La era actual nos quiere plantear que no hay más realidad que la vida presente. La moral es, por lo tanto, subjetiva y nos enfrentamos al relativismo con el consiguiente peligro que cualquier ideología quede justificada desde su aceptación social.
Jaume Triginé
Jean-François Lyotard, filósofo francés, profesor de la Universidad de Paris, acuñó el término postmodernidad en el año 1979 en su obra: La condición postmoderna. Junto a otros autores describe este momento histórico como una época en la que los grandes relatos que pretendían proporcionar un sentido o actuar como vectores hacia paraísos futuros han desaparecido de la conciencia colectiva. Ya no son creíbles para el hombre y la mujer contemporáneos.
Se ha perdido la fe tanto en las utopías políticas (comunismo, progreso, cultura…) como en los postulados religiosos. Las formulaciones espirituales, con pretensiones explicativas o respuestas a las cuestiones existenciales, son considerados mitos pretéritos en un contexto empirista y racionalista. Máxime cuando la narración, con evidentes connotaciones metafísicas, es presentada como si de historia objetiva se tratase; hecho que, con demasiada frecuencia, acontece como resultado de hermenéuticas de corte fundamentalista.
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