Categoría: Artículos de Reflexión

¿Diezmo Legal o Diezmo de Gracia?

¿Diezmo legal o diezmo de gracia?

El diezmo no debe ser una manera de obtener el favor de Dios. Es un elemento en el acto de adoración, como un acto de culto, renueva la disposición de rendir nuestra vida a la fuente de todas las bendiciones, reafirmando nuestra entrega incondicional a Dios.

Abner Alaniz Rangel

“¡Más ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia de Dios y el amor de Dios. Esto, era necesario hacer, sin dejar aquello”.

Lucas 11: 42

Hoy hablaré sobre el candente tema que resulta polémico en muchas de las iglesias: ¿Diezmo legal o diezmo de gracia?

Estimado lector, debo advertir que no estoy cuestionando si el diezmo es bíblico o no. Por supuesto que lo es. Mi cuestionamiento es otro. Durante un taller de finanzas al que tuve el privilegio de asistir, me di cuenta que subyacen conceptos, que sí son preocupantes partiendo de quiénes vienen pues pregonan mucho el evangelio de la prosperidad. Es necesario señalar el viejo apotegma “En lo no esencial libertad, pero en lo esencial unidad”. El tema que te quiero compartir entraña mi preocupación por lo que considero no es correcto y, que para mí, es esencial y por tanto debe haber unidad. He notado, que en algunos casos, se maneja un concepto incorrecto respecto al diezmo.

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La Corona de Adviento

La corona de adviento

Ernesto Contreras Pulido

La corona de adviento es una tradición que data desde los primeros siglos de la iglesia cristiana y que, de acuerdo a influencias culturales, ha experimentado varias modificaciones que han enriquecido su apariencia, simbolismo y utilidad didáctica.

Se forma con una guirnalda de pino, acomodada en círculo y adornada con motivos navideños, y con 4 velas distribuidas en su interior, alrededor de otra vela mayor central, de preferencia blanca. Las otras 4 velas pueden ser de diferente o igual color.

El verde de su guirnalda simboliza la vida y la esperanza que Dios nos ofrece; su forma circular, la eternidad de Dios y de la doctrina cristiana; el listón y adornos rojos, el amor de Dios; y la luz de las velas, simbolizan la fe y luz que Jesucristo trajo al mundo.

Se usa para ayudar a los fieles durante el tiempo de adviento (los cuatro domingos que preceden a la Nochebuena y Navidad), a prepararse para la mayor celebración de la cristiandad: El Nacimiento de Jesucristo, el unigénito del Buen Padre Celestial, nuestro gran Dios y Salvador.

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Carta Pastoral de Adviento

Navidad y Fin de Año 2019

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.

Lc. 2:14

A todo el pueblo metodista, A cada congregación,
Al cuerpo pastoral de la Conferencia Anual de México,

Estimados hermanos y hermanas en Cristo,

Ha llegado el tiempo de iniciar un nuevo año litúrgico. Con la temporada de Adviento volvemos a iniciar un ciclo que nos llevará de la espera a la afirmación de que Cristo es el Señor de todo lo que existe, en el que pasaremos por tiempos de recogimiento en Cuaresma, el duelo de la muerte en Crucifixión, la afirmación de la esperanza en Pascua y la afirmación de nuestra identidad como iglesia en Pentecostés.

El tiempo de Adviento nos coloca en medio de los marcos de referencia de la predicación cristiana: la encarnación de Dios en Jesucristo y la futura irrupción de Dios en nuestra historia. Como creyentes vivimos entre el Adviento y el Gran Adviento: Cristo vino y Cristo vendrá. Los pilares de nuestra fe están ahí: creemos que Dios se hizo carne en un bebé en Belén y que vendrá en toda su gloria para renovarlo todo. “He aquí yo hago todas las cosas nuevas” (Apocalipsis 21.5): ya lo hizo en Belén y lo hará al renovar el cosmos entero.

¡Cuánta radicalidad hay en mantenernos a la espera! El mundo se afana por vivir de manera acelerada, en “hacer”, en ser eficaces y productivos, sacrificando la vida humana y destruyendo a la Creación. La angustia del mundo está en que no puede llegar a su plenitud por sus propias fuerzas. El Adviento nos enseña a esperar, nos educa en el silencio y en la radical confianza en Dios, la cual se hará explícita en Navidad cuando confesemos que nuestra existencia entera está en manos de un Bebé.

