: era “temeroso de Dios” quiso destacar la religión que había en él.

Ahora bien, con esto se nos amonesta que para gobernar bien nuestra vida, debemos acordarnos de Dios y luego de nuestros semejantes; acordémonos de Dios, digo, para entregarnos a él, para rendirle el homenaje que se merece; acordémonos de nuestros semejantes para ser conscientes de nuestra responsabilidad hacia ellos y para ayudarles, según somos amonestados, a vivir equilibrada y rectamente; ya que Dios nos ha unido, que cada uno esté atento de usar todas sus facultades para el bien común de todos. Esa es la forma en que debemos acordarnos tanto de Dios como de los hombres, a efectos de conducir bien nuestras vidas. Porque el que solamente se considera a sí mismo ciertamente sólo tiene vanidad en sí; porque si una persona quiere ordernar7 su vida de modo que a los ojos de los hombres no haya defectos en ella, y si Dios la desaprueba, ¿de qué le habrá servido tanto esfuerzo para andar de modo que todos la magnifiquen? Ante Dios solamente habrá corrupción, y las palabras escritas por San Lucas (16:15) tendrán que ser cumplidas: “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.” Notemos entonces que nunca seremos capaces de ordenar adecuadamente nuestra vida si no tenemos los ojos puestos en Dios y en nuestros semejantes. ¿Por qué en Dios? Para que podamos saber que fuimos creados para gloria suya, para servirle y adorarle; pues aunque no tenga que tratar con nosotros como nuestros semejantes, tienen que tratar con nosotros, y aunque esto no le vaya ni le venga, no obstante, él quiere tener criaturas razonables, que le reconozcan y qué, habiéndole reconocido, le agregan a él lo que es suyo.

Además, cuando se habla del temor a Dios, notemos que no se trata de un temor servil (como se lo llama) sino de rendirle el honor que le debemos, puesto que él es nuestro Padre y Señor. ¿Hemos de temer a Dios? Ciertamente, sólo debiéramos querer honrarle y ser totalmente suyos. ¿Vamos a reconocerlo? Debemos hacerlo conforme a los atributos que él declara ser suyos, es decir, es nuestro Creador, es nuestro Sustentador, aquel que nos muestra tal bondad paternal que indudablemente seremos sus hijos si no queremos ser demasiado desagradecidos con él. También tenemos que reconocer su señorío y superioridad sobre nosotros, para que rindiéndole el honor que le debemos, cada uno de nosotros aprenda a agradarle en todo y por todo. Es así cómo, bajo la palabra “temor de Dios” está comprendida toda la religión, es decir, todo el servicio y homenaje que las criaturas deben a su Dios. Ahora bien, en Job fue una virtud muy excelente temer a Dios siendo que todo el mundo se había apartado del verdadero camino. Al oír esto aprendamos que no tendremos excusa aunque andemos entre los peores parias del mundo, de no estar entregados al servicio de Dios como debemos estar.

Ahora, debemos destacar esto porque muchas personas creen que por estar entre espinos están absueltas y totalmente excusados; y si después se corrompen y vuelven a echarse con los lobos (según dicen ellos), eso no importa, porque Dios les perdonará. Al contrario, aquí está Job, descrito como temeroso de Dios. ¿En que país? No es en Judea, ni en la ciudad de Jerusalén; no es en el templo, sino en un lugar contaminado, en medio de aquellos que se han pervertido totalmente. Y estando, pues, entre semejante gente, no obstante fue preservado, viviendo de manera de andar en pureza con sus semejantes, aunque todos ellos estaban llenos de crueldades, ultrajes, pillaje, y cosas semejantes. Notemos que esto volverá a ocurrimos, y la vergüenza será tanto mayor si de nuestra parte no consideramos cómo guardarnos puros para el servicio de Dios, y para nuestro semejante, cada vez que él nos da la ocasión, como la que tenemos ahora, es decir, que la palabra de Dios nos es predicada diariamente8 para ser exhortados y para ser corregidos cuando hemos fallado. Entonces, ciertamente, debemos estar atentos a lo que aquí se nos muestra.

Ahora, en conclusión notemos bien lo que aquí se agrega al texto ” 7 era este hombre…apartado del mal.” Porque es así cómo este hombre superó todas las dificultades y batallas que le podían haber impedido servir a Dios y vivir rectamente entre los hombres; él mismo se recordaba que sabía bien que si se hubiera permitido hacer lo que los otros hacían, habría sido un hombre completamente vicioso y se habría convertido en enemigo de Dios. Entonces Job no anduvo con tal sinceridad e integridad en el temor de Dios sin tener muchas luchas, sin que el maligno tuviera la intención de pervertirlo y llevarlo a todas las corrupciones del mundo; pero él se apartó del mal, es decir, se abstuvo. ¿Qué entonces, hemos de hacer nosotros? Aunque estemos en la iglesia de Dios, veremos muchos males; y nunca habrá tal sinceridad o pureza (aunque debiera haber) que quedemos libres de estar mezclados entre muchos engañadores corruptos, que como emisarios del infierno, pestes mortíferas, lo infectan todo.

Debemos entonces, mantenernos en guardia, viendo que hay grandes escándalos y todo tipo de lascivia, las que nos corromperían inmediatamente. ¿Qué hemos de hacer entonces? Debemos apartarnos del mal, es decir, debemos luchar contra tales asaltos siguiendo el ejemplo de Job; y cuando veamos que muchos vicios y corrupciones están gobernando al mundo, aunque tengamos que estar mezclados entre ellos, no debemos aullar con los lobos; más bien debemos seguir el consejo del ejemplo de Job apartándonos del mal, y apartándonos de tal modo que Satanás no pueda por medio de todas las tentaciones que pondrá ante nosotros para que nos rindamos, lograr nuestra entrega; debemos permitir en cambio, que Dios nos limpie de todas nuestras inmundicias y males como nos lo ha prometido en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hasta que nos haya limpiado de las manchas y corrupciones de este mundo, para reunimos con sus ángeles y hacernos partícipes de la eterna felicidad a la cual debemos aspirar ahora. Ahora nos presentaremos ante el rostro de nuestro Dios.

NOTAS DELTEXTO

SERMÓN NO. 1

*De Calviní Opera, Corpus Reformatorum. V. 33, pp. 21-33.

  1. Francés: entier.
  2. Pienso que Calvino se refiere a Jeremías 3:10 y Juan 4::24.
  3. Latín: protestamur, somos testigos.
  4. Proverbios 1:16.
  5. Tobit 4:15. “Y lo que Tú mismo odias, no lo hagas al hombre.” Compare también Mateo 7:12

y  Lucas 6:31.

  1. Francés: regler, conducir, regular, ordenar, establecer.
  2. Francés: ordonner, ordenar, reunir, asignar, conducir en base a una convicción establecida o

un propósito deliberado.

  1. Los 159 sermones sobre Job fueron predicados diariamente, en días de semana, 1554-1555.