Respeto a la Vida Humana

4. Respeto a la vidaRespeto a la vida humana

Derecho a la vida.

La Corte Suprema británica ha autorizado al hospital Alder Hey de Liverpool a desconectar la tecnología que mantiene vivo a Alfie Evans, un bebé gravemente enfermo para quien sus padres quieren buscar ayuda en otro hospital o en otro país. Se repite en el Reino Unido un caso como el de Charlie Gard, el bebé de once meses que conmovió al mundo en 2017, y hasta el Papa Francisco ofreció para él cuidados en un hospital del Vaticano.

Ahora, es Alfie Evans el niño condenado a muerte por una sentencia judicial que autoriza al hospital a desconectarle. Los padres apelaron a la Corte Suprema en busca de amparo para poder trasladar a su hijo a otro centro hospitalario –en Roma y Alemania habían aceptado recibir al pequeño Alfie Evans–, pero, la Corte ha decidido, en línea con los médicos del hospital de Liverpool, que la vida del bebé ya no tiene sentido. 

Por Juan María Piñero. 

(Hubo una petición activa en CitizenGO.org, dirigida a las autoridades del hospital Alder Hey, de Liverpool, para que permitan a los padres del bebé Alfie Evans trasladarlo a otro hospital, en busca de una segunda opinión médica y una esperanza de curar a su hijo. Más de 99.000 personas firmaron la petición). 

Debate sobre el aborto en Argentina.

Lo primero, gracias por vuestra información. Y lo segundo, quería aportar una somera reflexión con respecto al aborto y la reforma legal que está auspiciándose en Argentina, y que sigue el ‘ritornello’ –el mismo discurso– de todas las legislaciones abortistas. “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, el aborto como un derecho de la madre, etcétera.

Puesto que hablamos de discurso, quizá sería oportuno empezar por cambiar las palabras –cambiando el discurso–, y utilizar fórmulas que permitan enfrentar el debate con una cierta ventaja dialéctica. Por ejemplo: con relación al aborto, es hora de tomar la palabra a las feministas y empezar a hablar del aborto de género. 

El aborto es un maltrato de género -del género humano-, pero específicamente del género femenino. Cada año, en España, se abortan cincuenta mil niñas, hijas, mujeres. La mitad exacta y aritmética del total abortado 

Es frecuente defender la vida del “niño”, en masculino, en las organizaciones pro-vida. Sin embargo, y dadas las circunstancias, es hora de distinguir el género y defender la vida de los “niños” y de las “niñas”. Especialmente para enfocar a estas últimas, pues el aborto de género las impide nacer, y nadie habla de ellas. El aborto de género se cobra la vida de cincuenta mil mujeres cada año, al menos en España. No hay un maltrato femenino tan cruel. Recuerdo a todos y todas que el sexo se determina en la concepción del ser humano.

En este orden de cosas, el aborto de género es la expresión de la violencia perfecta: 

  1. Es violencia feminista, no machista.
  2. Es violencia occidental, no oriental o islámica.
  3. Es violencia aceptada socialmente, y legalmente protegida como un “derecho”. Hay un derecho a ser violento con un feto femenino. Derecho que se toman otras mujeres, en posición de fuerza. El aborto de género es la batalla, la guerra silenciosa, la cuota de violencia que se cobran muchas mujeres que dicen que las guerras las hacen los hombres.

La perversión de los tres puntos citados es tal, que el adjetivo feminazi probablemente se queda corto, para quien defiende este tipo de violencia. Y si alguna feminazi -todas ellas fueron embriones- dijera que no hay estadísticas, habría que responderle que las estadísticas no están para defender la ignorancia voluntaria y el crimen. Y que posturas como la suya -nosotras parimos, nosotras decidimos- favorece el exterminio de cincuenta mil hijas por año; 136 mujeres al día; 5,7 niñas cada hora… sólo en nuestro país. 

¡Toda una mujer abortada, en resumen, cada cuarto de hora! Y siguiendo la terrible equiparación que comienza por la madre aborta hija, mujer aborta mujer, prosigue con mujer contra mujer, y llega hasta mujer contra sí misma.

La maternidad no es un hecho asumido por el feminismo. Por eso lucha contra ella, la reconoce a regañadientes, la condena al ostracismo en algunos casos; en otros casos, apoya que mujeres aborten mujeres…

Horrible, y perfecto. Los sacrificios aztecas serían más espectaculares, pero no tan atinados; no tan refinadamente malignos como el crimen perfecto del aborto de género.

Saludos, Juan B.

 Los valores, desde México.

Aparte de este periódico digital, leo a diario ‘Religión en Libertad’ y, por medio de esas dos publicaciones cotidianas, me entero de lo que sucede principalmente en mi querida Madre Patria, España, y en otras partes del mundo.

Como en todo medio de comunicación, nos enteramos de cosas buenas y cosas malas; sin embargo, siento que esos dos medios externan lo que los medios tradicionales callan.

Sé muy bien que España no es el único país que está sumergido en una auténtica crisis de valores de todos tipos. Obviamente mi amado México no es la excepción, como tampoco hay excepción en muchos otros países Latinoamericanos, en los Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa.

Es precisamente en la pérdida de valores donde está la raíz de todos los acontecimientos que nos ha tocado vivir, con gran tristeza, dolor y preocupación de mi parte.

