
Iglesias con complejo de inferioridad
“Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”.
Números 13:32-33.
Vivimos en un mundo hiperconectado que habla mucho y dice poco. Sigue enfrentándose a los mismos dilemas, aún con los grandes bancos de datos a la mano y la capacidad de compartir cualquier tipo de información, casi con cualquier lugar y persona en el planeta. Como nunca en la historia de la humanidad, el acceso a cualquier tipo de conocimiento es prácticamente instantáneo y ubicuo. A veces, la sobreexposición de los medios electrónicos y redes sociales nos enseña realidades que van más allá de nuestra comprensión.
Pero los problemas de los seres humanos son los mismos de siempre. La soledad, la incertidumbre ante el futuro, el rencor y la injusticia. Todos ellos siguen estando presente en nuestro devenir cotidiano. La tierra fértil para abonarla con el evangelio de la paz está allí, lista para ser sembrada, protegida y cosechada. Es tierra de la que fluye leche y miel, que es la Tierra Prometida. Pero también es terreno que requiere esfuerzo, disciplina y trabajo. Mucho trabajo. Trabajo diario.











