¡Que bendición tan grande es ser cristiano! Hijos, siervos, ministros e instrumentos escogidos de único Dios verdadero, quien por su pura misericordia y otras razones que realmente no entendemos, entre miles de millones de perdidos que vagan por este mundo sin Dios, sin luz y sin esperanza, nos amó, nos buscó, nos invitó a recibir a Jesucristo y nos salvó. ¡Gloria a Dios!
No sabemos por qué nos escogió para que en vez de que viviéramos y pereciéramos creyendo en ídolos mudos sordos, e impotentes, de metal, piedra, yeso, tela o palos; o en falsos profetas y seudoredentores, mejor quiso que creyéramos y recibiéramos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, Señor, Maestro y Dios.
¡Que bendición tan grande es ser un miembro de la familia de Dios y de la nación santa y el pueblo que Dios adquirió para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable! Esto: Ser hijos, siervos, ministros e instrumentos útiles del Dios Altísimo, es lo necesario y trascendental en esta vida. Todo lo demás, la vida, la salud, la familia, el trabajo y las tareas encomendadas por nuestro Señor, son útiles y benditas añadiduras.
“De vez en cuando, el cristianismo ve surgir movimientos oriundos del sincretismo religioso que alegan ser una relectura de las Escrituras que goza de mayor inspiración que toda la historia del encuentro iniciado por la Iglesia Primitiva”.
A. Sanders
Dr. Carlos Alejandro Muro Flores
Al día de hoy tenemos un alud de traducciones y re interpretaciones de los textos bíblicos sin precedentes.
¿Pero cuál es el resultado de esto? Por un lado podemos tener un conocimiento más preciso de Dios y su revelación lo cual es muy bueno, pero por otro pareciera que se está buscando la justificación a conductas del hombre según “la nueva luz emanada de lo que estaba mal traducido” y por consiguiente tenemos nuevos conceptos relacionados al contexto actual como son el de amor; pecado; transgresión; arrepentimiento, regeneración etc.
Pareciera que poco a poco a la luz de la posmodernidad vamos creando un dios a nuestra imagen y semejanza. Un dios que tiene la misma agenda que nosotros, que siente como nosotros y piensa igual que nosotros. Es más, ¡Un Dios que no es tan justo ni misericordioso como nosotros lo seríamos con nuestros semejantes, muy a la semejanza de cómo actuó el rey Saúl perdonando lo que a sus ojos y a los ojos del pueblo “era bueno” y dejando de lado lo que Dios había estipulado.
Comunicado del obispo de la Conferencia Anual de México
Dr. Moisés Morales Granados
Ciudad de México, a 28 de agosto de 2019.
A LAS AUTORIDADES CIVILES Y A LA OPINIÓN PÚBLICA, La Iglesia Metodista de México, perteneciente a la tradición cristiana y con presencia en nuestro país desde hace 146 años, tiene como principio básico la búsqueda de la paz con justicia. Sin el desarrollo justo y pacífico del ser humano y los ecosistemas resulta imposible la vida plena, objetivo común para la mayoría de todos los credos e ideologías.
Vemos con preocupación la degradación del tejido social en nuestro país traducido en constantes actos de criminales, los cuales, muchas veces y de manera trágica, terminan con la muerte violente de hombres, mujeres, jóvenes e infantes.
En días pasados se dio a conocer el asesinato del Pastor de la Iglesia Fraternidad Cristiana, Alfrery Cruz Canseco, en plena reunión con sus congregación en Tlalixtac de Cabrera, Oaxaca. Si bien el presunto asesino ya se encuentra bajo custodia de las autoridades, el móvil del crimen se desconoce.
La justificación es un acto, la santificación es un proceso.
Tomás Gómez Bueno
La salvación es todo lo que el Señor hace por nosotros cuando vamos ante su presencia y reconocemos que somos pecadores y necesitamos aceptarle para gozar de su comunión plena. La salvación implica la liberación del pecado, de la muerte eterna, además de la culpa sicológica que deriva de quebrantar los mandamientos divinos.
