Posiblemente nos hemos olvidado de un tema fundamental.
José Hutter
Vivimos en un tiempo donde se nos exige unas respuestas cada vez más aceleradas y a toda hora del día. Particularmente en España sufrimos un horario laboral que a la persona normal y corriente no le deja tiempo para casi nada entre semana. Es uno de los desafíos más grandes para el creyente, encontrar -y más que encontrar: liberar- tiempo para fomentar su relación personal con el Señor. Y el primero de estos desafíos personales tiene que ver con nuestra vida de oración.
De entrada, parece un tema fácil. Ningún cristiano y en particular ningún líder de ninguna iglesia o denominación va a poner en duda que la oración es de suma importancia. Pero como sabemos: entre el dicho y el hecho hay un gran trecho.
En este caso no es necesario recurrir a estadísticas para averiguar que aquí tenemos un gran problema: nuestra vida de oración. Y no hace falta mirar a los demás. Basta con que cada uno observe a sí mismo. Y observándome a mí mismo ya tengo datos que no fallan. Y lo que observo y escucho de otros confirma mi temor.
Hospitales, no clubes campestres: las iglesias sin los quebrantados son iglesias “quebradas”
Jesús vino a servir y a salvar. La profecía se estaba cumpliendo cuando mostró bondad a los quebrantados, quienes tenían una necesidad.
Ed Stetzer
Es natural que los cristianos quieran estar cerca de otros cristianos. Algo especial sucede en la comunión de los creyentes, pero demasiado de algo bueno puede conducir a iglesias “quebradas”.
Podemos adorar libremente, estudiar profundamente y comunicarnos con claridad. Pasar el rato con personas de ideas afines que (parecen) «tener sus cosas juntas» puede ser algo maravilloso. Pero, ¿qué tan bien estamos involucrando a aquellos que no son tan espiritualmente estables como nosotros (creemos que somos)?
Me ha fascinado el hecho de que a muchos cristianos no parecen gustarles los no cristianos, también conocidos como «los perdidos», «los no creyentes» o cualquier otro término que quieran usar. Quieren mantenerse alejados de las personas desordenadas, quizás omitiendo lo obvio, que nosotros también somos desordenados.
VOZ PASTORAL El verdadero bautismo se ejerce en lo cotidiano
Más allá del rito religioso, el evangelio nos invita a un bautismo de la vida cotidiana. Nos debe comprometer con nuestra realidad, en la vida misma, para mostrar el rostro de Dios en este mundo tan herido.
Elideth Villarreal Portillo *
Ya ha pasado adviento, navidad y epifanía, hoy estamos regresando al tiempo ordinario, es decir, a la vida cotidiana, a las enseñanzas de Jesús y al misterio de su vida y actividad. Gracias a Dios por ello y por atrevernos a iniciar una aventura más en el viaje de la vida.
El evangelio de Mateo 3:13-17 nos trae a escena el bautismo de Jesús, una narración que ya es conocida. Jesús camina hacia el Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista; Juan se sabe indigno al ser él quien bautice a Jesús; sin embargo, lo hace. Y el relato nos habla de una serie de momentos, el cielo se “abre” y se escucha una voz, desciende el Espíritu y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Sin duda alguna es “hijo” en cuanto a la forma de Isaías “el siervo sufriente”. Jesús encarna para cumplir la voluntad del Padre, de tal forma que su actividad sea una encarnación en la realidad humana. Sin duda alguna el evangelio nos quiere llevar a reflexionar en cuanto a nosotros, en cuanto a ti y a mí. El bautismo que nos muestra Mateo es un bautismo cuyo objetivo es identificarse con el Padre, mostrar el amor y hacer justicia. Qué interesante lo que el evangelio nos dice, porque el bautismo que nosotros realizamos tiene que ser de igual forma: una identificación con el Padre, un compromiso y actitud en la que nuestra persona esté abierta a la divinidad y voluntad de Dios.
