Este poder de convicción, poder de persuasión y una santa determinación son lo que produce el Espíritu Santo cuando invocamos fervientemente su presencia.
Julio Pérez
Tengo que confesar que desde los inicios de mi conversión a Cristo me transformé en un avivamentista sin saberlo, y eso fue debido a un impactante encuentro con Dios que cambió mi vida por completo y muy especialmente cuando recibí la renovadora experiencia del bautismo del (o con el) Espíritu Santo unos años más tarde. Por supuesto que me parecen respetables otras opiniones al respecto, pero permitidme expresarme desde mi vivencia y convicción personal.
Desde muy joven fui instruido en las verdades fundamentales de la fe cristiana en una preciosa iglesia tradicional, lo cual agradezco mucho; pero desde siempre había algo en mi interior que anhelaba una vida de mayor plenitud espiritual y la necesidad de vivir un cristianismo de alta intensidad, tanto en mi relación personal con Dios como en la interacción con mis hermanos en la fe y, por supuesto, con mis amigos y familiares.
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