Evidencias de la Resurrección de Jesucristo

14. Evidencias de la resurrección de JesucristoEvidencias de la Resurrección de Jesucristo

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¡Gloria a Dios! ¡Jesucristo resucitó! ¡Jesucristo vive, y los cristianos alabamos a Dios por ello! La resurrección de Jesucristo es un hecho histórico y no una fábula, un cuento de hadas, o el producto de una mitología. No es el invento de la mente engañada, enferma, o mentirosa de un pseudo-profeta o falso cristo o mesías mentiroso. ¡Es un hecho histórico!

La Biblia dice: A los apóstoles que había escogido, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días, antes de ascender al cielo. Y es que Dios consideró uno de los asuntos más importantes de la vida y ministerio de Jesucristo, el que no quedara la más mínima duda de su resurrección corporal.

Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, escribió: Además les declaro, hermanos, el evangelio que les he predicado, el cual también recibieron y en el cual, si también perseveran, son salvos, si no creyeron en vano. Porque primeramente les he enseñado que Cristo murió por nuestros pecados y fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.

¿Cómo dicen algunos entre ustedes (como los saduceos), que no hay resurrección de muertos? Pues si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó, y si Cristo no resucitó, entonces somos falsos testigos de Dios, y nuestra predicación y fe es vana, aún estamos en nuestros pecados, y somos los más dignos de conmiseración (de lástima), de todos los humanos. 

Una de las diferencias más trascendentales entre las demás religiones, propuestas por todos los líderes, falsos mesías y profetas y el cristianismo, es que mientras todos ellos al final de cuentas, fueron vencidos por la muerte y comidos de gusanos, convirtiendo así sus ofertas de una vida después de la muerte en vil mentira, Jesucristo, fue el único que resucitó.

Por mucho que digan que se parecen y que creen en el mismo Dios (como los musulmanes), una religión que no predica a Jesucristo como su Gran Dios y Salvador que murió; pero que también resucito con un cuerpo glorificado, sin relación con el pecado, eterno, visible, palpable y capaz de ascender al cielo, no es trascendental ni capaz de ofrecer vida eterna.

Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre (Adán), también por un hombre (Jesucristo), vino la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán (por la herencia adámica recibida desde la concepción), todos mueren, también en Jesucristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias (el primogénito de los muertos, o sea, el primero de los engendrados o desarrollados en el vientre materno que resucitó); luego los que son de Cristo, en su segunda venida (en la resurrección de los salvos); y luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre y destruya el postrer enemigo que es la muerte.

Así, Jesucristo quien es el Creador, anterior a todas las cosas que por Él subsisten, es la cabeza del cuerpo que es la iglesia y el primogénito de entre los muertos (el primero que, a diferencia de Lázaro y los demás que resucitaron y resucitan para volverse a morir), que resucitó con cuerpo glorificado e inmortal e inmarchitable, para que en todo tenga la preeminencia. 

Porque, aunque fue crucificado en debilidad, resucitó y vive por el poder de Dios, para que también nosotros que somos débiles en Él, seamos resucitados incorruptibles, con Él por el poder de Dios. Jesucristo dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Los evangelios, que son considerados documentos históricos de indiscutible autenticidad, relatan las siguientes evidencias de la resurrección de Jesucristo. Primero, dicen que hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor removió la piedra que tapaba la tumba y se sentó sobre ella; y de miedo de él, los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 

Luego, dice que, habiendo resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios, y después a María, la madre de Jacobo (el apóstol Santiago, hermano de Juan apóstol), a Salomé y las otras mujeres que fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado.

 

A ellas, el ángel dijo: No teman. Sé que buscan a Jesús, quien fue crucificado; pero ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? Cristo ha resucitado, tal y como profetizó, que era necesario que resucitara al tercer día. Vayan de prisa y digan a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos. Y que he aquí, va delante de ustedes a Galilea, y allí le verán.

 

Luego se manifestó a dos discípulos (uno de ellos, llamado Cleofas) rumbo, a Emaús a quienes les dijo que era necesario que se cumpliera en Jesucristo todo lo escrito de Él en los escritos de Moisés, los profetas y los salmos, y que el Cristo padeciera, resucitara y entrara en su gloria. Luego, lo reconocieron al partir el pan y fueron a darles las nuevas a los apóstoles.

Entonces, Pedro se levantó y corrió junto con Juan, al sepulcro, donde entrando, vieron los lienzos solos y el sudario que había estado sobre su cabeza, doblado en un lugar aparte, y dijeron a los apóstoles: ¡Verdaderamente el Señor ha resucitado! Y mientras hablaban estas cosas, Jesús, en ausencia de Tomás, se puso en medio de los apóstoles y les dijo: “Paz a ustedes.”

Entonces ellos, aterrorizados, pensaban que veían un espíritu. Pero Él les dijo: Miren mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpen y vean, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo. Y al decir esto, les mostró las manos y los pies. Y les dijo: ¿Tienen aquí algo de comer? Entonces le dieron un pedazo de pescado asado y lo tomó y comió. 

Ocho días después, estando Tomás presente, quien había dicho: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Fue entonces que Jesús le dijo: Pon aquí tu dedo, mira mis manos y mete tu mano en mi costado, y no seas incrédulo, y Tomás dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!

Luego, se manifestó otra vez a unos siete de sus discípulos (incluyendo los hijos de Zebedeo, Pedro, Juan, Tomás, Natanael y otros dos), junto al mar de Tiberias (Galilea) cuando hizo que tuvieran otra pesca milagrosa (más de 153 peces grandes), y cuando habiéndolo reconocido y reunido con Él, Jesús les compartió pan y un pescado que Él había asado. 

También se mencionan en el nuevo testamento, las manifestaciones de Jesucristo a Esteban en visión, durante su martirio, a Juan el apóstol en la isla de Patmos, durante su visión apocalíptica, y a Pablo, mientras viajaba rumbo a Damasco. 

Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, resume las evidencias del hecho histórico de la resurrección de Cristo así: Jesucristo resucitado, se manifestó a Cefas (Pedro), a los apóstoles, a Jacobo (Santiago), después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me manifestó a mí. 

La diferencia fundamental entre los líderes de todas las demás religiones y filosofías y Jesucristo es que Cristo resucitó y está vivo hasta ahora, a diferencia de los demás que, como mártires de su causa, murieron y permanecen en sus sepulcros. El cristianismo es superior a todos, porque Cristo resucitó. ¡Cristo vive! ¡Nuestro Señor y Dios, reina por siempre jamás!

Porque es necesario que Él reine hasta que ponga a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será destruido es la muerte. ¡Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor! Pues cuando esto corruptible y mortal se vista de incorrupción e inmortalidad, se cumplirá la palabra: ¡Sorbida es la muerte en victoria! ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria?

Pues el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Y gracias sean dadas a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Que el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, nos haga aptos en toda obra buena. AMEN.

Ernesto contreras