Hay algo tan notorio en nuestro actual caminar cristiano y toda aquella persona bautizada, ya que el bautismo se ha vuelto un mero rito religioso. Seguramente, al ser bautizados nos dijeron que nuestro camino era vivir en santidad; y no está mal, pero lo comprendimos como algo que debe privarnos de todo, porque somos seres apartados del mundo que nos rodea. Qué interesante, porque el evangelio de Mateo nos invita a un bautismo de la vida cotidiana, atrevernos a pensar que Dios también tiene una tarea para cada uno de nosotros, así como Jesús. Y lo encontramos en lo cotidiano, en donde caemos y tropezamos, en la duda de cada día, en las pruebas, en las dificultades, en el día a día, con quienes compartes, lidias y trabajas con todos/as ellos/as.
Ayunar no se trata nada más abstenerse de alimento sino, sobre todo, de agradar a Dios.
José Antonio Ugalde Zepeda
El ayuno consiste en abstenerse de todo alimento, sólo de algún alimento o bebida, o bien, de algún placer durante un tiempo determinado. Algunas religiones como el Islam durante el Ramadán practican el ayuno, también la Iglesia Católica Romana durante la cuaresma suele aplicar el ayuno. Hemos escuchado “estamos jurados”, o sea permanecer ayunos de algo, por ejemplo, carne durante los viernes de cuaresma o ingestión de licores o alcohol, o aún relaciones sexuales. Algunos grupos evangélicos, considerando la herencia de los patriarcas y de los padres de la iglesia en la era cristiana, no llevamos liturgia o ritual referente al ayuno. Tal vez el primer ayuno registrado en la escritura fue cuando Moisés subió al monte Sinaí para recibir los mandamientos de Dios, ya que durante cuarenta días no probó alimento alguno. Ex 24:18.
La Biblia Reina-Valera versión 1960 contiene alrededor de 71 veces la palabra sustantiva “ayuno” o bien, como verbo en tiempos o conjugados.
VIDAS DE SERVICIO La vida devocional comienza en familia
Isaí Rayas Linares
No aprendí que la iglesia y los ejercicios espirituales fueran importantes para mi salud espiritual por una revelación mística… Alguien me lo enseñó, y en la experiencia fui comprobando la veracidad de esto.
Quienes me enseñaron fueron mis padres. Ellos me instruyeron en el camino de Dios, y aunque tal vez de adolescente me quise alejar, ahora de adulto sigo aquí, no me he apartado de ese camino.
Ahora que soy padre recuerdo mi infancia, y lo relacionado con la instrucción espiritual que mis padres tuvieron conmigo:
Mi papá nos «sermoneaba» (al menos a mi) con la Biblia.
Mi mamá nos obligaba a ir a la iglesia, de niños y adolescentes.
Ambos, por cualquier cosa oraban pidiendo a Dios, así fuera lo más simple. Por ejemplo, si de niño una hormiga me picaba, oraban por mí; si el estómago me dolía oraban, por mí; y así, según la edad.
Ambos, nos hacían leer la Biblia todos los días, cuando menos a la hora de la comida un versículo. De más grandes, nos insistían en la lectura.
Ambos, tenían en la mañana devocionales donde nos involucraban.
Ambos, nos cantaban himnos y alabanzas del himnario apostólico ilustrado que mi mamá siempre cargaba, y también nos cantaban las canciones que ellos mismos escribían.
De niño, siempre me imaginaba cantando el himno de Ezequiel el profeta o el corrido de David contra Goliat, como mis padres los cantaban. Y nunca se faltaba a las actividades de la iglesia, a menos que fuera por fuerza mayor.
El amor a la iglesia, el amor a Dios, el amor al prójimo y las prácticas que fortalecen esto, se cultivan con paciencia. Y mis padres fueron pacientes (¡aunque a veces pensé que no!).
Gracias, amados padres Juan Pablo Sánchez y Carmen Linares porque los vi hacerlo y me insistieron en que yo también lo hiciera.
