
Servir a Dios por gratitud
Dr. Ernesto Contreras Pulido
¡Que bendición tan grande es ser cristiano! Hijos, siervos, ministros e instrumentos escogidos de único Dios verdadero, quien por su pura misericordia y otras razones que realmente no entendemos, entre miles de millones de perdidos que vagan por este mundo sin Dios, sin luz y sin esperanza, nos amó, nos buscó, nos invitó a recibir a Jesucristo y nos salvó. ¡Gloria a Dios!
No sabemos por qué nos escogió para que en vez de que viviéramos y pereciéramos creyendo en ídolos mudos sordos, e impotentes, de metal, piedra, yeso, tela o palos; o en falsos profetas y seudoredentores, mejor quiso que creyéramos y recibiéramos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, Señor, Maestro y Dios.
¡Que bendición tan grande es ser un miembro de la familia de Dios y de la nación santa y el pueblo que Dios adquirió para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable! Esto: Ser hijos, siervos, ministros e instrumentos útiles del Dios Altísimo, es lo necesario y trascendental en esta vida. Todo lo demás, la vida, la salud, la familia, el trabajo y las tareas encomendadas por nuestro Señor, son útiles y benditas añadiduras.
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