
EDITORIAL
Sólo hablamos de dinero
“Yo no debería estar aquí, sino en la escuela al otro lado del océano. Sin embargo, ustedes acuden a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza. ¿Cómo se atreven? Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Pero yo soy de los afortunados. La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando.
Greta Thunberg, 16 años, activista sueca, discurso en Cumbre sobre Acción Climática de la ONU, 23 de septiembre de 2019.
Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”.
Las riquezas siempre han estado presentes en los grandes conflictos de la humanidad: desde las grandes conflagraciones políticas y militares, hasta los “grandes” conflictos espirituales del individuo. Nuestro Señor Jesucristo es muy claro cuando crítica a escribas y fariseos (a los de los tiempos bíblicos y a los de hoy), porque “diezman la menta y el eneldo y el comino, y dejan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe”. Y sentencia: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mt. 23:23).
Los principios de la mayordomía cristiana son la justicia, la misericordia y la fe. Nunca las ganancias. Por algo, aquel joven rico sin nombre es de los únicos que acuden a Jesús en busca de respuestas y se va más triste de lo que llegó. La triste y pobre “espiritualidad” que le proporcionaban sus riquezas es mayor que la promesa trascendente de la espiritualidad que comparte Jesús.
Pero el mal de aquel joven, muchas veces es nuestro mal. Debemos comprender y asumir que somos mayordomos del Reino. Y esa mayordomía conlleva la responsabilidad del servicio al prójimo para generar, no “ganancias”, sino justicia y misericordia. Más claro, ni el agua:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.
Lc. 16:13.
La Iglesia Metodista de México proclama, en el primero de sus principios sociales, que el mundo visible es creación de Dios y nos ha encargado su cuidado. Somos mayordomos de la creación, no sus dueños. Por lo tanto, cualquier interés o práctica que perjudique el medio ambiente, la naturaleza, la vida salvaje y la dignidad humana, es un atentado contra la creación del Señor, y debe ser prevenida, detenida y combatida.
Seguir leyendo «EDITORIAL»