Los amo tanto como amo a la Iglesia del Señor y a Dios mismo.
Isai Rayas Linares
Tiene 28 años de edad y es originario de Nuevo Laredo, Tamps. Creció en la ciudad de Nava, Coah. Es egresado del Seminario Metodista Juan Wesley de Monterrey y, actualmente, es pastor titular en el templo metodista Jesús de Nazaret en Durango, Dgo. En la Conferencia Anual Norcentral (CANCEN) de la Iglesia Metodista de México.
Si quieres participar en la sección “Vidas de servicio”, compártenos el testimonio de lo que Dios hace a través de miembros de nuestra Iglesia Metodista de México en tu congregación o a través de tu propia vida. Compartamos el amor del Señor para así alcanzar a otros.
Cuando era joven asistí a unos retiros espirituales que se desarrollaban en unos campamentos cerca de la ciudad de México. Dentro de las actividades que teníamos, había un día que se dedicaba a hacer limpieza y a poner en orden algunas cosas. El director del retiro nos decía: “Vamos a dejar el lugar mejor de cómo lo encontramos”.
Está filosofía se me quedó muy grabada y desde entonces he procurado ponerla en práctica. He pasado dos semanas visitando a mi hija Elsa y su familia en Bluffton, Carolina del Sur, Estados Unidos.
Dentro de mi tiempo que aquí he permanecido (mañana regreso a mi casa en Edinburg, Texas) he procurado dejar mejor la casa de mi hija. Arreglé unas sillas del comedor, cambié una cortina del baño, algunas veces cociné, luego les hice de mis panes y otras mejoras que pude hacer. Aparte, prediqué en la iglesia dónde asisten Marcos y Elsa y oré por la salud de algunos enfermos.
Dios tiene para cada uno de nosotros un proyecto de vida encaminado a construir un nuevo reino, una nueva nación, una nueva familia y una nueva Iglesia. El cristiano es una nueva persona que se esfuerza por darle un sentido diferente a su vida, a su entorno. La diferencia radica en las acciones, el anuncio en liberar y la misión en continuar.
Por: Yashár
INTRODUCCIÓN
La vida no se equivoca, nos pone en lugar y en el momento que nosotros elegimos. Confronta nuestro ser, quiénes somos, a dónde vamos y con quién compartimos esos instantes.
Los profetas, los discípulos, nosotros tenemos un anuncio que hacer, tenemos una misión que cumplir: Dios tiene para cada uno de nosotros un proyecto de vida. Otros la aceptan, unos más las rechazan… pero al final todos tenemos una razón de estar. Las citas bíblicas dan fe de esto:
“Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz”.
Sal 29:11
“En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”.
Hch 10:34-35
“Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Mt. 17:5
Permitámonos crecer a imagen y semejanza de quien nos creó; con atributos morales, valores de vida y principios de actuar. Es el momento de volver a vivir, de continuar con nuestros sueños y valorar nuestro presente.
Nuestra forma de leer la Biblia viene condicionada por nuestra cultura y nuestro estilo de vida, lo que impide que nos demos cuenta de muchas cuestiones que tratan del reinado de Dios y la atención a los pobres. Soares Prabhu ha llegado a decir que: “La exégesis occidental, que forma parte de la inmensa producción ideológica de una sociedad opulenta e intensamente consumista basada en principios diametralmente opuestos a los de Jesús, […] Ha intentado sistemáticamente espiritualizar la comprensión evangélica de pobre…”.[1] Para ilustrar esta idea, quisiera rescatar una brevísima reflexión que me publicaron en la web de Los sermones de Gotinga y que trata sobre la parábola del rico y Lázaro.[2]
La parábola del rico y Lázaro no está diseñada para defender la existencia del infierno como un lugar físico. Quienes centran aquí su atención en hacer una apología del infierno, solo desfigurarán el contenido del mensaje. En teología se utiliza un dicho que nos llama precisamente a esta cautela: theologia parabolica non est argumentativa. Aquí simplemente tenemos a Jesús utilizando una retórica y un imaginario bien conocido en el judaísmo tardío que le tocó vivir y, desde ahí, va a configurar una narración que apunta al verdadero corazón de su enseñanza.[3] Como recurso pedagógico, las parábolas de Jesús siempre toman elementos conocidos y propios de su entorno, en este caso el recurso que hace distinción entre “el seno de Abraham” y el “Abismo-Hades”.