Ser salvo es ser una nueva criatura, es iniciar una nueva vida en la que reconocemos a Jesús como nuestro Señor. Se trata de un hecho recordable que se produce en un tiempo concreto en la vida de cada creyente. El impacto y realidad de la salvación es lo que nos da conciencia de que estábamos perdidos, de que estábamos alejados de Dios y de sus promesas; sin embargo, ya salvos somos reconciliados con Él y reconocidos como sus hijos con pleno derecho a todas sus bendiciones y promesas.
El creyente recibe el testimonio de la salvación a través del Espíritu Santo que mora en su vida. Este mismo Espíritu es el que motiva ese gozo inefable que acompaña a cada cristiano. Existe la plena certeza en el cristiano que los males de este mundo serán un día erradicados; incluso, los tormentos de la vida personal se sufren en la esperanza de que pronto serán felizmente superados.
Los Revs. Joel Hortiales (centro, de azul) y David Farley (a la derecha de Hortiales) junto a feligreses de la iglesia fronteriza en Tijuana, México, mientras levantan sus brazos hacia el cielo debajo de la cerca que marca la frontera con los Estados Unidos. Foto: UMNS/Mike DuBose.
Confrontando las paredes que nos dividen
Con la tensión racial que ha estado creciendo a través de los Estados Unidos de América y el mundo, el Rev. Brittney Stephan dice que es tiempo para la gente de fe de confrontar los muros de odio, injusticia, y temor.
Brittney Stephan Director Asociado de la comisión “Multicultural Vibrancy”, Conferencia de Michigan de la Iglesia Metodista Unida de los EUA
Traducción: Pedro Manrique Bustos Dávalos Pastor en la Conferencia Anual Oriental de la Iglesia Metodista de México, A.R.
Hay una frase popular que dice, “Cuando tienes más de lo que necesitas, construye una mesa más larga, no un muro más alto”. Similarmente, en el himno Walls Mark Our Bound’ries (Los Muros Marcan Nuestras Fronteras), la Dr. Ruth C. Duke exclama, “Las mesas están haciendo lugar para uno más, dándoles la bienvenida a amigos que no hemos conocido aún. Así que, ¡constrúyenos una mesa y derrumba el muro! ¡Cristo es quien recibe, hay espacio para todos nosotros!”
Hay multitud de maneras en las que la Iglesia debería liderar el movimiento del espíritu de hospitalidad y de recibimiento al que es diferente. Tristemente, encontramos que lo opuesto es real para muchos de nosotros. Debemos entender que ser el Cuerpo de Cristo en una verdadera comunidad Cristiana es fundamentalmente contradictorio al miedo a aquellos que son diferentes a nosotros.
Nombramientos nacionales de la Liga Metodista de Jóvenes e Intermedios
FUENTE: Facebook /LMJI CAM y /CAO LMJI. Monterrey, N.L. Agosto 3, 2019. En reunión de los presidentes conferenciales de las Ligas Metodistas de Jóvenes e Intermedios, constituidos como Junta de Gabinete Nacional, se realizaron las elecciones para definir a los representantes nacionales de la organización juvenil de nuestra iglesia.
Uno de los flagelos que ha sufrido México durante siglos es la doble moral. La discrepancia entre lo que decimos y lo que hacemos. La paradoja entre lo que creemos –decimos- y las acciones cotidianas para alcanzarlo. Eso tiene casusas muy variadas que tocan lo histórico, lo idiosincrático, lo cultural, lo político, lo religioso y hasta lo espiritual.
El propio Gonzalo Báez Camargo lo señalaba a propósito del intento de definir el perfil evangélico protestante en América Latina en La Habana, Cuba, en 1930 proponiendo una renovación religiosa de la Hispanoamérica:
«Por lo que hace a la moral, hemos vivido y seguimos viviendo entre el rito y la conducta. La religión se aprueba y se practica como sistema de formas externas, pero no invade las esferas de la vida como inspiración de la conducta individual y social. Una de las más dolorosas realidades de nuestro medio, es la cómoda hermandad de la fidelidad al rito, en que el pueblo hace consistir la verdadera religiosidad, con la blasfemia y la impiedad […] Un dogmatismo sin resquicios para el ejercicio del pensamiento individual; un dogmatismo con respuestas en conserva y frecuentemente en descomposición, para toda hambre espiritual; un dogmatismo para el cual la libertad de pensamiento, la función de la conciencia propia, resultan, más que inútiles, peligrosos, tenía que terminar por enflaquecer y anquilosar la constitución espiritual de nuestros pueblos».
