Vivimos una época que, con crisis sanitarias, económicas, sociales, o sin ellas, se caracteriza por la búsqueda del bienestar y el éxito, fundamentado en la satisfacción personal e individual de todo cuanto gozamos. Desde los satisfactores más básicos para el cuerpo, hasta los más elevados de aceptación y trascendencia, a través de una espiritualidad ególatra buscando el bienestar individual y consumista. Los valores del Reino de Dios no son estos valores.
La fe wesleyana no sólo es un asentimiento especulativo y racional, frío y sin vida, sino también una disposición del corazón. En esta edición de El Evangelista Mexicano disfrutamos de la reflexión que nos comparte el Obispo Moisés Morales Granados, con su participación en la Semana Nacional del Hombre Metodista, evento que congregó vía remota a miles de hombres metodistas de México y Latinoamérica con el reto de la fe como fuerza para “arrebatar” el Reino de los Cielos (Mt. 11:12).
Esta fe “que mueve montañas”, nos debe motivar para actuar y promover decididamente la verdad bíblica en nuestras iglesias, mediante la capacitación de pastores y líderes apoyados en estudiosos de la Biblia, permitiendo a todas las personas tener acceso a espacios donde puedan debatir y exponer sus interrogantes. Para ello, es necesario el cuestionamiento mediante teología sistemática que, si se evita, limitará nuestra fe para convertirla en una “fe perezosa”.
La fuerza del crecimiento: La fe como fuerza para crecer
Obispo Moisés Morales Granados
Conferencia impartida el pasado 11 de agosto, con motivo de la Semana Nacional del Hombre Metodista, celebrada por la Fraternidad de Hombres Metodistas.
La palabra «crecer» viene del latín crescere, con el mismo significado de aumento de tamaño por medio de un desarrollo orgánico natural. El verbo latino crescere se asocia con la raíz indoeuropea *ker-3 (crecer), presente en las palabras crear y criollo… (Incremento natural).
Al hablar de crecimiento, particularmente crecimiento espiritual, nos referimos al avance individual y colectivo que se inicia con el nuevo nacimiento y terminará con la glorificación. Se trata de ir caminando hacia la madurez, hacia la plenitud como hijos de Dios. El escritor de la Carta a los Hebreos dice: “vamos adelante a la perfección” (cf. Hebreos 5:11-14, 6:1-3). Este mismo escritor nos dirá que por la fe muchas personas realizaron proezas y alcanzaron buen testimonio mediante la fe (Hebreos 11:1-40). Sin embargo, en la vida de muchos cristianos estos pasajes de las Escrituras parecen ser solamente historia sin poderlos encarnar en la cotidianidad del siglo XXI.
Hoy, la gran mayoría de los cristianos nos conformamos con tener una vida moral, aunque en nuestro desarrollo espiritual sea evidente que somos infantes (cf. Hebreos 5: 13), no tenemos fe. Según Wesley la fe del pueblo de Dios es una fe distinta a lo que piensa el mundo. Él se preguntaba “¿Cuál entonces es esta fe mediante la cual somos salvos?” Y nos dejó esta respuesta: “no se trata únicamente de un asentimiento especulativo, racional, frío y sin vida, de una serie de ideas en la cabeza, sino también de una disposición del corazón.” Agrega, además, en el mismo sermón: “La fe cristiana, por lo tanto, no es sólo el asentimiento a todo el Evangelio de Cristo, sino también una confianza plena en la sangre de Cristo, una esperanza firme en los méritos de su vida, muerte y resurrección, un descansar en él como nuestra expiación y nuestra vida, como quien ha sido dado por nosotros y vive en nosotros. Es una confianza segura que el ser humano tiene en Dios, que mediante los méritos de Cristo sus propios pecados han sido perdonados, y uno ha sido reconciliado al favor divino. Es, en consecuencia de ello, acercarse y asirse a él como nuestra sabiduría, justificación, santificación y redención o, en una sola palabra, como nuestra salvación”.
“Una pequeña luz puede cambiar la percepción de las cosas”.
Chip Ingram.