¿Entonces qué nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Primero nos presenta el desequilibrio que impera en el mundo, donde hay personas muy ricas y otras que son muy pobres. El evangelio de Lucas hace muchísimo hincapié en el asunto de la pobreza y la riqueza.[4] El reino de Dios, de justicia, paz y gozo (Ro 14,17) no aprueba la injusticia del desequilibrio. El rico de la parábola que vivía con ostentación (v.19) tenía la realidad misma de la pobreza muy cerca, justamente en la puerta de su casa (v.20).
¡Tú tienes la culpa!, sin más, le espetó la esposa al pobre marido que llegaba todo acongojado, por haber sido despedido del trabajo. Desahogamos nuestras frustraciones y temores, por doquier encontramos acusación tras acusación. El esposo a la esposa y viceversa; los padres a los hijos y viceversa. Los alumnos al maestro y viceversa; los empleados al jefe o patrón y viceversa. Al gobierno, al médico, al abogado.
En el ámbito eclesial suele suceder lo mismo. El combinar las cualidades que menciona el apóstol Pedro en su primera carta capítulo 3, verso 8, es un contraluz de actitudes que generan acciones que se vuelven hábitos capaces de neutralizar nuestro deseo de inculpar a alguien. “En fin, vivan todos ustedes en armonía, unidos en un mismo sentir, y amándose como hermanos. Sean bondadosos y humildes, no devuelvan mal por mal, ni insulto por insulto, al contrario, devuelvan bendición, pues Dios los ha llamado a recibir bendición”.
Te distraigo de tus múltiples ocupaciones, porque hoy me ha dado por filosofar. Huelga decir, que no estás obligado a leerme; sin embargo, me atrevo a usar este medio, en la lejana esperanza que algo tenga de utilidad. Nuevamente te reitero una gratísima perspectiva de abundantes bendiciones de Dios, para ti y tu respetable familia, esperando que goces de salud y bienestar; y te invito a pensar sobre, lo que es la vida.
Referencias históricas del Culto de Renovación del Pacto
Sandro Izaguirre
Una de las tradiciones más antiguas y distintivas de la liturgia metodista en todo el mundo es el Culto de Renovación del Pacto; un servicio especial que, por lo general, se celebra el primer domingo del año o incluso en las vigilias del 1 de enero.
Con algunas ligeras variaciones, la Oración del Pacto es la siguiente:
«Ya no soy mío, sino tuyo. Empléame para lo que Tú quieras, en el lugar en que tú quieras; sea para cumplir alguna tarea o para sobrellevar algún sufrimiento; permíteme ser utilizado por ti, o dejado de lado por ti; exaltado por ti o humillado por ti; déjame tener abundancia o padecer necesidad; tenerlo todo o no tener nada; libremente y de todo corazón someto todas las cosas a lo que a ti te plazca y a lo que tú dispongas”.
Esa es la versión que se mantiene desde 1780 y fue escrita por John Wesley. Pero ¿cuál es el origen de este texto y del servicio mismo?
La Biblia enseña que a diferencia de las plantas y animales que nacen con su conducta determinada por Dios en los instintos, respuestas condicionada y propósitos específicos, el ser humano fue creado a imagen (con espíritu inmortal) y semejanza (con libre albedrío o libertad para escoger su conducta) de Dios.
Así entendemos que Adán, antes de pecar, tenía plena libertad de decidir cada día, vivir obedeciendo y sometiéndose prudente, inteligente y convenientemente a la soberanía de su Creador, o decidir voluntaria, imprudente, necia y desastrosamente, someterse a la autoridad y señorío del enemigo de nuestras almas, al que la Biblia llama diablo, el maligno, Satanás y la serpiente antigua.
