PENSAMIENTOS EPISCOPALES
LA FIRMEZA DE LA PALABRA Y EL MANDAMIENTO.
Hoy en mi tiempo devocional, leí Jeremías 35 al 40. Llega un momento en que Sedequias, Rey, hizo traer a Jeremías, que por cierto lo habían tenido en una caverna con cieno, y después lo volvieron a poner en el patio de la cárcel, para consultarle, y Jeremías, no cambió el MENSAJE, pero le instó al arrepentimiento para que los caldeos no los tomaran cautivos, y le dice: «…No te entregarán… Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás» (Jer. 38:20).
Este capítulo termina en su verso 28 «…Cuando Jerusalén fue tomada». Finalmente Sedequías y los líderes de Judá NO ESCUCHARON Y OBEDECIERON el mandamiento. Ahora quiero contraponerlo a la obediencia de los recabitas, en el capítulo 35, Dios ordena a Jeremías que los traiga al aposento y les ordene beber vino; ellos dicen: 35:6 «…No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Recab nuestro padre nos ordenó diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos…hemos obedecido a la voz de vuestro padre.» En este capítulo Dios termina a través de Jeremías encomiando su Obediencia y su Honor, y expresamente en el versículo 14 expresa: «Fue firme la palabra de Jonadab hijo de Recab el cual mandó a sus hijos…» Él fue firme en la Palabra, y el Mandamiento, y ellos obedecieron…






La Reforma antes de la Reforma
2 de octubre de 2017


Dios y el sismo
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