«Lo cierto es que muchos de nosotros pedimos muy poco de Dios porque pensamos muy poco de Él. Tenemos temor a hacer grandes oraciones porque si Dios no interviene, esto podría hacer tambalear nuestra fe. Estoy convencido de que con demasiada frecuencia intentamos proteger a Dios con nuestras oraciones. LE PEDIMOS SOLAMENTE LO QUE NOSOTROS MISMOS PODEMOS HACER, para así NO ponerlo a Él en una posición embarazosa y demostrar a los incrédulos que Dios no es tan poderoso como habíamos esperado. Puedo asegurarte que Dios no necesita nuestra protección”.
E. R. McManus
Con demasiada frecuencia me encuentro pensando que pasaría si al orar por algo Dios NO me responde, es una cuestión solo entre Dios y yo, y no estoy hablando de andar por todos lados declarando cosas y “comprometiendo” a Dios con sanidades o palabras que Él no ha dicho o con cosas de “vivir por fe” que solo salen de mis buenas intenciones, ni del egoísmo del corazón que pide prosperidad al modo de este mundo. No me refiero a eso, me refiero a esa oración de intimidad que muchas veces NO hacemos pensando en que Dios no hará nada y eso podría ponerme en una posición de “duda” de si Jesús está obrando en determinada situación o necesidad; me refiero a las cosas que realmente necesitamos en nuestro interior y que honestamente pensamos que quedaríamos defraudados al no recibir respuesta.
En no pocas ocasiones, me he encontrado en el borde del miedo y del temor de expresar algo delante de Él y parecer que cae en terreno vacío y decido no expresárselo. Es una lucha interna que por un lado me dice “¿Y si Dios no te contesta, qué?” y por el otro “¡Confia en Dios!”
Pentecostés, un día importante en la vida de la iglesia, puede ser una maravillosa oportunidad para el culto familiar, discusiones sobre la iglesia y el Espíritu Santo, y una celebración de nuestra fe. El Pentecostés se celebra el séptimo domingo después de Pascua, el 31 de mayo de 2020. En el Domingo de Pentecostés, recordamos el día en que los discípulos recibieron el Espíritu Santo de una forma extraordinaria. Había viento recio y lenguas de fuego (vea Hechos 2:1-41).
Con el don del Espíritu, los discípulos pudieron compartirles a la gente de todo el mundo acerca de Jesús en formas que cada uno podía entender la Biblia informa que alrededor de 3,000 personas fueron bautizados ese día, estableciendo la primera iglesia.
Celebrar de manera creativa el Pentecostés en casa puede ser contribuir de maravillosamente a su devocional familiar, al dar gracias a Dios por los dones del Espíritu Santo y por la Iglesia.
Aquí hay algunas ideas para ayudarle a empezar.
Vístase de rojo: El rojo es el color del Pentecostés, simbolizando la llegada del Espíritu Santo con lenguas de fuego. ¡Revisen sus armarios y encuentren ropa roja para el domingo de Pentecostés uniéndose a la celebración! Cuente la historia: Lean juntos la historia de Pentecostés en Hechos 2. Imagine la escena. Pregunte a cada miembro de la familia qué es lo que intentarán recordar de la historia.
Soy el pastor Alan Sánchez Cruz. Para iniciar el mensaje de hoy, deseo compartirte lo que parece ser una noticia esperanzadora: De acuerdo a las estadísticas y a un análisis serio de las mismas, la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur, revela que el COVID-19 terminaría en México el 4 de septiembre, pues el 24 de junio desaparecería al 99 %. Es una aproximación, aunque, claro, todavía no se puede dar una fecha exacta de cuándo terminará el confinamiento y regresaremos a la vida normal. Por una parte, el que se nos dé una fecha aproximada tiene o tendría que ver con el Evangelio, pues esto representa aquella buena noticia, que brinda alegría y esperanza. Hay gente que ya no soporta estar en su casa, ya que anhela salir a divertirse, a hacer ejercicio, a visitar a los amigos, y esto no está mal. Muchos lo anhelamos. Pero, por otra parte, antes de que esto termine será interesante preguntarnos, ¿realmente queremos regresar a la normalidad?