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Una Prosperidad Santa

Una prosperidad santa

Jesús critica a los ricos que dan mucho para alardear de lo que tienen frente a otros; su fin no es el agradecimiento a Dios por su prosperidad, sino establecer una distinción social.

Noa Alarcón Melchor

«Jesús se sentó frente al lugar donde se depositaban las ofrendas, y estuvo observando cómo la gente echaba sus monedas en el arca de las ofrendas del templo. Muchos ricos echaban grandes cantidades».

Marcos 12:41

Al detenerme en este pasaje y mirarlo un poco más detenidamente, me doy cuenta de que muchas de mis presuntas enseñanzas sobre la ofrenda y el diezmo están mal establecidas. Soy consciente del daño que la teología de la prosperidad ha hecho en la iglesia cristiana: no solo en aquellas congregaciones donde los líderes la han establecido y aprovechado para el enriquecimiento personal, sino también en las iglesias que siempre han tomado esta teología como pecaminosa pero, por miedo a acercarse, han acabado abrazando de mala manera una “teología de la miseria” solo por precaución. Lo peor de la teología de la prosperidad es que realmente la Biblia habla mucho de la prosperidad. Lo que debería hacer dudar a los creyentes de estas doctrinas es el curioso hecho de que, aunque estos “santos” predicadores pidan dinero asegurando que Dios se lo devolverá aumentado, los únicos que parecen aumentar sus ingresos son ellos, y no la congregación. Pero, en fin. Eso para otro día. La cuestión es que este breve pasaje, este breve ejemplo de la viuda pobre (leed Marcos 12:41-44 para entenderlo mejor), nos cuenta grandes verdades.

No es “da mucho para recibir mucho”. No creo que la viuda se encontrara con un saco de dinero al regresar a su casa. La enseñanza es “da con sinceridad”. La viuda ofrendó consciente de que aún su poca ofrenda era buena y necesaria, y seguramente no esperaba que nadie la alabase. Sin embargo, Jesús critica a los ricos que dan mucho para alardear de lo que tienen frente a otros; su fin no es el agradecimiento a Dios por su prosperidad, sino establecer una distinción social.

No es dar con culpabilidad. Los que hemos pasado mucho tiempo en la iglesia sabemos bien lo eficaz que es apelar a la culpabilidad para recolectar ofrendas. Sin embargo, todo llamamiento a la culpabilidad sé que está mal desde un punto de vista bíblico. La viuda no dio precisamente porque se sintiera culpable. A mí esto, reconozco, me cuesta entenderlo, aunque sé que es así.

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Saludo Navideño

¿Cuál es el significado de la Navidad?

En este tiempo de Navidad, para muchas personas serán momentos de fiesta y disfrute, con arbolitos adornados de muchas luces de colores. Época para comprar regalos y compartir con la familia y amistades, para otros será de mucho jolgorio. Para los que reciben su aguinaldo a utilizarlo con sabiduría y no malgastarlo. Y desde luego, para la mayoría de los empleados es el último mes y finaliza un ajetreado año de mucho trabajo, y al fin llegó el descanso, mes de las vacaciones. ¡Qué bueno!

En un mundo convulso con muchas opciones, bullicio y distractores que fácilmente nos desvían de nuestros objetivos, desatendemos lo importante, por lo emergente y trivial.

No obstante, desde el punto de vista cristiano, se considera que este no es el significado auténtico de la Navidad. El significado de la Navidad, muy por el contrario, responde a la manifestación de ciertos valores humanos que durante el año se mantienen más o menos en el olvido.

El relato bíblico en Lucas 2, narra el acontecimiento del nacimiento de Jesús.

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Mujeres, Dignidad y Ministerios

Mujeres, dignidad y ministerios: miradas bíblico-teológicas

Presentación del libro «Mujeres, dignidad y ministerios: miradas bíblico-teológicas» de Leopoldo Cervantes Ortiz, publicado por Editorial CUPSA, el pasado 30 de octubre de 2019 en la Ciudad de México.

