Vivimos una era de “aceleración” con muchas distracciones, prisas y ansiedades. Siempre frenéticos, apresurándonos y dándonos prisa, constantemente distraídos por nuestros dispositivos digitales “omnipresentes”.
Nuestro Señor Jesucristo definió el amor como la mayor prioridad en el Reino de Dios, manifestado primordialmente en frutos de amor a nuestro prójimo. Por tanto, el amor cristiano es una cualidad de las relaciones humanas: no hay verdadero amor a Dios sino a través del amor a mi semejante. Podríamos asegurar que la prisa y el amor son incompatibles, aún más, la prisa pone fin a las relaciones humanas.
Es por ello, que es la colectividad la que prepara el camino de la redención entre Dios y la humanidad. Así también, nuestra fe nos provee gestos de esperanza en medio de nuestras tensiones. Es nuestra realidad comunitaria, aquí y ahora, con sus circunstancias actuales, la que nos invita a ser parte de este tiempo en el cuál podamos encontrar la reflexión, el arrepentimiento, el perdón, la alegría, la ternura, la rebeldía y la lucha, para nuestra liberación.
EDITORIAL Tiempo de adviento: tiempo de buenas noticias
Para los cristianos, la época de adviento antes de la Navidad señalada por el calendario litúrgico, supone una época en que recordamos la razón principal de la temporada: el nacimiento del Cristo, que nos reconcilia con el Padre a través de su mensaje de buenas noticias. Ese es el evangelio de la verdad, de la justicia, de la paz y de la reconciliación. En suma, es la suprema restauración del Reino de Dios, rescatando los valores que imperaban en el mundo antes del advenimiento del pecado que rompió esa comunión entre el Creador y su creación.
El reino de Dios, que debemos recordar y proclamar, no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero todo ello no está limitado a una época del año, especialmente influenciada por la comercialización de todo, incluido el amor y las relaciones humanas, sino que debe ser una tarea permanente. Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que su Reino se construye todos los días, con esfuerzo, con preparación, con constancia, pero, sobre todo, con esperanza y fe en este Reino “que se ha acercado” a nosotros. Se materializa en el trato que tenemos con nuestros semejantes, especialmente con aquellos que necesitan más de ese amor que Dios provee a todos, a través ti y de mí. Dios reclama amor a Él, pero también a través del amor al prójimo:
“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto”.
EDITORIAL La violencia contra ellas, una esclavitud de nuestros días
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.
Gálatas 3:28
El 25 de noviembre ha sido designado por la ONU como el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer. De acuerdo a esa organización, la violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual. ¿Los problemas principales? La impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas. Por un lado, la indiferencia del agresor –con una conciencia cauterizada- y, por otro lado, la inmovilidad de la agredida –por un espíritu asolado y deprimido-.
Esta violencia puede ser de muchos tipos:
Violencia por un compañero sentimental (violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal, feminicidio);
Violencia sexual y acoso (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero, acoso cibernético);
Trata de seres humanos (esclavitud, explotación sexual);
Mutilación genital, y Matrimonio infantil.
En nuestro querido México, de acuerdo a datos del Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México, conocemos cifras que documentan esta violencia:
Ocurren 10 feminicidios al día.
2 de cada 3 mexicanas han sufrido violencia, más de 63% a manos de su pareja o esposo.
6 de cada 10 niñas han sufrido abuso sexual antes de los 15 años. 76% a manos de un familiar.
Cada 4 minutos una mujer es violada. Sólo uno de cada 10 agresores va a prisión.
“Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.
Efesios 4:15-16
La auténtica espiritualidad cristiana nos obliga al servicio de forma natural, no forzada. Los valores del Reino son solidarios con el prójimo, a la lucha por la dignificación de las personas, a considerar al prójimo con un amor reflejo del Espíritu del mismo Dios en nosotros.
Hoy vemos disputas sociales e ideológicas, en diversas formas y manifestaciones, en diversos países del mundo y en nuestro propio país. Unos y otros se asumen como paladines de los intereses comunes, del bien común, del bien estar. Aún vemos que, izquierdas y derechas, se enarbolan como enviados de “Dios y de Su Palabra” para establecer regímenes políticos o andamiajes institucionales que “construyen” una identidad, un pueblo, un gobierno o una Nación.
“Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.