En definitiva, nuestra rutina diaria se ha visto afectada -para bien o para mal- desde la dificultad para conciliar el sueño; los horarios cambiantes para quienes continúan trabajando, como las maestras y los maestros que ahora tienen que dar clases en línea con ayuda de la computadora o un dispositivo móvil (no hay que olvidar a niños y maestros que no tienen acceso a este tipo de tecnología, y el gran esfuerzo que hacen por compartir el conocimiento); los horarios de comida se han visto afectados en algunos hogares; la economía, así como la despensa han ido mermando. Repito, para bien o para mal, muchas cosas han ido cambiando de acuerdo a la perspectiva de cada uno, pero, ¿qué sucede con la Iglesia? ¿Qué tanto han cambiado nuestras dinámicas?
Cuando se dio la indicación de que los templos debían cerrarse, no todos la quisieron atender al principio. Por ahí se escuchó: “Si de por sí no vienen, no son constantes en la iglesia, ahora menos”, “y, ¿cómo le vamos a hacer con el dinero si la gente no asiste?”. Hemos optado por llenar las redes con publicaciones diarias, y dedicamos nuestro tiempo para pensar en la siguiente reflexión, porque esperamos que cuando este mal termine regresaremos a la normalidad. Nos miramos, en un futuro no lejano, todos reunidos en nuestros templos, continuando con la dinámica que hemos venido desarrollando por años. Sin embargo, trayendo a la mente estos términos que algunos leímos únicamente en libros de Historia como “pandemia”, “cuarentena”, ¿quién nos dijo que la cuarentena era algo malo o inconveniente para nuestro ser y quehacer como personas y como Iglesia de Dios en el mundo? Tal vez era necesario que la Iglesia tomase un respiro, una pausa, para analizar su misión en este tiempo que demanda: que las y los líderes estén mejor preparados, no para presumir que se tiene un título sino para servir mejor a los suyos, a los que están bajo su cuidado, para generar proyectos que convengan a las comunidades en que se encuentra la iglesia que dirigen. Tal vez era necesario confrontar nuestras prácticas de poder, de autoridad, pues, aunque nos cueste reconocerlo, hay sectores dentro de nuestras comunidades de fe que han ostentado una posición o poder económico por años. No hablamos del tema porque pareciera que no es Palabra de Dios. Tal vez -y sólo tal vez- esta cuarentena era necesaria para percatarnos de que nuestras prácticas no eran las correctas, y de que necesitamos más de Dios y de los demás que de nuestro propio renombre.
Es curioso el apego que le tenemos los creyentes cristianos y judíos al Salmo 91. Ha sido invocado en el pasado por millones de fieles, lo es ahora y seguirá siéndolo en el futuro, sobre todo en momentos de angustia, miedo a lo que está por venir, y aflicción. Hasta a aquellos que no consultan su Biblia, o a los que ni siquiera la tienen, les sonará su comienzo:
«El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío»».
Salmo 91:1-2
Ha sido utilizado en novelas, series de televisión y películas. Muchos soldados lo han rezado antes de salir a la batalla. Infinidad de enfermos lo han invocado buscando curación. Por supuesto, también desde los estrados de iglesias y sinagogas se ha oído, a veces con estrépito. Mi madre nos lo leía en el coche antes de salir de viaje, con voz suave pero repleta de confianza y de fe. Era uno de sus favoritos.
Todos los seres humanos, incluidos los creyentes, necesitamos sentirnos seguros, protegidos. Esta sensación aparece en el segundo lugar de la pirámide de necesidades humanas de Maslow. Según él, solo las prioridades fisiológicas —respirar, comer, etcétera— son más básicas que el sentimiento de seguridad. Orar con el Salmo 91, efectivamente, puede proporcionarlo.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando, después de invocar la protección de Dios con este salmo, el soldado muere, el enfermo expira su último aliento pronunciando sus palabras, o el coche se estrella? ¿En las manos de quién confiaron sus vidas? ¿Falló de nuevo el sortilegio, como tantas veces parece fallar? Da miedo hasta siquiera plantear esta última pregunta.
