Romanos 11.33
Juan Wesley
Sermón 68
Traducción: Leonel Iván Jiménez Jiménez
leonel.ivan.jimenez@gmail.com
1. Algunos perciben la “sabiduría” y el “conocimiento” de Dios como una y la misma cosa. Otros creen que la sabiduría de Dios se refiere más directamente a su designación del fin de todas las cosas, y su conocimiento a los medios que ha preparado y hechos propicios para esos fines. Lo primero parece ser la explicación más natural, siendo que la sabiduría de Dios en su sentido más amplio debe incluir la una como la otra, tanto los medios como los fines.
2. Ahora bien, tanto la sabiduría como el poder de Dios es manifestada en abundancia en su creación, en la formación y arreglo de todas sus obras, arriba en el cielo y en la tierra debajo; y al adaptarlas todas a los muchos fines para las que fueron diseñadas; hasta el punto en que cada una de ellas separadas del resto son buenas, pero todas juntas son muy buenas. Todas conspirando juntas en un solo sistema conectado, para la gloria de Dios en la alegría de sus creaturas inteligentes.
3. Siendo que esta sabiduría se aparece incluso a las personas cortas de vista (y mucho más a los espíritus de un orden mayor) en la creación y disposición de todo el universo, en cada parte de él, así aparece igualmente en su preservación, en su sostener “todas las cosas con la palabra de su poder”. Y no aparece con menos eminencia en el gobierno permanente de todo lo que ha creado. ¡Cuán admirable es que su sabiduría dirija los movimientos de los cuerpos celestes! ¡De todas las estrellas en el firmamento, ya sean aquellas que están estáticas o las que caminan, pero nunca fuera de sus muchas órbitas! ¡Del sol en medio del cielo! ¡De esos increíbles cuerpos, los cometas, que disparan en toda dirección a través de los inconmensurables campos de éter! ¿Cómo es que él supervisa todas las partes de ese mundo inferior, esta “partícula de la creación”, la tierra? Para que todas las cosas sigan como eran al principio, “hermosas en su tiempo”; y el verano e invierno, el tiempo de siembra y de cosecha, se siguen con regularidad. Sí, todas las cosas sirven a su Creador: “el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra”. Para que podamos decir bien: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!”
4. Igualmente sobresaliente es la sabiduría de Dios en el gobierno de las naciones, de los estados y reinos; sí, incluso más sobresaliente -si infinita se puede permitir la admisión de cualquier grado. Pues la entera creación inanimada, siendo totalmente pasiva e inerte, no puede oponerse a su voluntad. Por lo tanto, en el mundo natural todas las cosas avanzan en un curso uniforme e ininterrumpido. Pero es muy diferente en el mundo moral. Aquí las personas malas y los malos espíritus se oponen de continuo a la divina voluntad y crean innumerables irregularidades. Por lo tanto, aquí hay un alcance completo del ejercicio de todas las riquezas de la sabiduría y el conocimiento de Dios, en contrarrestar toda la perversidad y locura del ser humano, y toda sutiliza de Satanás, para llevar a cabo su glorioso plan: la salvación de la perdida humanidad. En efecto no implicaría sabiduría alguna el hacerlo por su absoluto decreto y por su propio irresistible poder. Pero su sabiduría es mostrada al salvar al ser humano de tal manera que no destruye su naturaleza, ni arrebata la libertad que le ha concedido.
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