Santiago 1:25-27
El 31 de octubre es una fecha emblemática para las iglesias herederas de la tradición histórica nacida de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero en 1517 con la publicación de sus famosas –pero quizás no tan conocidas- noventa y cinco tesis cuestionando el statu quo de la Iglesia de su tiempo. Lutero eligió esa fecha porque sabía la trascendencia en la cultura local de su tiempo. Era una fecha sensible al pueblo, era un día de anhelo por la búsqueda de Dios, era el día de Todos los Santos.
Pero la Reforma no sucedió ese día, la verdadera reforma sólo se sembró allí; la germinación de esa semilla sería –y sigue siendo- un camino largo y sinuoso. Fue un proceso que comprendió muchos episodios en la vida de Lutero y de muchos otros reformadores de su tiempo, que implicó décadas de búsquedas, contratiempos y recovecos, los más de ellos complejos, rebuscados, inesperados y, algunos, bastantes sangrientos. Proceso tan complejo que sigue hasta nuestros días como una búsqueda constante de la voluntad de Dios para nosotros: aquí y ahora. En el “aquí y ahora” de aquellos hombres. Sin embargo, en todas las reflexiones, debates, disputas y rebeliones siempre estuvieron presentes dos puntos en común: el deseo genuino de reencuentro con el Señor y su voluntad, y el escrutinio serio, profundo y contextualizado, de la Escritura.
EDITORIAL La ignorancia en los tiempos del conocimiento masivo
“Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”.
Hechos 17:10-11.
Hace 89 años nació El Evangelista Mexicano, como parte de las aspiraciones del pueblo metodista mexicano para tener un órgano de comunicación que coadyuvara a la identidad denominacional pero, sobre todo, que a través de la palabra impresa se cumpliera con el mandato de Cristo de llevar el Evangelio a toda nación, enseñando todas las cosas que Él nos mandó. Desde aquel venturoso día 14 de octubre de 1930 hasta hoy, El Evangelista Mexicano cumple con su misión.
Hoy vivimos en una era de la masificación: hasta los eventos más cotidianos son parte de fenómenos globales que superan el entendimiento común. La comunicación interpersonal es parte de esos fenómenos. Por ejemplo, en todo el mundo tan sólo en un minuto, se piden 10 mil viajes en Uber o se hacen 1,300 reservaciones en Airbnb; se hacen más de 200 mil videollamadas usando Skype; se envían 18 millones de mensajes de texto por teléfono, medio millón de twits y casi 200 millones de correos electrónicos; se ven un millón de videos en Twitch, 4.5 millones en Youtube y casi 700 mil horas de video en Netflix; en Google se reciben más de 4.4 millones de consultas de información y casi un millón de personas inician una sesión en Facebook.
Sí, tan sólo en 60 segundos.
Como órgano de comunicación de la Iglesia Metodista de México, tuvimos la valiosa oportunidad de participar en días pasados en la conformación de la Red de Comunicación Metodista (#Redcom2019) que agrupa a comunicadores metodistas del Caribe, Norte, Centro y Sur de América. Acudimos a la convocatoria en Sao Paulo, Brasil, al Taller y Consulta sobre Comunicación Misional de las iglesias metodistas de esta región, entendiendo la importancia para los comunicadores metodistas de crear espacios para compartir experiencias de lo que el Señor está haciendo en nuestros países. Y es que, cuando hablamos del contexto latinoamericano, muchas veces no tenemos en cuenta los 65 millones de latinos que viven en los Estados Unidos. De ellos, alrededor de 75 mil hispano-latinos forman parte de la Iglesia Metodista. Se ha iniciado este foro como apertura a más posibilidades y recursos para trabajar juntos por el ministerio metodista en todo el continente.
“Yo no debería estar aquí, sino en la escuela al otro lado del océano. Sin embargo, ustedes acuden a nosotros, los jóvenes, en busca de esperanza. ¿Cómo se atreven? Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Pero yo soy de los afortunados. La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”.
Greta Thunberg, 16 años, activista sueca, discurso en Cumbre sobre Acción Climática de la ONU, 23 de septiembre de 2019.
Las riquezas siempre han estado presentes en los grandes conflictos de la humanidad: desde las grandes conflagraciones políticas y militares, hasta los “grandes” conflictos espirituales del individuo. Nuestro Señor Jesucristo es muy claro cuando crítica a escribas y fariseos (a los de los tiempos bíblicos y a los de hoy), porque “diezman la menta y el eneldo y el comino, y dejan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe”. Y sentencia: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mt. 23:23).