Siete prácticas de Juan Wesley que pueden cambiar los corazones hoy
Roger Ross*
Traducción y Adaptación por Michelle Maldonado**
Wesley estaba angustiado por la falta de poder la iglesia tenia para alcanzar la gran mayoría de los británicos. Dios creó un descontento tan grande en el corazón de Wesley que el abandonó los modos convencionales de ministerio y experimentó con varios enfoques innovadores. Para sorpresa de todos, el reavivamiento espiritual estalló en Inglaterra y más allá. Si eres como yo, usted puede preguntarse, «Si Dios puede hacer eso, entonces, ¿por qué no ahora?»
Siete prácticas surgieron como características del movimiento metodista primitivo.
1. Dedicarse a la oración Wesley volvió a descubrir lo que la iglesia de su tiempo había olvidado: la oración resulta en el poder de Dios. Llamó la oración «el medio más importante para acercarse a Dios», y encontró que la oración continúa siendo el primer paso necesario para ver a Dios moverse. Él modeló esta convicción al dedicar al menos dos horas al día a la oración personal e hizo oración un sello distintivo del movimiento.
2. Ir donde está la gente Cuando el amor de Jesucristo agarró el corazón de Wesley, él sabía que no podía quedarse callado. Tenía que haber alguna manera de llegar a los millones de personas que nunca entrarían por la puerta de una iglesia. Inicialmente, Wesley estaba convencido de que el Evangelio sólo podía ser predicado dentro de la estructura de una iglesia. Pero con tan pocas personas que asistían los servicios religiosos, se vio obligado a considerar otras opciones. De mala gana, Wesley comenzó a predicar al aire libre. Él encontró un punto alto en el borde de la ciudad y le predicaba a quienes quisieran escuchar. Una multitud de tres, cinco, incluso de diez mil personas se reunían. Muchos de ellos fueron tocados por Dios y despertó en ellos su estado espiritual. Nació un avivamiento en Inglaterra en gran parte porque Wesley estaba dispuesto a llevar el Evangelio donde estaba la gente.
Tiempos de crisis y nuevos desafíos para la iglesia. Estamos frente a una oportunidad para que todos los creyentes ejerzan sus dones.
Abner Alaniz Rangel
Boris Cyrulmik, Neurólogo y Psiquiatra, señala: “Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”; “El virus del hambre mata a 8,500 niños al día” ¿Cómo se movilizará la Iglesia en México, ante estos señalamientos y ante el coronavirus?
La propagación del coronavirus ha provocado cambios en la convivencia social, por lo que sumándose a las medidas de las autoridades diferentes congregaciones religiosas en nuestro país, han cerrado sus templos. Pero los servicios litúrgicos no serán clausurados, sólo cambiarán de escenario. En un domingo regular, miembros de diferentes credos se reúnen con cientos de personas con su misma fe, en esta oportunidad no será posible por instrucciones de las autoridades, por eso líderes eclesiásticos han optado por convertir a Facebook en su templo virtual.
Ante la emergencia sanitaria que se enfrenta por la crisis del coronavirus, la Iglesia se ha movilizado y con ella todos los recursos para ofrecer “el servicio, acompañamiento, ayuda y oración a todos los afectados y a toda la sociedad, para servir al bien común”. Se destacan las más de 175 iniciativas de la Iglesia en las diócesis que “atienden necesidades pastorales, espirituales, sociales, asistenciales, educativas y de entretenimiento ocasionadas por el confinamiento”. NO se emocione, Estimado lector, esto no sucede en México, ¡es en España! Respecto a México, no cuento con información al respecto.
La fe en Jesús nos permite aceptar estas dos posibilidades: que nos volvamos a encontrar, porque la esperanza nos sustenta y mantiene siempre viva la mirada hacia el mañana. Cantaba el salmista: “Porque tú, Señor, eres mi esperanza, mi refugio, Señor, desde mi juventud” (Salmos 71:5).
Pero, gracias a esa misma fe, aceptamos nuestra finitud y vivimos consciente de los límites de nuestra humanidad. “Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir” (Eclesiastés 3:2). No procede del Evangelio la negación de la muerte, ni la exoneración de los males de este mundo. Eso lo inventaron otros.
A propósito del tema, Martín Lutero, el reformador protestante del siglo XVI, ante el peligro de muerte por la peste bubónica que azotaba a la Europa de aquellos años, hizo público su compromiso de cuidarse: “Debo evitar lugares y personas para quienes mi presencia no es necesaria para no contaminarme, y posiblemente infectar y contaminar a otros para causar su muerte como resultado de mi negligencia”.
