Iglesia 2.0

IGLESIA 2.0

Alan Sánchez Cruz

Agradezco a Dios la oportunidad de compartir una meditación más contigo. Si bien uno de los aspectos negativos de esta pandemia sería no poder convivir y estar cerca de nuestros hermanos de la iglesia local, la tecnología permite que el mensaje llegue a más lugares, a más personas, a más corazones.

Para iniciar, quiero leer el Salmo 121:1-3 en la traducción Dios Habla Hoy (DHH): “Al contemplar las montañas me pregunto: «¿De dónde vendrá mi ayuda?». Mi ayuda vendrá del Señor, creador del cielo y de la tierra. ¡Nunca permitirá que resbales! ¡Nunca se dormirá el que te cuida!”. Es fundamental que las y los creyentes tengamos nuestra seguridad en Dios, aquel que nos hizo -así como hizo los cielos y la tierra- y, cuando sintamos que aquella seguridad mengüe, regresemos a la Escritura y afirmemos: “Mi ayuda vendrá del Señor”.

A poco más de dos meses de encierro comienza a mostrarse en nuestros hogares desánimo, fatiga, la rutina nos aburre, etc. Si somos sinceros, hagamos labor de introspección y preguntémonos: ¿Cómo será realmente el regreso paulatino a la nueva normalidad y a nuestros templos? Hay quienes anhelan volver a las reuniones en sus templos, escuchar las predicaciones, cantar juntos, mientras a otros/as se les hace más cómodo pasar un domingo en casa, tener un devocional breve mientras escuchan la reflexión por Internet que el pastor o pastora prepararon. Si bien nuestra mentalidad tradicional nos llevaría a pensar que esto último está mal, el panorama que se ha planteado da cuenta de un estilo de vida que no propone un servidor sino la realidad que estamos experimentando ya.

Como se nos ha mencionado con anterioridad, pasará -tal vez- mucho tiempo hasta que toda la congregación se vuelva a reunir. Será necesaria una lista de familias que se reunirán, “un domingo sí, un domingo no”, por ejemplo. Para regresar a la nueva normalidad, son necesarias -como mínimo- dos herramientas: la tecnología y la creatividad. La primera herramienta nos obliga a considerar qué recursos tecnológicos existen en nuestras comunidades. Manipulamos mucho el papel, con los boletines, la Biblia, el himnario; habrá que limitar el uso de los mismos privilegiando, en lo posible, la Biblia, el himnario propios, y comenzar a digitalizarlos. Por supuesto, hay quienes no tienen celulares, así que será necesario que cada quién tome su Biblia, boletín e himnario para sí.

También está la herramienta de la creatividad que, diremos, viene de Dios. Génesis 1:1-5 dice:

“En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua. Entonces Dios dijo: «¡Que haya luz!» y hubo luz. Al ver Dios que la luz era buena, la separó de la oscuridad y la llamó «día», y a la oscuridad la llamó «noche». De este modo se completó el primer día”.

De acuerdo a esta porción de la Escritura, Dios mismo se tomó su tiempo. Poco a poco fue moldeando su creación hasta llegar el punto en que dijese que todo lo que había hecho era bueno, agradable, justo como debía ser.

Hermana, hermano, no somos dioses, pero en este tiempo de cuarentena muy particular, tenemos la posibilidad de crear algo distinto: una Iglesia nueva, una sociedad nueva; interiorizando, pensando en los pequeños pasos que hemos de tomar para que aquella novedad -de la que hemos venido hablando ya en otros momentos- sea posible. Me permito citar un versículo más de la Biblia: “Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre” (Romanos 6:4 DHH).

Para el apóstol Pablo, la vida nueva es inherente al pueblo que cree en el Cristo resucitado. Pero, si ha resucitado, tuvo que morir antes. ¿A qué? Al pecado. Entendiendo el pecado no solamente como la hamartía del griego “errar al blanco” sino la transgresión voluntaria y consciente de la Ley de Dios que, de acuerdo a Jesús, se resume en amar al Señor y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¿Qué tanto favorecieron, nuestras prácticas de antaño, el amor a Dios y a nuestros semejantes? En algunas iglesia -muy, muy lejanas- se cuenta que se daba lugar a la murmuración; al sectarismo, de modo que nadie más podía integrarse a los grupos que ya estaban establecidos; por lo tanto, no había gente nueva. En cuanto a compartir el Evangelio fuera de cuatro paredes, se limitaba a entregar folletos y a una perorata improvisada. Sin seguimiento, sin fruto. No había ministerios sociales, ni impacto en la comunidad. Los templos estaban ahí, porque debían estar “ahí”, sin más. ¿Les suena familiar esto que se cuenta de otras (…) iglesias?

Por este motivo, es necesario dejar atrás/dejar morir todo aquello que no expresa la vida de un resucitado, de una resucitada y, a pesar de que no iniciaremos “de cero”, comenzar a plantear nuevas dinámicas para que, como dice uno de nuestros rituales, “podamos andar en novedad de vida, crecer a su semejanza y que siempre vivamos en él y él en nosotros”.

Entonces, podremos animarnos a pensar en una Iglesia 2.0, ya que -a la manera de las computadoras, celulares y demás aparatos tecnológicos- la versión 1.0 ahora es obsoleta. Claro que podemos continuar con la versión “Iglesia 1.0 Pre-Pandemia” y cumplirá con las exigencias mínimas en la sociedad en que vivimos, aunque nos iremos rezagando cada vez más. ¿Cómo intentaremos cambiar, aunque poco a poco, el lugar en el que el Señor nos ha puesto, llevando un mensaje de amor, de fe, de esperanza, si no hay en nosotros una mentalidad distinta, nueva? Para finalizar, te invito a escuchar lo que dice Romanos 12:1-2 (DHH). Seguramente lo conoces, pero deseo que te quedes con esto hoy y que lo medites, pensando en tu iglesia:

“Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Éste es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”.

Dios te bendiga, me gustaría verte pronto.