Sandra Villalobos Nájera*

Considero que se trata de un texto importante y necesario para la reflexión acerca de la participación de las mujeres dentro de las comunidades religiosas y en general de las iglesias. No es pues, aunque el propósito principal en esta serie de textos, si bien se concentra de manera primordial en los procesos ligados a la Iglesia Presbiteriana, un caso de excepción, sino desafortunadamente una desigualdad que cruza por muchas comunidades y muchas iglesias, y es justo por ello que esta serie de textos resultan necesarios para la reflexión.

El libro, entonces, es un conjunto de textos que el autor, como él mismo menciona, fueron producidos dentro de la coyuntura que en 2011 representó la realización del Concilio Teológico por parte de la Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México para discutir la ordenación de las mujeres a los ministerios.

Este conjunto de sermones, artículos, ensayos, ponencias y conferencias, nos va llevando a través de su organización a ser parte de la reflexión que el propio autor ha ido desarrollando como agente dentro de este mismo proceso.

Leopoldo Cervantes-Ortiz dice al inicio:

“Como miembro de la misma [refiriéndose a la Iglesia Presbiteriana] durante toda mi vida, y habiendo experimentado (dentro de ella) una evolución espiritual y teológica que me llevó a tomar partido por una comprensión saludable de dichos ministerios desde 1992, aproximadamente, no creo que sea posible soslayar el hecho de que esta iglesia enfrenta ahora mismo una serie de desafíos, ante los cuales algunas respuestas han sido tímidas, tardías y en ciertas ocasiones, hasta muy lejanas a la realidad. Seguir limitando el acceso a las mujeres, aun cuando se sigue aceptando que cursen los mismos estudios que los hombres, es una de ellas”.

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La Eternidad de la Mujer

La eternidad de la mujer

Los que insisten en que la mujer tiene un rol subyugado al varón y “establecido por Dios” en realidad están hablando de muchas otras cosas humanas.

Noa Alarcón Melchor

“Cuando resuciten los muertos, no se casarán ni serán dados en casamiento, sino que serán como los ángeles que están en el cielo” .

Marcos 12:24

En este pasaje, la conducta de los saduceos (su arrogancia, su desdén hacia Jesús, su superioridad moral y su intento de reírse del contrincante) me recuerdan punto por punto a la actitud de muchos teólogos de mercadillo que andan hoy día plagando las redes sociales de discordia. Al igual que los saduceos, conocen la palabra, pero rechazan el amor, así que son incapaces de aplicarla. Al igual que los saduceos, creen que en su complejo de superioridad moral tienen la razón, y que se pueden permitir despreciar al prójimo… y al igual que los saduceos, no se dan cuenta de que están intentando pasar por encima del propio Jesús. Que Jesús, sin duda, se dejó pisotear en la cruz… pero el resto del tiempo sus respuestas llenas de gracia también estaban llenas de verdad.

Sin embargo, más allá de cómo se pergeña el intercambio dialéctico, más allá de la reprimenda de Jesús (“¡Andáis muy desencaminados!”, ¡a los de hoy en día también!), hay algo en este pasaje que me llena de un consuelo profundo que quiero compartir.

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¿Cuál es Nuestro Compromiso?

Voz pastoral

Pbro. Alan Sánchez Cruz

Se lee en Lucas 21:9-11 TLA: “Ustedes oirán que hay guerras y revoluciones en algunos países, pero no se asusten. Esas cosas pasarán, pero todavía no será el fin del mundo. Los países pelearán unos contra otros, y habrá grandes terremotos en muchos lugares…”. Textos como éste avivan el pensamiento fatalista cuando, en nuestros días y en todo el orbe, se viven desastres naturales, enemistades, guerras y guerras entre países, etc. Pero, sin apresurarnos para argumentar que “la Biblia dice que todo esto iba a ocurrir”, no olvidemos cuán responsables somos de lo que sucede en el mundo.

En nuestras comunidades también vivimos una ola de violencia e inseguridad. El Maestro dijo: “…pero no se asusten”, y “…tengan valor: yo he vencido a los poderes que gobiernan este mundo” (Juan 16:33). Aunque es difícil compartir el mensaje de Jesús, todavía debemos hablar de su compromiso con los más débiles, con los pobres, con aquellos que anhelaban recibir justicia, con los que sufren las guerras y no tienen paz. Pensemos: al escuchar de “guerras y revoluciones”, ¿Cuál es nuestro compromiso con aquellos a quienes el Maestro más amó/ama?

