La Biblia: Palabra presente, Palabra que libera
Alan Sánchez Cruz
Agosto de 2018
Cuando Johannes Gutenberg imprimió su primer libro a gran escala mediante el sistema de tipos móviles, era la mitad del siglo XV y, probablemente, desconocía el significado que a la postre tendría facilitarle la lectura del Libro Sagrado al pueblo alemán y al mundo. Como él, los propios redactores de la Biblia ignoraron la trascendencia que las historias acerca de un pueblo que se relacionó con su Dios tendrían para la comunidad creyente en nuestros días y, además, en nuestro lenguaje.
La Biblia es el Libro por excelencia, aunque, estrictamente, se dirá que es un conjunto de libros (Biblos, de ahí su nombre), pues contiene un texto plural que no se da en una sola pieza y, al tener escritos de diversos autores, se entiende que en su formación hubo un proceso de organización y redacción de aproximadamente once siglos. En su Breve historia del texto bíblico, Don Gonzalo Báez Camargo dice:
No es posible determinar con exactitud el número y la identificación de los escritores bíblicos originales ni de los compiladores, revisores y redactores del texto final, que realizaron su labor en una gran diversidad de circunstancias culturales y situaciones históricas que inevitablemente influyeron en ella. Esa labor se realizó en el contexto de la historia de un pueblo, el judío[1].

La Omnipresencia de Dios
El peligro de las riquezas (Sermón de John Wesley – fragmento)
Ministerio de edificación
Elia Lombardo Moreira
13 de agosto de 2018 