Los principios de la mayordomía cristiana son la justicia, la misericordia y la fe. Nunca las ganancias. Por algo, aquel joven rico sin nombre es de los únicos que acuden a Jesús en busca de respuestas y se va más triste de lo que llegó. La triste y pobre “espiritualidad” que le proporcionaban sus riquezas es mayor que la promesa trascendente de la espiritualidad que comparte Jesús.
Pero el mal de aquel joven, muchas veces es nuestro mal. Debemos comprender y asumir que somos mayordomos del Reino. Y esa mayordomía conlleva la responsabilidad del servicio al prójimo para generar, no “ganancias”, sino justicia y misericordia. Más claro, ni el agua:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”.
Lc. 16:13.
La Iglesia Metodista de México proclama, en el primero de sus principios sociales, que el mundo visible es creación de Dios y nos ha encargado su cuidado. Somos mayordomos de la creación, no sus dueños. Por lo tanto, cualquier interés o práctica que perjudique el medio ambiente, la naturaleza, la vida salvaje y la dignidad humana, es un atentado contra la creación del Señor, y debe ser prevenida, detenida y combatida.
¿Por qué los mexicanos nos vestimos de “revolucionarios” el día de la Independencia?
En la Iglesia Metodista de México solemos celebrar de manera especial el 15 de septiembre: con cultos especiales, ceremonias cívicas, programas culturales folclóricos y convivencias congregacionales con comida típica. Siempre agradeciendo a Dios por la gran Nación Mexicana que ha sido forjada por muchas generaciones de mujeres y hombres que han orado, trabajado y luchado por la visión de un bien común, para ellos y para las generaciones que han de venir. Porque es un espacio de esperanza de vida pródiga hacia el futuro.
Los metodistas entendemos que somos parte de una Gran Nación, que es el Pueblo de Dios. Y a esa gran comunidad, que trasciende épocas y territorios, le ha sido heredada la tierra en la que vive en ese momento. Por eso, somos una iglesia profundamente nacionalista, aquí en México y en todos los rincones de la Tierra.
¿Por qué a septiembre se le llama el “mes patrio”? Es evidente que el inicio de la Revolución de Independencia iniciada en Dolores aquel 16 de septiembre de 1810 por la madrugada, marcó las fechas que celebramos hoy, 209 años después de aquellos acontecimientos. La consumación de esa lucha se logró, también, en septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, aunque los Tratados de Córdoba se firmaron en agosto. Ya en el anecdotario de la historia nacional han quedado las muestras de oportunismo mezquino de personajes como Iturbide, que retrasó la entrada del ejército hasta el 27 de septiembre, para que coincidiera con su cumpleaños; y el de Porfirio Díaz, que a fines del siglo XIX impuso la “tradición” del grito en la noche del 15 de septiembre, por el mismo motivo.
Dios no nos quiere miserables, nos quiere misericordiosos
“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”.
Oseas 6:6
Dijo Jesús: “Vayan, pues, y aprendan qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores”.
Mateo 9:13 RV2015
Destacaron en muchos medios durante días recientes los comentarios sobre la manifestación de mujeres en protesta por la presunta violación de una joven por parte de cuatro policías en la Ciudad de México, que derivó en la destrucción de una estación del Metrobús Insurgentes, pintas en la columna del Ángel de la Independencia, la vandalización de comercios, el incendio de la sede de policía capitalina, así como agresiones y lesiones a ciudadanos, periodistas y uniformados, por parte de personas embozadas. Ello derivó en una amplia polémica sobre la validez de las razones de la protesta, por un lado, y sobre la falta de conciencia demostrada en la destrucción de infraestructura urbana y monumentos nacionales, por otro. Sin embargo, este dilema es falso. Son dos temas diferentes, pero que en un clima de crispación y frustración social, alimenta la polarización y la violencia crece sin control. Pareciera que ahora el sentido es estar luchando unas contra otros.
Inicialmente el feminismo nació con raíces sociales e ideológicas protestantes en los Estados Unidos de América, fundamentalmente en torno al derecho al voto de la mujer. Pero en las condiciones actuales, se olvida la discusión central y trascendente: la lucha por el amor, el de verdad, no sólo el erótico y sentimental. La mujer no alcanzará su auténtica imagen sin el varón. Y el varón no alcanzará su verdadera imagen sin la mujer. Necesitamos un feminismo cristiano.
Haciendo eco del llamado del hermano Pedro Tarquis, cuyo artículo compartimos en esta edición, nos preguntamos: ¿Se levantará alguna vez una voz, un movimiento, que rescate este principio en positivo, tal y como fue diseñado originalmente? El metodismo mexicano está llamado a levantar la voz, sin duda.