La historia bíblica nos relata que Adán, con plena conciencia y como el perro que se vuelve a su vómito y la puerca lavada que se vuelve a revolcar en el excremento, decidió desobedecer un mandamiento específico de su Hacedor y Buen Padre Celestial, y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, literalmente vendiendo así su alma al diablo y trayendo la maldición y desgracia a su persona, su descendencia y la creación entera.
La sorprendente estructura de los Diez mandamientos
Los diez mandamientos curiosamente empiezan y terminan en el mismo lugar: amar a Dios y al prójimo desde el corazón.
Andrés Messmer
Introducción Muchos ya conocemos los Diez mandamientos de Éxodo 20 y Deuteronomio 5, pero por si acaso, aquí los tienen en forma resumida:
No tener dioses ajenos
No hacer imágenes
No tomar el nombre de Dios en vano
Guardar el sábado
Honrar a tus padres
No matarás
No cometerás adulterio
No hurtarás
No mentirás
No codiciarás
Hasta aquí, todo bien, pero surge la pregunta: ¿por qué están estructurados así, y cuál es su lógica? Aunque los Diez mandamientos juegan un papel central en la catequesis cristiana, muchos no profundizan más que observar que algunos mandamientos hablan de nuestra relación con Dios (normalmente los 1–4), mientras que otros hablan de nuestra relación con los hombres (normalmente los 5–10). En este artículo, me gustaría profundizar en la estructura y lógica de los Diez mandamientos. (Como comentario parentético, permítanme reconocer mi deuda con la comunidad judía al respecto, y sobre todo a los sefardí de la Edad media).
La estructura de los Diez mandamientos Cuando consideramos la estructura de los Diez mandamientos, el tema más importante es cómo los podemos dividir para que nos ayude a entenderlos mejor. Los cristianos solemos dividirlos en dos grupos, con los primeros tres o cuatro hablando de nuestra relación con Dios, y los últimos seis o siete de nuestra relación con los hombres. Sin embargo, me gustaría sugerir que hay otra manera —quizá mejor— de dividirlos: en dos grupos de cinco mandamientos que hablan de nuestra relación con Dios y nuestras autoridades y los otros cinco de nuestra relación con nuestros iguales.
El diezmo no debe ser una manera de obtener el favor de Dios. Es un elemento en el acto de adoración, como un acto de culto, renueva la disposición de rendir nuestra vida a la fuente de todas las bendiciones, reafirmando nuestra entrega incondicional a Dios.
Abner Alaniz Rangel
“¡Más ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia de Dios y el amor de Dios. Esto, era necesario hacer, sin dejar aquello”.
Lucas 11: 42
Hoy hablaré sobre el candente tema que resulta polémico en muchas de las iglesias: ¿Diezmo legal o diezmo de gracia?
Estimado lector, debo advertir que no estoy cuestionando si el diezmo es bíblico o no. Por supuesto que lo es. Mi cuestionamiento es otro. Durante un taller de finanzas al que tuve el privilegio de asistir, me di cuenta que subyacen conceptos, que sí son preocupantes partiendo de quiénes vienen pues pregonan mucho el evangelio de la prosperidad. Es necesario señalar el viejo apotegma “En lo no esencial libertad, pero en lo esencial unidad”. El tema que te quiero compartir entraña mi preocupación por lo que considero no es correcto y, que para mí, es esencial y por tanto debe haber unidad. He notado, que en algunos casos, se maneja un concepto incorrecto respecto al diezmo.
La corona de adviento es una tradición que data desde los primeros siglos de la iglesia cristiana y que, de acuerdo a influencias culturales, ha experimentado varias modificaciones que han enriquecido su apariencia, simbolismo y utilidad didáctica.
