Recordando Nuestro Quehacer Pastoral

15) Recordando Nuestro Quehacer PastoralRecordando Nuestro Quehacer Pastoral

Por Jon Herrin, Pastor,

Primera Iglesia Metodista de Rio Grande City, Texas.

(Adaptado de una predicación en el culto de graduación del Seminario Metodista Juan Wesley, Junio 2012.)

1En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por Su manifestación y por Su reino te encargo solemnemente: 2 Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha (toda) paciencia e instrucción. 3 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, 4 y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos (a las fábulas). 5 Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio.

II Timoteo 4:1-5, NBLH

En esta carta, Pablo está escribiendo unas palabras a su hijo espiritual, a un pastor joven, para ayudarlo a seguir el camino de fe y a cumplir su llamado. También, palabras para nosotros hoy en día para recordarnos de nuestro quehacer, nuestra tarea, como pastores y lideres en la Iglesia.

“Predica la palabra.”  Nosotros hoy en día automáticamente entendemos ‘la Palabra’ como ‘la Biblia.’ Pero, aquí Pablo indica mucho más—porque en el tiempo de escribir ésta carta no existía la Biblia…ni aun el Antiguo Testamento como un libro.  En el Nuevo Testamento, ‘la Palabra’ refiere la mayoría del tiempo al mismo término ‘Palabra’ que encontramos en Juan 1:1 (allí traducido al español como ‘el Verbo.’)  La Palabra, el ‘Logos,’ refiere a Jesucristo en sí mismo.  Entonces, el primer consejo de Pablo a su hijo—y a nosotros—es ‘¡proclame a Cristo!’

“Insiste a tiempo y fuera de tiempo”…es un llamado a quedar firme en nuestro intento. Debemos persistir en ser fiel a nuestro llamado si en el momento nos conviene o no, si sea oportuno o no. Debemos entender que nuestra vocación, nuestro ‘trabajo,’ no termina cuando salimos del púlpito. Somos pastores en el templo, en los negocios, en las calles. Es cuestión de integridad—somos pastores cristianos todo el tiempo.

“Amonesta, reprende, exhorta con mucha (toda) paciencia e instrucción.” Aquí, Pablo nos llama a una vida de equilibrio. Debemos cumplir nuestros quehaceres con mucha paciencia e instrucción. Interesantemente, el griego que se traduce ‘instrucción’ no se refiere a las palabras sino a las acciones. Instruimos por medio de nuestras acciones, nuestro estilo de vida. En palabra y en acciones, debemos vivir como ejemplos de la fe. Como dijo San Francisco, “Predique la Palabra en todos momentos; use palabras si es necesario.”

3Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, 4 y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos (a las fábulas).”  “Sana doctrina.”  ¡Interesante, no!  Sí, mis hermanos, esto es muy importante porque ya vemos movimientos hacia el error en nuestros propios países y en nuestras propias iglesias.  Somos Cristianos—gente del Nuevo Testamento, el nuevo pacto en Cristo Jesus.  Él y Su mensaje debe ser nuestro mensaje.  Somos metodistas—una gente de gracia, una gente que trata de vivir e involucrarse en un ministerio y evangelismo de palabras y de obras. Actualmente encontramos pastores, líderes e iglesias experimentando con o ya practicando doctrinas falsas de prosperidad, legalismo, espiritismo.  Sana doctrina, hermanos—somos metodistas. Tenemos una doctrina claramente expresada en nuestra Disciplina. Nuestro llamado es fundamentar el corazón de las personas en Cristo Jesús, en Su Palabra y en Su Obra, no en nosotros mismos o nuestras opiniones. Debemos predicar y practicar una doctrina Cristiana, bíblica, metodista. Si alguien no está contento en el rebaño metodista, él o ella debe busca otro pasto, por favor; no trate de corromper lo que tenemos para agradarte a ti mismo. Debemos estudiar nuestra doctrina, predicar nuestra doctrina y practicar nuestra doctrina. Si lo hacemos, vamos a ver una iglesia fuerte, con un fundamento sólido.

“Pero tú, sé sobrio…” Sé prudente.  Mantén el equilibrio entre corazón y cerebro. Toma decisiones cuidadosamente…pero toma decisiones. No sea un pastor o pastora sin espinazo.

“…Sufre penalidades…” ¡Ya Pablo sabía de los comités de la iglesia! (ja,ja.) En serio, el sufrimiento es parte de la vida. Nuestro Señor nos lo prometió (Mateo 5:10-12), que si le seguimos a Él vamos a sufrir. Pero debemos sufrir nuestra integridad…no por nuestra necedad. Sufre por hacer lo que es correcto, digno y vale la pena. Por eso, debemos elegir cuidadosamente nuestras batallas—no todos asunto merece una guerra.

“…Haz el trabajo de un evangelista…”  Por Dios, proclame el evangelio…las buenas nuevas… las buenas noticias del amor, del perdón, de la gracia de Dios.  Cuando los hermanos salen de nuestras servicios/cultos, no deben sentirse golpeados… deben salir refrescados, renovados por oír las buenas noticias de Dios.

“…Cumple tu ministerio….”  En un tiempo pasado, una iglesia reconoció la obra de Dios en tu vida. Un obispo te encargó el cuidado de una congregación de creyentes y un área geográfica (una parroquia) en donde debes brillar como la luz de Dios. Nuestro trabajo, hermanos, es para estar en las vidas de los demás… en las calles de nuestras parroquias… mientras vivimos una vida cristiana, cuidando de nosotros mismos y a nuestras familias. Nuestro ministerio es proclamar las buenas nuevas de Dios en Cristo Jesús, es enseñar la gente de nuestro rebaño, es vivir vidas de gracia ante la gente en la comunidad, es amar como Dios nos ama.

La vida ministerial sí puede ser un cargo. Tiene sus dificultades. Hay momentos en cuando nos sentimos sumamente aislados, malentendidos.  Podemos enfocarnos en los pocos aspectos negativos,  o podemos enfocarnos en nuestro llamado por Dios.  La vida ministerial es una aventura—tenemos la oportunidad única de participar en la gran misión de Dios hacia al mundo; tenemos parte en crecer y levantar Su Iglesia, en buscar e invitar a los incrédulos y los perdidos a conocer y experimentar el amor y gracia de Dios en Cristo Jesús.

Siempre predico que nuestro Dios es un Dios de “segunda oportunidades”. Hoy podemos iniciar un capítulo nuevo en nuestras vidas.  Hoy comenzamos a escribir una historia nueva… una historia de aventuras, de gozo, de relaciones y riesgos, tomados por amor a Dios. Que sea una historia de pasión, de risas, de lágrimas, de buenas bienvenidas y despedidas, de éxitos, de retos, de metas. Más que todo, espero que nuestras vidas sean historias de fidelidad a nuestro Dios y a Su llamado en nuestras vidas.

Que Dios nos bendiga y nos fortalezca, mis hermanos y hermanas pastores. Amen.

Jon Herrin