«El que afirma que lo sabe todo, en realidad, no es que sepa mucho; pero la persona que ama a Dios es a quien Dios reconoce».
1 Corintios 8:2-3. NTV.
Hay nombres que conocemos de Dios, pero ¿realmente conocemos a Dios? Hay gente que me dice: “yo conozco a Dios”, yo les digo: dime 15 atributos de Dios. Pero en ocasiones pretendemos saber, lo que no sabemos. Pero si hay algo que es notorio en el carácter de Dios, y por lo tanto, el reflejo que debe tener un cristiano, es el amor.
El Espíritu de Dios es el Espíritu de amor. El que no ama a la imagen de Dios, no tiene conocimiento de la salvación de Dios.
La ley de Dios es el amor; y en su reino, todo debe ser perfectamente amable, benigno, educado, tranquilo, bueno, amoroso, todo debe obedecer esa ley. Ninguna de nuestras palabras o pensamientos debería ser áspera o de destrucción.
Diez de mayo. Siempre se celebra el «Día de la madre». Un día único, un día especial. Y salta a la memoria el pasaje de Proverbios 31:10: «Mujer virtuosa… ¿quién la hallará?». Un pasaje que narra las características de toda buena mujer. Para muchos, y en lo personal, detalla amor, fuerza, disciplina, voluntad, dolor, esperanza, sabiduría, gallardía, templanza, paciencia, consuelo, apoyo… y esas son las cualidades de Mi Madre.
¿Quién halló a la mujer virtuosa? La halló Dios, y la puso en cada familia, en cada hogar, para que esas palabras, fueran una realidad y fueran, sobre todo, el testimonio del amor maternal de Dios para con nosotros. Por quienes tenemos el gozo de contar con nuestra madre hoy, por quienes a su querida madre, ya se goza en la patria celestial; sintamos el gozo de que Dios hallo a la mujer virtuosa y nos la dio en nuestro hogar, que grata alegría, ¡Que Bendición!
Señor, bendito seas, gracias por esa bendición, gracias por nuestra mamá, nuestra madre amorosa y amada; gracias por hallar, por nosotros, a esa mujer virtuosa, cuya vida, siempre, nos será de testimonio; y aun cuando vemos y escuchemos cosas que nos duelan de la maternidad, tu bendición no cesa, tu bendición no se detiene, y la prolongas a través de nuestra madre.
Gracias por ella, por su vida, y por todo el tiempo que estuvo y estará, esa mujer maravillosa con nosotros, que es mi mamá.
Soy el pastor Alan Sánchez Cruz. Antes de iniciar la reflexión, quiero invitarte a que realices este ejercicio: cierra tus ojos o, si puedes, véndalos hasta que te dé la indicación de que los puedes abrir o descubrir. Puedes pausar el video antes de seguir.
Bien. Continuando con los mensajes a distancia, el título de este es: “Dios, el perfecto imperfecto”. Por supuesto, utilizar estos conceptos que van de extremo a extremo no solo resultaría una contrariedad sino, inclusive, una herejía, al considerar que el mismo Dios pudiese tener los dos adjetivos. ¿Puede Dios ser perfecto e imperfecto a la vez? ¿Pueden en él habitar el bien y el mal? ¿Pueden existir en él la luz y las tinieblas? El evangélico común dirá: “¡Por supuesto que no! Pastor, ¿qué nos quiere decir?”. Podemos acudir a la Biblia y citar versículos como los siguientes, para defender la idea que ya he mencionado:
“Ustedes deben ser perfectos como Dios, su Padre que está en el cielo, es perfecto” (Mateo 5:48 TLA). Por tanto, está claro que Dios no es imperfecto sino perfecto. “Él es un Dios bueno; su amor es siempre el mismo, y su fidelidad jamás cambia” (Salmo 100:5 TLA).
Es claro que Dios no puede ser malo, sino bueno. “Jesucristo nos enseñó que Dios es luz, y que donde Dios está no hay oscuridad” (1 Juan 1:5 TLA). Una vez más, Dios es luz y no hay oscuridad en él.