¿Sólo con Proyectos de Ley Puede Reformarse la iglesia?

5. Sólo con Proyectos de Ley puede reformarse a la iglesia¿Sólo con Proyectos de Ley puede reformarse a la iglesia?

Por Pbro. Rubén P. Rivera

            En nuestra Iglesia Metodista de México cada cuatro años estamos invitados a producir proyectos de ley que mejoren las normas que rigen la vida y los procedimientos establecidos por nuestra Disciplina. A esta invitación responde un número aceptable de laicos y ministros que, sin embargo, son una minoría en relación con el total de los feligreses denominacionales.

            Pero es obvio que no todo puede mejorarse a base de proyectos de ley. Peor todavía si consideramos que son las costumbres las que eventualmente devienen en leyes. En nuestro caso hay muchos proyectos que proponemos como normas cuando no han pasado por el relativo largo proceso de prueba que demuestre la bondad de pasar a ser leyes. Otro error que cometemos es pretender que se apliquen nacionalmente algunas normas que han sido el resultado de problemas estrictamente locales y/o temporales que sólo afectan a unas pocas congregaciones y esto por un tiempo limitado, lo cual es totalmente improcedente.  Nuevamente nos encontramos en otra falla cuando pretendemos que las leyes produzcan la santidad o por lo menos un avivamiento. Con estos pocos ejemplos que podrían multiplicarse, es claro que no podemos esperar un resurgimiento espiritual del metodismo mexicano con la simple aprobación de algunos proyectos de ley, por buenos y correctos que éstos sean.

            No esperemos mejores tiempos para nuestra IMMAR si sólo depositamos nuestra confianza en la aprobación de buenos proyectos de ley. Si bien es cierto que las leyes son necesarias, no debemos olvidar que es más necesaria nuestra confianza y dependencia de Dios, quien a través del Espíritu Santo nos guiará a toda la verdad y producirá en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. Si queremos que nuestra Iglesia sirva realmente al Señor hemos de recordar que el verdadero servicio está no en lo que hacemos  por El Señor sino en lo que Él hace por medio nuestro; y  esto no es cosa de leyes sino de conversión  plena y auténtica de cristianos (no de “casi cristianos”, según predicó Wesley),  que no requieren de normas  para desear cumplir con la voluntad divina,  y al mover sus vidas en tal dirección se someten  al liderazgo del Espíritu el cual, por ende,  llevará a La Iglesia a un avivamiento que renovará las cosas según la voluntad del que hace “nuevas todas las cosas”.

            La afluencia de proyectos de ley no producirán una nueva vida en el metodismo, pero la oración profunda y la fe inquebrantable sí podrán mover las montañas de la apatía,  falta de compromiso y demás pecados que padecemos.

Es tiempo de orar como se debe y de manifestar la fe (que es obediencia), en El Señor que mantendrá en auténtica reforma a nuestra Iglesia.

Ruben Pedro Riv

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