Se forma con una guirnalda de pino, acomodada en círculo y adornada con motivos navideños, y con 4 velas distribuidas en su interior, alrededor de otra vela mayor central, de preferencia blanca. Las otras 4 velas pueden ser de diferente o igual color.
El verde de su guirnalda simboliza la vida y la esperanza que Dios nos ofrece; su forma circular, la eternidad de Dios y de la doctrina cristiana; el listón y adornos rojos, el amor de Dios; y la luz de las velas, simbolizan la fe y luz que Jesucristo trajo al mundo.
Se usa para ayudar a los fieles durante el tiempo de adviento (los cuatro domingos que preceden a la Nochebuena y Navidad), a prepararse para la mayor celebración de la cristiandad: El Nacimiento de Jesucristo, el unigénito del Buen Padre Celestial, nuestro gran Dios y Salvador.
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.
Lc. 2:14
A todo el pueblo metodista, A cada congregación, Al cuerpo pastoral de la Conferencia Anual de México,
Estimados hermanos y hermanas en Cristo,
Ha llegado el tiempo de iniciar un nuevo año litúrgico. Con la temporada de Adviento volvemos a iniciar un ciclo que nos llevará de la espera a la afirmación de que Cristo es el Señor de todo lo que existe, en el que pasaremos por tiempos de recogimiento en Cuaresma, el duelo de la muerte en Crucifixión, la afirmación de la esperanza en Pascua y la afirmación de nuestra identidad como iglesia en Pentecostés.
El tiempo de Adviento nos coloca en medio de los marcos de referencia de la predicación cristiana: la encarnación de Dios en Jesucristo y la futura irrupción de Dios en nuestra historia. Como creyentes vivimos entre el Adviento y el Gran Adviento: Cristo vino y Cristo vendrá. Los pilares de nuestra fe están ahí: creemos que Dios se hizo carne en un bebé en Belén y que vendrá en toda su gloria para renovarlo todo. “He aquí yo hago todas las cosas nuevas” (Apocalipsis 21.5): ya lo hizo en Belén y lo hará al renovar el cosmos entero.
¡Cuánta radicalidad hay en mantenernos a la espera! El mundo se afana por vivir de manera acelerada, en “hacer”, en ser eficaces y productivos, sacrificando la vida humana y destruyendo a la Creación. La angustia del mundo está en que no puede llegar a su plenitud por sus propias fuerzas. El Adviento nos enseña a esperar, nos educa en el silencio y en la radical confianza en Dios, la cual se hará explícita en Navidad cuando confesemos que nuestra existencia entera está en manos de un Bebé.
Jesús critica a los ricos que dan mucho para alardear de lo que tienen frente a otros; su fin no es el agradecimiento a Dios por su prosperidad, sino establecer una distinción social.
Noa Alarcón Melchor
«Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en el arca de las ofrendas del templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades».
Marcos 12:41
Al detenerme en este pasaje y mirarlo un poco más detenidamente, me doy cuenta de que muchas de mis presuntas enseñanzas sobre la ofrenda y el diezmo están mal establecidas. Soy consciente del daño que la teología de la prosperidad ha hecho en la iglesia cristiana: no solo en aquellas congregaciones donde los líderes la han establecido y aprovechado para el enriquecimiento personal, sino también en las iglesias que siempre han tomado esta teología como pecaminosa pero, por miedo a acercarse, han acabado abrazando de mala manera una “teología de la miseria” solo por precaución. Lo peor de la teología de la prosperidad es que realmente la Biblia habla mucho de la prosperidad. Lo que debería hacer dudar a los creyentes de estas doctrinas es el curioso hecho de que, aunque estos “santos” predicadores pidan dinero asegurando que Dios se lo devolverá aumentado, los únicos que parecen aumentar sus ingresos son ellos, y no la congregación. Pero, en fin. Eso para otro día. La cuestión es que este breve pasaje, este breve ejemplo de la viuda pobre (leed Marcos 12:41-44 para entenderlo mejor), nos cuenta grandes verdades.