Cuando alguna persona hospitalizada está siendo tratada médicamente, y ya sea que piensa o siente que no está realmente enferma, o no está de acuerdo con el diagnóstico, puede darse de alta de manera voluntaria. Al hacer esto exime de responsabilidad tanto al médico tratante como a la institución que está tratando de ayudarle con su padecimiento. El paciente asume toda la responsabilidad de manera informada por lo que le pudiese suceder en un futuro.
El día de hoy la sociedad está asumiendo conductas que ya no está considerando dañinas, que están en la “normalidad” ya que una buena cantidad de personas piensa igual.
Hace unos años no se pensaba así, la posverdad está tomando lugares impensables moviendo y trastocando los límites de la moralidad, la espiritualidad y la libertad; eliminando de la ecuación las palabras “arrepentimiento”, “pecado” y “consecuencia”; exaltando la individualidad y una espiritualidad antropocéntrica.
Tenemos un peligro si nos dejamos moldear por los valores sociales de hoy, que se viven en las sociedades modernas de bienestar individualista, en contracultura con los valores del Reino.
Juan Simarro
Es importante tener cuidado para que, los que nos llamamos cristianos no caigamos en la vivencia de un cristianismo de autoconsumo, de búsqueda de cierto disfrute y de ciertos niveles de bienestar de tipo consumista, sino buscar siempre la práctica de una espiritualidad cristiana comprometida con el mundo, con el prójimo. Tenemos un peligro si nos dejamos moldear por los valores sociales de hoy, que se viven en las sociedades modernas de bienestar individualista, en contracultura con los valores del Reino o con los valores bíblicos en general.
Algunos, en nuestras modernas sociedades, pueden pensar que vivir el cristianismo es una manera de sentirse bien, de estar algo más gozoso, sentirse más realizado y con un cierto estatus de vida más placentero, relajado y cómodo que, en muchos casos nos lleva a una despreocupación del prójimo y de las problemáticas sociales del mundo en el que Dios nos ha puesto, intentando la vivencia individualista o, en su caso, también para los nuestros, en el que lleguemos a niveles de bienestar y comodidades insolidarias.
Es curioso que, en estos planteamientos, se puede caer en el error de la búsqueda de bienestares espirituales de forma insolidaria e impregnados de un fuerte individualismo en donde, para nada, cuenta nuestro prójimo sufriente, ni las estructuras socioeconómicas o de pecado injustas que hacen sufrir a muchos y que oprimen y despojan a más de media humanidad. Pues bien: eso son temas cristianos que no deben ser ajenos a la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana. Leed a los profetas y reflexionad sobre las enseñanzas de Jesús que, de una forma clara, entronca con la línea profética.
Jesús, en la última parte del Sermón de la Montaña invitó a que no emitiéramos juicios contra nadie. Se refería a juicios que condenan, sentencian o castigan a otras personas. Para eso están los jueces, si son asuntos legales, o Dios, si son cuestiones morales y otras más. Y, nosotros, ni jueces, ni dioses somos.
También afirmó que cuando se asume la posición de juez, el juicio que emitimos se vuelve en contra nuestra, puesto que quien juzga a otros revela sus propias carencias o penurias. La psicología profunda ha explorado este campo. También la sabiduría popular (que a veces es más profunda que el mismo Freud). Esta dice: “Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro”.
Al final de su enseñanza, el Maestro aclaró que el asunto de fondo de quien enjuicia, condena, excluye, castiga y sentencia, es que revela una enorme contradicción, cuando no hipocresía. Juzga a los demás con severidad, pero opina de sí mismo con benevolencia. Para estos jueces, el mal ajeno es gigante y su propio mal, muy chico.
¿Qué pensaría John Wesley acerca de cómo el pueblo metodista unido debería enfrentar los problemas críticos de nuestro tiempo?