Las fuerzas del auténtico “oscurantismo” que ciegan a los eternos conspiradores que en estos tiempos han pretendido acabar con la humanidad (tal y como la conocemos) provienen principalmente de dos fuentes, la masonería y el socialismo ateo. En su odio e ignorancia, no saben esos ciegos que, de establecerse, el “nuevo orden mundial” también ellos terminarían por sucumbir. ¡Vaya paradoja!

Los valores a los que me refería tienen que ver de manera directa e importante con los cívico, lo político, lo económico y, principalmente, lo moral (en México solemos decir: “¿Con qué se come eso?”).

Al hablar de valores cívicos, me estoy refiriendo también a lo político por lo que debí expresar que en realidad ambos son la misma cosa. Como ya te lo he comentado, amigo mío, allá en los primeros años de la sexta década del siglo pasado, en las escuelas secundarias se impartía la asignatura de Civismo. Ignoro si actualmente eso ya desapareció del ámbito educativo, pero todo apunta a que así ha sido.

Lo primero que aprendí en esa clase de Civismo fue el amor a la Patria y a los símbolos patrios. A amar y a respetar a todas las personas (lo que tiene sus orígenes en el Cristianismo). Se nos enseñaba a obedecer y a respetar a la autoridad legítimamente constituida y, es más, nos teníamos que aprender de memoria los más importantes Artículos de la Constitución, el primero de ellos el derecho a la vida y a la libertad, entendida ésta no como ahora se ha distorsionado, cuando se pretende imponer una libertad que, en exceso, se vuelve un simple libertinaje y, lo que es peor, una libertad “condicionada” a intereses personales y económicos. 

En la clase de Civismo se nos enseñaba que todos teníamos derechos, pero también obligaciones.’ Es decir libertad con responsabilidad (“¿Con qué se come eso?”). Se nos enseñaba a respetar a nuestros padres y otros familiares, acudir a ellos para recibir cualquier tipo de orientación para mantener una sana relación con ellos y con los demás. Los niños y jóvenes siempre saludábamos y nos despedíamos de familiares y amigos. Solíamos decir “por favor” y “gracias”. La familia era el núcleo de la Sociedad. En torno a la familia giraban cosas verdaderamente importantes, especialmente lo relativo al respeto hacia la mujer y, con  mayor razón a la madre. Eran felices momentos donde convivíamos con abuelos, tíos, primos, padres y hermanos. Uno se refería al sexo de una persona como mujer y hombre y “género” solamente eran las telas. Ni siquiera por la mente de los desquiciados se pensaba en el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y mucho menos se hablaba de la nueva ideología de género, tratando de convertir en cuadrado a lo que siempre ha sido un círculo, o de pretender decir que el color azul es rojo.

La actual disgregación de la familia – el blanco preferido de los “progresistas”, “liberales”  e intolerantes de hoy – con el divorcio de por medio, las relaciones sexuales con el “novio” o la “novia” de turno, el desprecio a la vida humana – desde la concepción hasta la muerte natural – con el único delito legalizado que representa el aborto, el más cruel y cobarde de los asesinatos, es otro de los factores que han contribuido a que en este siglo XXI estemos contemplando la desaparición de la sociedad – como debe de entenderse perfectamente. 

Pero aún hay una cosa, o un factor, más importante para que eso esté sucediendo ante la pasividad y cobardía de los que solamente nos dedicamos a contemplar a esos enemigos del género humano, siendo ellos mismos humanos – o por lo menos lo parecen – actuar con toda la maldad posible. Me refiero a sacar a Dios de nuestras vidas, o proclamar que “Dios ha muerto”, para luego, como perfectos saduceos hipócritas de hoy y de siempre, muchos se desgarren las vestiduras por las cosas tan terribles que suceden, odio, violencia, venganza, exterminio y muerte.

Y es precisamente ese ataque a los valores morales (para no hablar de lo que atañe a lo espiritual – si Dios no existiese, tampoco existiría el alma, ¿no es así?) La pregunta es, ¿estamos en conciencia y en verdad transmitiendo esos valores a las generaciones de hoy?,  ¿ a los milenarios de hoy”. Obviamente habrá excepciones, pero con el rompimiento de la célula familiar, el olvido voluntario de valores cívicos y morales y -de nuevo- el olvido de Dios, ¿qué nos puede extrañar? ¿Qué debemos de esperar?

Es muy probable que algunas personas digan que soy muy pesimista, o que soy exagerado, o que vivo en otro planeta, donde pudiera existir “un mundo feliz”. También se puede argumentar que vivo en el pasado, o que “todas las épocas son iguales”. En lo personal yo no creo eso. Debo aceptar que en todo tiempo han existido personas malas y personas buenas, pero yo no vivo en siglos pasados, vivo en el “progresista” siglo XXI, hasta que Dios disponga otra cosa.

Ya pare terminar esos comentarios, amigo mío, doy nuevamente gracias a mi Señor Jesucristo de que existan medios digitales, como lo hemos mencionado al inicio de este escrito, que salen adelante defendiendo esos valores de los que hemos hablado. Gracias, amigos y colaboradores de Actuall, por saltar a la palestra y defender lo que nos puede sostener hasta el triunfo final, el Camino, la Verdad y la Vida.

Que Dios los bendiga,

Manuel Morales

  • Tomado de la publicación Actuall