De lo que se trata es de ser como él fue y vivir como él vivió. En el seguimiento aparece implicado un modo alternativo de entender la existencia que descentra y desinstala la vida situándola en estado de misión.
Eduardo Delás
El seguimiento al que llama Jesús no es el de recetas morales, ni rigorismos legalistas. Nada de eso. No de trata de hacer comprensible la cruz como algo vinculado a la existencia natural. De lo que se trata es de ser como él fue y vivir como él vivió. Este es el mensaje que atraviesa el evangelio de Marcos de tapa a tapa y que no admite medias tintas, ni soluciones de compromiso.
El carácter del seguimiento de Jesús
La insistencia con la que Marcos hace quedar mal a los discípulos después de cada anuncio de la pasión impone la pregunta: ¿Qué interés podía tener al subrayar, precisamente en relación con la pasión, que los discípulos no entendían a Jesús? La respuesta la da el mismo Marcos a continuación de cada uno de los textos mencionados: El seguimiento de Jesús sólo puede darse desde el camino de la cruz. La primera pista que nos ayuda a descubrir por qué los discípulos no entendían a Jesús cuando les anunciaba que moriría en la cruz, la encontramos en Mr. 8:34-36: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.
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Durante los últimos meses nuestro país ha sufrido los estragos de la pandemia de COVID-19 que ha provocado no sólo la muerte de miles y el contagio de millones, sino también graves consecuencias económicas, familiares y en la salud mental. Aunado a esto, nuestro país se encuentra en un proceso electoral de grandes dimensiones y profundos conflictos que se han agravado con el paso de las semanas. No son ajenos a nuestra sociedad e iglesia los numerosos casos de corrupción y mutuas acusaciones entre personajes de la vida política del país. Esto ha traído división a la sociedad mexicana que debe sobrevivir a las consecuencias de la pandemia y de otros problemas que por años ha cargado en sus espaldas. 








A la opinión pública, a nuestros hermanos y hermanas en la fe, al gobierno de la república de Colombia, a todas las instancias gubernamentales e instancias del Estado, hermanas y hermanos de nuestras iglesias y a todos los hombres y mujeres de nuestra sociedad: Gracias, Justicia, Paz y Amor en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