Estimado auditorio, Representantes de los medios de comunicación,
Sea la paz de Dios con ustedes y nuestro saludo a nombre de la Iglesia Metodista de México, A.R.
La iglesia metodista es una iglesia cristiana que surge en Inglaterra durante el siglo XVIII bajo una intensa convulsión religiosa, social, política y económica. Desde el inicio, la iglesia metodista se ha caracterizado por escuchar la voz de quienes han sido marginados, predicar las buenas nuevas a quienes han sido heridos por la sociedad y caminar con quienes sufren exclusión. Con esta vocación, la iglesia metodista llegó a México ubicándose la mayor parte de las veces en las zonas rurales y urbanas con mayor necesidad, fundando escuelas, clínicas y otros centros de atención a la población, muchos de los cuales todavía permanecen.
Para la iglesia metodista sólo se puede vivir la vida cristiana cuando la fe está conectada a la acción a favor de la transformación de las más urgentes necesidades sociales. Estamos comprometidos con la “santidad social”, esto es, trabajar a favor de la vida digna para todas y todos, convencidos de que esto es voluntad de Dios y misión de la iglesia.
No nos es ajena la difícil situación de nuestro país, en especial respecto a los mortales índices de violencia que prevalecen en el territorio nacional. Somos conscientes de la necesidad de trabajar por la reconstrucción del tejido social y nos unimos al llamado por la pacificación del país. Creemos que la predicación de las buenas noticias de Jesucristo son el medio dado a la iglesia para cumplir con esta misión; predicación que debe transformarse en gestos y acciones concretas.
Para aspirar a tener una ciudadanía crítica, la educación ha de poder librarse de las disfunciones de sesgo marcadamente ideológico.
Xavier Pericay
A Marta Martín
Resulta hasta cierto punto natural tomar a Francia como arranque de este artículo. Una palabra como ciudadanía remite inevitablemente a ella. Y luego está Jules Ferry, aquel ministro de Instrucción Pública de la Tercera República que allá por 1880, año más, año menos, empezó a poner los cimientos de la educación gratuita y obligatoria, esa de la que todavía gozamos en los países económicamente desarrollados. No lo tuvo fácil, Ferry. Hasta entonces, y a pesar de algunos vaivenes en tiempos revolucionarios y posrevolucionarios, la instrucción –que así es como se llamaba lo que luego se conoció como enseñanza y luego aún como educación– había estado en manos de la Iglesia y sus beneficiarios. Ferry, pues, le dio carácter universal mediante la gratuidad y la obligatoriedad, a las que unió, last but not least, la laicidad.
Un carácter universal cuya plasmación más límpida acaso sea la famosa circular que el político republicano dirigió a los maestros en noviembre de 1883, al abandonar el Ministerio de Instrucción Pública para hacerse cargo del de Asuntos Exteriores. En ella, tras aludir a las ventajas que, a su juicio, iba a reportar en el futuro el que la enseñanza de una forma cualquiera de dogma particular hubiera sido excluida del programa obligatorio y sustituida por una enseñanza moral y cívica –en otras palabras, que el ámbito de las creencias, libres y personales, estuviera por fin separado del de los conocimientos, comunes e imprescindibles–, Ferry recurría a un ejemplo para que ningún maestro se llamara a engaño respecto a la naturaleza de esa nueva enseñanza:
Si en alguna ocasión no supiera hasta dónde le está permitido llegar en su enseñanza moral, he aquí una regla práctica a la que puede ceñirse. Al proponer a los alumnos un precepto, una máxima cualquiera, pregúntese si conoce un solo hombre honesto al que pueda ofender lo que va a decir. Pregúntese si un padre de familia, uno solo, insisto, presente en su clase y a la escucha, podría negar su asentimiento a lo que le oiría decir. Si es así, absténgase de decirlo; de lo contrario, hable sin tapujos: porque lo que le va a comunicar al niño no es su propia sabiduría; es la sabiduría del género humano, es una de esas ideas de orden universal que varios siglos de civilización han incorporado al patrimonio de la humanidad.