No es “da mucho para recibir mucho”. No creo que la viuda se encontrara con un saco de dinero al regresar a su casa. La enseñanza es “da con sinceridad”. La viuda ofrendó consciente de que aún su poca ofrenda era buena y necesaria, y seguramente no esperaba que nadie la alabase. Sin embargo, Jesús critica a los ricos que dan mucho para alardear de lo que tienen frente a otros; su fin no es el agradecimiento a Dios por su prosperidad, sino establecer una distinción social.
No es dar con culpabilidad. Los que hemos pasado mucho tiempo en la iglesia sabemos bien lo eficaz que es apelar a la culpabilidad para recolectar ofrendas. Sin embargo, todo llamamiento a la culpabilidad sé que está mal desde un punto de vista bíblico. La viuda no dio precisamente porque se sintiera culpable. A mí esto, reconozco, me cuesta entenderlo, aunque sé que es así.
En este tiempo de Navidad, para muchas personas serán momentos de fiesta y disfrute, con arbolitos adornados de muchas luces de colores. Época para comprar regalos y compartir con la familia y amistades, para otros será de mucho jolgorio. Para los que reciben su aguinaldo a utilizarlo con sabiduría y no malgastarlo. Y desde luego, para la mayoría de los empleados es el último mes y finaliza un ajetreado año de mucho trabajo, y al fin llegó el descanso, mes de las vacaciones. ¡Qué bueno!
En un mundo convulso con muchas opciones, bullicio y distractores que fácilmente nos desvían de nuestros objetivos, desatendemos lo importante, por lo emergente y trivial.
No obstante, desde el punto de vista cristiano, se considera que este no es el significado auténtico de la Navidad. El significado de la Navidad, muy por el contrario, responde a la manifestación de ciertos valores humanos que durante el año se mantienen más o menos en el olvido.
El relato bíblico en Lucas 2, narra el acontecimiento del nacimiento de Jesús.
Mujeres, dignidad y ministerios: miradas bíblico-teológicas
Presentación del libro «Mujeres, dignidad y ministerios: miradas bíblico-teológicas» de Leopoldo Cervantes Ortiz, publicado por Editorial CUPSA, el pasado 30 de octubre de 2019 en la Ciudad de México.
Sandra Villalobos Nájera*
Considero que se trata de un texto importante y necesario para la reflexión acerca de la participación de las mujeres dentro de las comunidades religiosas y en general de las iglesias. No es pues, aunque el propósito principal en esta serie de textos, si bien se concentra de manera primordial en los procesos ligados a la Iglesia Presbiteriana, un caso de excepción, sino desafortunadamente una desigualdad que cruza por muchas comunidades y muchas iglesias, y es justo por ello que esta serie de textos resultan necesarios para la reflexión.
El libro, entonces, es un conjunto de textos que el autor, como él mismo menciona, fueron producidos dentro de la coyuntura que en 2011 representó la realización del Concilio Teológico por parte de la Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México para discutir la ordenación de las mujeres a los ministerios.
Este conjunto de sermones, artículos, ensayos, ponencias y conferencias, nos va llevando a través de su organización a ser parte de la reflexión que el propio autor ha ido desarrollando como agente dentro de este mismo proceso.
Leopoldo Cervantes-Ortiz dice al inicio:
“Como miembro de la misma [refiriéndose a la Iglesia Presbiteriana] durante toda mi vida, y habiendo experimentado (dentro de ella) una evolución espiritual y teológica que me llevó a tomar partido por una comprensión saludable de dichos ministerios desde 1992, aproximadamente, no creo que sea posible soslayar el hecho de que esta iglesia enfrenta ahora mismo una serie de desafíos, ante los cuales algunas respuestas han sido tímidas, tardías y en ciertas ocasiones, hasta muy lejanas a la realidad. Seguir limitando el acceso a las mujeres, aun cuando se sigue aceptando que cursen los mismos estudios que los hombres, es una de ellas”.