Silhi Yaireth Chávez
Desde mi infancia la iglesia ha sido parte de mi vida. Me encantaba asistir al culto infantil donde mis tías daban clases; las recuerdo elaborando entre semana su boletín y poner juegos de crucigramas o sopas de letras en lugar de una editorial; también cuando era intermedia y mi maestra pasaba largo tiempo escuchando mis problemas porque me había enojado con una amiga de la primaria. Y así sucesivamente, en la liga, o las comisiones de alguna organización… Mi vida en la iglesia ha sido llena de trabajo, aprendizajes, también de confrontaciones en las que he encontrado experiencias y aprendizajes de vida; pero sobre todo, de mucho deleite.
Cada año procuro escribir una serie de resoluciones, y en cada cumpleaños una carta para mi “yo del futuro”. Y una de las cosas que constantemente la Silhi del pasado me escribe es: “disfruta”, de los hermanos, de las actividades, disfruta de la iglesia.
Hasta antes de ser pastora, me había tocado disfrutar en una iglesia numerosa de tradición, donde hay líder para todo (aunque también llena de retos y desafíos importantes que resolver); pero al llegar a otras congregaciones, uno se encuentra con la realidad de que hay algunas con pocos miembros. Una de las cosas con las que he tenido que lidiar en ellas es la comparación: “tal congregación va creciendo así por esto…”, “si nosotros también tuviésemos tal cosa o líder…”, “por eso se van a esa otra…”, etc. Me apena decir que a veces yo misma he hecho esas comparaciones, hasta un día en el que me puse a pensar: “todas somos la iglesia de Cristo”.
Tal vez, en alguna estén luchando con la membresía, mientras otra está creciendo con la Gracia de Dios en número; pero al mismo tiempo una está creciendo en amor y la otra tiene desafíos en su unidad… Pero ambas son la iglesia de Cristo, amada, redimida por Cristo y de gran valor a sus ojos.
Seguir leyendo «Disfrutar de la iglesia»














