El Peligro de las Riquezas

8. El peligro de las riquezasEl peligro de las riquezas (Sermón de John Wesley – fragmento)

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Ti. 6:9).  

Rev. John Wesley (1703-1791)

¡Cuán innumerables son las malas consecuencias que han tenido lugar porque la gente no conoce y no toma en consideración esta gran verdad! ¡Y cuán pocos son los que aun en el mundo cristiano la conocen o la consideran debidamente! ¡Cuán pequeño es el número de aquellos, aun entre los auténticos cristianos, que la comprenden y la toman a pecho! La mayoría la pasa por alto livianamente, recordando escasamente que tal texto se halla en la Biblia. Y muchos le incorporan tal interpretación que lo despojan de toda clase de efecto. «Los que quieren enriquecerse» dicen, «esto es, los que quieren enriquecerse de cualquier modo, que quieren enriquecerse bien o mal, que están resueltos a lograr su propósito, a alcanzar su fin, cualesquiera sean los medios que usen para lograrlos, esos caen en tentación, y en todos los males enumerados por el apóstol». Pero por cierto que si este fuera todo el significado del texto bien podría estar fuera de la Biblia.

Esto está tan lejos de ser todo el significado del texto que no es ni parte de su significado. El apóstol no habla aquí de ganar riquezas injustamente, sino de algo bien distinto: sus palabras deben entenderse en su sentido llano y obvio, sin restricción ni calificación cualesquiera sean. San Pablo no dice: «Los que quieren enriquecerse por malos medios», mediante el robo, el despojo, la opresión o la extorsión; los que quieren enriquecerse mediante el fraude o artificios deshonestos, sino simplemente «Los que quieren enriquecerse», estos, admitiendo y suponiendo que los medios que utilizan son de lo más inocentes, «caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición».

¿Más quién cree en esto? ¿Quién lo recibe como la verdad de Dios? ¿Quién está profundamente convencido de ello? ¿Quién lo predica? Grande es la compañía de predicadores hoy en día, regulares e irregulares. ¿Pero cuál de ellos predica abierta y explícitamente esta extraña doctrina? Según la aguda observación de un gran hombre, «el púlpito es el baluarte del predicador temeroso.» ¿Pero quién, aun en su baluarte, tiene el coraje de proclamar una verdad tan fuera de moda? No recuerdo que en sesenta años haya escuchado predicar un sermón sobre este tema. ¿Y qué autor durante el mismo lapso lo ha proclamado desde la prensa? ¿Por lo menos en el idioma inglés? No conozco ni uno, no he visto ni oído a tal autor. He visto a dos o tres que apenas lo rozan, pero ninguno de ellos lo trata expresamente. Yo mismo lo he tocado frecuentemente al predicar, y dos veces en lo que he publicado: una vez al explicar el Sermón del Monte de nuestro Señor y una vez en el discurso sobre «las riquezas de iniquidad». Pero nunca he predicado ni publicado ningún sermón expresamente sobre el tema. Ya es hora de que lo haga, que me explaye tan vigorosa y explícitamente como pueda para dejar un testimonio pleno y claro detrás de mí cuando Dios se complazca en llamarme.

¡Oh que Dios me diese hablar con palabras directas y compulsivas! ¡Y que vosotros las recibáis con corazones honestos y humildes! Que no se pueda decir: «Estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; ¡y oirán tus palabras mas no las pondrán por obra!»1 ¡Oh que vosotros no seáis oidores olvidadizos, sino hacedores de la obra, para que seáis bienaventurados en lo que hacéis.

(Continúa)

REFERENCIA

Wesley, John. (1787). El peligro de las riquezas. Agosto 13, 2018, de Instituto de Estudios Wesleyanos Latinoamérica Sitio web: https://www.facebook.com/notes/instituto-de-estudios-wesleyanos-latinoam%C3%A9rica/el-peligro-de-las-riquezas-serm%C3%B3n-de-john-wesley-fragmento/2119531334980862/