Sola Gracia: expresión del poder de Dios, no del nuestro
Seguimos viviendo horas inciertas. Aunque hay signos de recuperación de la pandemia mundial en muchas partes del mundo, y nuestro país no es la excepción, escuchamos de rebrotes y recaídas. Parece una historia sin fin. Aún en nuestras iglesias, algunas han abierto sus puertas reanudando su actividad litúrgica, sólo para volver a cerrar otra vez; otras, ni siquiera han recuperado sus actividades habituales cotidianas.
Además del alejamiento físico, no es menor el alejamiento de muchos hermanos que, por lo menos, no hay noticia de ellos o se han “ausentado” de su participación por medios digitales, ya sea por desconocimiento, desinterés o voluntad propia. Pero también es una realidad que, todos los días, muchas personas se alejan de las iglesias para buscar en otras fuentes inspiración, ánimo y esperanza. A veces, buscan en otros grupos una rica espiritualidad que se les niega en la iglesia institucional. Es por eso, muy importante una reflexión profunda sobre los programas y eventos que se realizan y que, aparentemente, no responden a las necesidades de la gente.
Ante la renovación de la Iglesia por la pandemia, es necesario pensar en la lógica del Evangelio: pensar globalmente, en una dimensión de alcance en donde podemos llegar a casi todo el mundo. En donde la limitante ya no es la cercanía física, sino la accesibilidad a los medios de interacción que actualmente la tecnología nos provee. Por otro lado, también debemos pensar “personalmente”, en la dimensión de transformación del individuo. Para ello, es necesario trabajar en el mensaje. Y allí es donde hay mucho por hacer.
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