Tomado del boletín dominical de la Iglesia El Divino Redentor de San Vicente Chicoloapan, Mex.

¿Es Éste un Momento Bonhoeffer?

¿Es este un momento Bonhoeffer?

Es común preguntarse qué habríamos hecho si hubiéramos vivido en los tiempos más difíciles de la historia. Los cristianos que desean discernir la fidelidad a Cristo a menudo miran hacia atrás para aprender cómo otros pudieron determinar el discipulado fiel cuando sus contemporáneos no pudieron.

Lori Brandt Hale / Reggie L. Williams

Los cristianos a menudo encuentran orientación moral en el laboratorio de la historia, lo que quiere decir que aprendemos de las figuras y comunidades históricas que atravesaron períodos de desafío ético mejor que otros. Con esto en mente, Dietrich Bonhoeffer puede ayudarnos hoy.

Bonhoeffer fue un teólogo y pastor alemán que se resistió a su gobierno cuando reconoció, muy temprano y muy claramente, los peligros del régimen de Hitler. Su primera advertencia sobre los peligros de un líder que se hace un ídolo se produjo en un discurso de radio emitido en febrero de 1933, solo dos días después de que Hitler asumiera el cargo.

A pesar de una ética de paz centrada en Cristo, un deseo de estudiar la resistencia política no violenta con Gandhi y una extensa escritura sobre amar a los enemigos, Bonhoeffer eventualmente se convirtió en miembro de una conspiración responsable de un intento de golpe de estado contra Hitler. Doce años después de convertirse en una de las primeras voces en Alemania en ofrecer oposición pública a los nazis, Bonhoeffer fue ejecutado por ellos, como traidor.

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Una Santidad Mal Enfocada

Una santidad mal enfocada

Una lectura literalista de la Escritura nos lleva a posiciones dogmáticas sobre la santidad, a apartarnos de los demás pueblos, a censurar al que es diferente, al que está contaminado por la enfermedad, al raro, al extraño. Ese es el camino a la intolerancia. La santidad no tiene nada que ver con esto. Lo más importante de la ley es la misericordia, la justicia social, el amor…

Pedro Álamo

Me he sentido inquieto estos días al leer las Escrituras cuando repasaba las decisiones que tomaron Esdras y Nehemías en aras de la santidad (Esdras 10 y Nehemías 13). La confesión de Secanías es tajante: “Nosotros hemos pecado contra nuestro Dios, pues tomamos mujeres extranjeras de los pueblos de la tierra” (Esdras 10.2); se identifica el pecado con el hecho de casarse con mujeres extranjeras y propone cumplir la ley expulsándolas a ellas y a sus hijos de Israel. Nehemías, en la misma línea, vio a judíos que habían tomado mujeres extranjeras, y sin pestañear, añade el texto: “y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos” (Neh 13.25). Tanto Esdras como Nehemías hicieron un trabajo encomiable a favor del pueblo de Dios, pero los últimos textos me dejan un sabor agridulce que me lleva a preguntarme si hemos entendido correctamente el concepto de santidad.

La Torah advertía contra las naciones que había en Canaán, pronosticaba que Israel ibaa derrotarlas y exigía su destrucción total (Dt 7.2, “herem”) y añade: “no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo” (Dt 7.3). El exterminio está atestiguado en Deuteronomio: “y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños, no dejamos ninguno” (Dt 2.34) y un poco más adelante dice “…matando en toda ciudad a hombres, mujeres y niños” (Dt 3.6). Textos así producen desasosiego en la mentalidad del siglo XXI porque ¿es posible que el Dios conocido como el misericordioso exija una conducta tan extrema? Esto levanta ciertas dudas sobre la intención del texto porque un Dios bueno, misericordioso, bondadoso y lleno de amor no puede solicitar el exterminio de otros pueblos (sería una negación de su propia esencia) y en el día de hoy podríamos considerarlo como una aberración. Además, si Jesús de Nazaret es la máxima expresión y aclaración de quién es Dios (Juan 1.18), dista mucho de semejante planteamiento, ya que Jesús no vino a exterminar (condenar, Jn 3.17) al mundo para preservar a su pueblo, sino a salvar la vida de todo aquel que se acerque a él (creer). El Dios de la Escritura no es un Dios de muertos, sino de vivos; a Dios le interesa la vida.

