Acercándonos a Dios confiadamente
Dr. Ernesto Contreras Pulido
drernestocontrears@hotmail.com
En el Antiguo Testamento, la persona (el Sumo Sacerdote una vez al año), que entraba a la presencia de Dios, en el lugar santísimo (del tabernáculo o el templo de Jerusalén), en forma indigna, caía muerta.
Pero gracias a Dios que la Biblia enseña que Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y que el día en que Dios Padre cargó en el cuerpo de Jesucristo el pecado de todos nosotros, con su muerte saldó nuestra deuda, de tal manera que todo aquel que cree, acepta, recibe y confiesa a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, queda perdonado y revestido de la santidad absoluta de Cristo y, por virtud de ella, puede entrar en la presencia de Dios confiadamente y sin riesgo alguno de caer muerto como consecuencia del justo juicio de Dios sobre su pecado, tanto adquirido por la herencia adámica, como por transgredir voluntaria y conscientemente los mandamientos de Dios (Lc. 1:29 y 36; Is. 53:5-6).
La Biblia dice que durante la crucifixión de Jesucristo, cuando era como la hora sexta (las 12 de mediodía), hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena (las 3 de la tarde); y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad, de arriba abajo. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Consumado es. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró (Mt. 27:51; Lc. 23: 44-46).

EBED YAHVE. El Siervo de Dios.
Conforme el más alto ejemplo de vida y experiencia que encontramos en Jesucristo
La Biblia: Palabra presente, Palabra que libera
La Omnipresencia de Dios
El peligro de las riquezas (Sermón de John Wesley – fragmento)
Algo por lo cual morir