Pensamientos episcopales
TODA PRESENCIA SUPONE UNA AUSENCIA.
Toda inmanencia una trascendencia… La historia que cuenta Jesús, aquella donde habla del hombre del que han salido malos espíritus, demonios, en Lucas 11: 24. «Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré a mi casa de donde salí. 25 Y viniendo, la halla barrida y adornada. 26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero».
Nos revela que la «casa» como un símbolo y representación de la vida del hombre, debe y puede ser libre y estar «barrida y adornada». PERO, esto no significa que esté llena. El hombre por naturaleza es inclinado hacia el mal, está contaminado, torcido, desordenado, sus pasiones le sobrepasan, creando cotos de poder del enemigo dentro de nosotros, de los cuales debemos ser liberados; PERO inmediatamente debemos llenarlo. ¿Llenarlo de qué? Necesitamos la Presencia de Jesús, él dice: «estoy tocando la puerta de tu corazón, si la abres entraré a ti»; y necesitamos la presencia del Espíritu Santo, porque donde esta él, hay LIBERTAD, hay algo que en doble AA, le llaman substitución, esta es una ley espiritual, la ausencia de Cristo y del Espíritu Santo, suponen la presencia del diablo, de tu carne y del mundo; pero la Presencia de Dios y su Espíritu, supone la ausencia y destierro de ellos, substituimos estas cosas que pensábamos que nos llenaban y realizaban, de tal manera que cuando regrese el espíritu malo…vea la casa barrida, arreglada y HABITADA POR DIOS.

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