Rev. Glenn M. Wagner
Puede ser exagerado para cualquiera de nosotros/as pretender saber lo que una persona que murió el 2 de marzo de 1791, hace 229 años, tendría que decir sobre temas contemporáneos de importancia o incluso creer que se prestaría atención a la sabiduría póstuma de Wesley. Pero creo que podemos deducir los pensamientos de Wesley basándonos en sus escritos, que incluyen 400 volúmenes de sermones, notas, comentarios y correspondencia. Muchos de los libros que escribió todavía están disponibles en forma impresa. También hay muchos libros informativos sobre Wesley, de autores/as interesados/as en su vida.
Bajo el liderazgo de John Wesley, el metodismo pasó de ser un pequeño grupo de devotos/as creyentes a convertirse en un movimiento global por Cristo. La huella clara de las ideas espirituales de John Wesley y su devoción personal al evangelio de Jesús aún se pueden percibir en la organización, la gente y el espíritu de la Iglesia.
Así como judíos/as, musulmanes/as y cristianos/as todavía honran la sabiduría de sus antepasados/as bíblicos y los/as estadounidenses todavía buscan la guía de nuestros fundadores nacionales, puede ser fructífero abordar los desafíos actuales con el consejo del visionario fundador del metodismo.
¿Qué diría el fundador del movimiento metodista mundial, que toca las vidas de 80 millones de personas en todo el mundo y más de 12 millones en los Estados Unidos, si se le pudiera pedir que ofreciera su consejo hoy al pueblo metodista unido durante una pandemia mortal?
Una iglesia que piense: la iglesia reformada siempre se debe reformar
María Triviño Hernández
Crecí en una comunidad de fe donde la teología siempre fue mal vista. Los teólogos eran aquellos desviados cuya fe había sido tan insuficiente que terminó conduciéndoles a la total perdición. Durante mi niñez nunca escuché sobre la historia de la iglesia o el contexto cultural donde nació Jesús y pensar en ver otro libro además de la Biblia era inconcebible, de tal manera que cuando tomé la decisión de estudiar teología tuve que enfrentar las expresiones de disgusto y preocupación de algunos que optaron por aconsejarme a tener cuidado con volverme orgullosa o con perder mi relación con Dios, incluso, un pastor llegó a advertirme con el peligro que corría de dejar de creer en el mover del Espíritu Santo como consecuencia de estudiar “demasiado” la Biblia.
Durante la carrera al tener acceso a los idiomas originales bíblicos, a innumerables comentarios, diccionarios y traducciones, me di cuenta de la escasa idea que tenía sobre la Biblia, sobre Dios y su plan salvífico. Así fue como comencé a pensar en todos los hermanos con los que había crecido cuya fe era sencilla y admirable pero también peligrosa. Comencé a interesarme por la hermenéutica y a medida que iba adquiriendo herramientas era consciente de las interpretaciones dañinas que como iglesia estábamos haciendo: opresión a la mujer, a los pobres, a los racializados, a los homosexuales.
Hoy, en mi último año de pregrado, entiendo que no todos tienen que ser teólogos y que al igual que las demás profesiones, esta debe ser elegida por vocación. Sin embargo, también comprendo la necesidad de que el conocimiento deje de ser manejado con elitismo y comience a llegar a la iglesia cotidiana. La iglesia necesita conocer más la Biblia que tanto profesa y eso solo se logra con las herramientas necesarias: pastores y líderes mayormente capacitados o apoyados en estudiosos de la Biblia que les permitan a todas las personas tener acceso a contenido literario y a espacios donde puedan debatir y exponer sus interrogantes.
“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido… Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.
Jeremías 20:7, 9
Mi llamado así fue.
Fumar, beber alcohol, usar drogas ocasionalmente, tocar en una banda de heavy metal, pelear a golpes al menos una vez por semana, rebelde, interesado en el oscuro, ya era padre y solo tenía 16 años.
Mi vida no tenía sentido y mi futuro no era incierto, más bien era seguro que no viviría mucho; el desastre sería el resultado de mis días.
Cuando Jesús me rescató y yo lo acepté como mi único y suficiente Salvador, no pensé que habría algo bueno para mi vida. Me conformaba (y es bastante) con que rescatara mi alma de la perdición eterna en el infierno al cual estaba destinado por mi pecado.
