LA LIBERTAD HUMANA
La tensión entre la explicación calvinista y la arminiana sobre la salvación del hombre no es cosa sin importancia. Algunos, por no comprender la base de una ni de la otra, simplemente afirman que cualquiera de ellas es igualmente aceptable, por lo que no vale la pena decidirlo. Pero detrás de este desentendimiento en realidad sólo parece tratarse de la exhibición de una mentalidad ecléctica. Tan importante es decidirlo que grandes figuras en la historia del cristianismo han confrontado los argumentos de ambos campos teológicos, pero sin lograr un acuerdo. Para esta fecha ya sabemos que ese acuerdo jamás sucederá sobre este mundo. Y es la razón por la que nos alineamos en un campo o en el otro, pero cuidando de no descalificar a nuestros hermanos que han preferido el lado contrario. Los metodistas estamos posicionados en la modalidad arminiana.
Con el riesgo de caer en el simplismo por falta de espacio, formulemos de manera muy sucinta las dos propuestas: El calvinismo consiste en negar la libertad de la voluntad humana para elegir a Cristo como Salvador, por lo que será únicamente Dios quien lo decida, escogiendo él a quienes desea se salven y escogiendo al resto para que se condene irremediablemente. El arminianismo asegura que sí existe la libertad de la voluntad humana, y esto debido a la gracia de Dios, de modo que serán los individuos quienes decidirán personalmente si proclaman a Cristo como su Señor, o si prefieren prescindir de él y acarrearse una correspondiente condenación.

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