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Acción de Gracias

Acción de gracias

Ernesto Contreras Pulido

La Biblia nos exhorta a que perseveremos en la oración, velando en ella con acción de gracias. Y nos enseña que debemos dar gracias por que Jesucristo es nuestro gran Dios y Salvador, el único Dios verdadero, omnipotente, omnisciente, omnipresente, bueno y misericordioso (El Shaddai).

¡Bendito seas tú, oh Jehová, Dios, desde la eternidad y hasta la eternidad! Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, el poder, la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Dios, es el reino, y tú eres exaltado por cabeza sobre todos. Las riquezas y el honor proceden de ti, y tú reinas, sobre todo; en tu mano está el poder y la fortaleza, y en tu mano el engrandecer y dar fortaleza a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te damos gracias, y alabamos tu glorioso nombre. Porque todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.
Por la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras, nosotros entendemos que la voluntad de Dios y de Jesucristo nuestro Señor es que demos gracias a nuestro Buen Padre Celestial, en todo.

Nótese que, al decir en todo, nos exhorta a que aun en medio de las desgracias, tribulaciones y calamidades que tenemos que sufrir por el solo hecho de ser humanos y vivir en esta Tierra, bajo el gobierno del usurpador príncipe de este mundo, satanás, debemos estar agradecidos porque a los que aman a Dios y viven cumpliendo sus propósitos, de una u otra manera, todas las cosas, a final de cuentas, les ayudan a bien; pues entre otras cosas, les permiten madurar como hijos y siervos de Dios y estar cada vez mejor capacitados para ser mejores ministros e instrumentos de Dios; para vivir en victoria, y para consolar, fortalecer, y ayudar a otros que están experimentando pruebas por las que nosotros ya pasamos, y en las que, con la ayuda sobrenatural de Dios, ya salimos victoriosos.

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El Escandaloso Trato de Jesús Hacia las Mujeres

El escandaloso trato de Jesús hacia las mujeres

El apóstol Pablo definió la nueva libertad en Cristo como un espacio comunitario donde ya “no hay esclavo ni libre, ni mujer ni hombre”.

Luis Marián

Jesús fue perseguido por “La Iglesia oficial” de su tiempo. Es decir, por los escribas y fariseos. El concepto que estos profesionales del Templo y de la religión tenían acerca de las mujeres no era el mismo que tenía Jesús, y esto alimentaba el odio hacia él. La dignificación que Jesús muestra hacia ellas constituiría una de sus confrontaciones públicas con los religiosos más repetidas del evangelio.

Cualquier cultura de hace miles de años resulta evidentemente misógina para nuestros ojos occidentales actuales. Pero el trato favorable de Jesús hacia las mujeres rompió la norma social de las relaciones entre hombres y mujeres en aquel tiempo. De algún modo, este escandaloso trato de igualdad fue parte del proceso que lo llevaría a la cruz.

Pero ¿Cómo fue esta actitud de Jesús? Veamos algún ejemplo concreto:

La mujer encorvada
En Lucas 13, 10-17 se relatan varios desafíos simbólicos respecto a la doble moral de algunos rabinos contra las mujeres. Ellas eran relegadas a la parte posterior de la sinagoga, así que la invitación que Jesús realiza a una mujer encorvada para pasarla al frente suponía una provocación necesaria. Él la sitúa en el centro de atención. No se dirige hacia el lugar donde está ella sino que la llama (v.12) a la zona privilegiada de los hombres. Para Jesús, aquella “hija de Abraham” merecía ser libre de su aflicción incluso en sábado, un día en el que estos intérpretes religiosos también prohibían ayudar a alguien que lo necesitara. Tampoco era en absoluto habitual el uso de la expresión “hija de Abraham” para dirigirse a una mujer. Éste era un título de privilegio para los hombres [1].

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