En el capítulo 10 del Evangelio de Juan encontramos las palabras de Jesús, «Yo soy la puerta», cuando habla del Buen Pastor. En la antigua Palestina había dos tipos de rediles de ovejas. El redil comunal estaba ubicado cerca de casa y era un piso área delimitada por muros bajos de piedra apilada con una puerta fuerte. Sin embargo, a menudo el pastor dormía al otro lado del umbral. La ladera estaba a cierta distancia de la ciudad y era una estructura temporal de arbustos espinosos enredados e impasables construidos por el pastor. Era movible mientras pastaban. El pastor, luego, dormía en la apertura, sirviendo como puerta para proteger a sus ovejas de ladrones y bandidos y animales de presa. Todo lo que ingresaba debía pasar por el pastor. Convertirse en una puerta es una imagen hermosa, pero la mayoría de nosotros no podríamos imaginarla.
En nuestra vida, rara vez se nos pide que entreguemos nuestras vidas físicamente por otra persona. De hecho, no es común que nos incomodemos por ayudar a otros. Realmente sacrificamos muy poco por Jesús. Pero de repente, ya el COVID estaba sobre nosotros y la vida como la conocíamos se había ido. Pero, al principio, durante los momentos más inciertos, fue esencial que los trabajadores de la salud de todo el mundo hayan sido llamados a arriesgar sus vidas por nosotros. Con gran temor y aprensión se convirtieron en las puertas que nos protegían y custodiaban en nuestra salida y entrada.
Ahora nos toca a nosotros ser imitadores de Cristo. Se nos ha dado el gran privilegio de servir como puertas para nuestra comunidad al usar máscaras, mantener dos metros de distancia y lavarnos las manos. ¡Cuidemos las ovejas! Sé una lámpara, un bote salvavidas, una escalera. Ayuda al alma de alguien a sanar. Sal de tu casa como un pastor «.
Ministerio de edificación, transformación y discipulado bíblico LA MISIÓN DEL DISCÍPULO
Cuauhtémoc Meneses Stama
Estamos compartiendo “el cómo del discipulado bíblico”, como fruto de mi experiencia con Dios en el ministerio de formación de discípulos espirituales, discípulos reproductores y discípulos colaboradores de mi Dios y Señor.
En las capsulas quincenales de discipulado, se ha compartido “el qué y el por qué del discipulado bíblico”, el cual, hemos escuchado a través de la historia de la iglesia, desde el pulpito en las predicaciones semanales, notando una ausencia de compromiso con el Señor de implementar “EL CÓMO DEL DISCIPULADO BÍBLICO”.
Entramos a la fase final de formación de Discípulos Espirituales. La Misión del Discípulo, que junto con la Cruz del Discípulo, La Personalidad del Discípulo y la Victoria del Discípulo se adquiere el conocimiento, experiencia y la sabiduría de lo alto, para ser un verdadero discípulo de Jesús, así que, recordemos lo que significan estos temas:
LA CRUZ DEL DISCÍPULO – El discípulo en formación, desarrollará una relación más profunda con Cristo al practicar las seis disciplinas bíblicas del discipulado. El discípulo en formación descubrirá y afirmará su ministerio en su iglesia local.
Mantente conectado durante el distanciamiento social
Ryan Dunn
«La fe es personal, pero nunca privada».
He pasado la mayor parte de los últimos dos días yendo de un video en vivo de medios sociales a otro. El domingo pasado vi tres servicios de adoración online consecutivos. Este no es un comportamiento típico. Es un síntoma de distancia social y órdenes de refugio en el lugar. A pesar de estar en el extremo de la escala de introversión, estoy deseando algo de contacto humano.
También soy muy consciente de que la fe florece en conexión con otros individuos. Sin otras personas, mi fe empieza a marchitarse como el lirio seco que dejé en el umbral de mi ahora cerrada oficina.
Sé que no soy el único que siente esto. De hecho, varios grupos están respondiendo creativamente, proporcionando nuevos medios de conexión y actividad espiritual. Cuando también anheles esa conexión personal y espiritual, echa un vistazo a algunas de estas útiles oportunidades en línea.