Categoría: Biografias

¿Cuándo Responde el Señor?

¿Cuándo responde el Señor?

Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Salmo 40:1

¿Cuánto tiempo has esperado por la respuesta a una oración?
Déjame hablarte de mi experiencia personal.

La primera vez que oré, por algo muy importante en mi vida, sólo esperé 8 meses.

La segunda, fue una pregunta que le hice al Padre y espere 30 años, y me la contestó.

La tercera, fue por una enfermedad llamada depresión; y aunque no lo creas duró cerca de 4 años, pero Dios me dio la victoria.

La cuarta fue una experiencia muy dolorosa de la niñez, y esperé 50 años para que la persona que me dañó reconociera su falta y pidiera perdón.

La última -y muy difícil para mí, porque se trataba del amor de mi vida, mi esposo- duró 5 años y tuve que aceptar la perfecta voluntad de Dios.

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Plática con Ruth Rodríguez de Díaz (2)

Plática con la hermana Ruth Rodríguez de Díaz (Segunda y última parte)
7 de noviembre de 2022

Salimos de Laredo con tres niñas y dos velices, ¡y vámonos hasta Tijuana! Y entonces, cuando llegamos a Saltillo -porque el camión paraba primero allí- mucha gente de la iglesia fue a despedirnos. Llegamos a Durango, y me despedí de mi mamá. Al otro día agarramos el camión para Mazatlán y allí esperamos a un camión que venía desde México e iba hasta Tijuana. Pues no se nos hizo pesado,aunque duró como tres o cuatro días el viaje, porque iba conociendo todo: Sinaloa, Sonora, todo hasta que llegamos a Tijuana. Y al llegar a Tijuana, a la central camionera (me llamó mucho la atención la Rumorosa, muy bonitas las piedrotas que están allí), Elías dice: “¿Y ahora?”, pues no conocíamos a nadie. Le dije: “Pues vámonos a la iglesia, hay iglesia aquí”; y agarramos un taxi y nos llevó a la iglesia donde estaba en aquel entonces Miguel Hernández de pastor, y Mimí [esposa del pastor Hernández]. Llegamos y nos recibió muy bien Mimí.

Pero antes de eso, Evangelina Contreras, la esposa de Eliud, le había dicho a su mamá: “Oye mamá, allí va el pastor con sus tres niñas y su esposa y no conocen a nadie allá”. Al rato, a la tardecita llegó ella, doña Rita: “A mi casa vámonos. No se preocupe”. Y es que íbamos a ciegas, sin conocer a nadie. Ya nos llevaron a casa de doña Rita, y allí estuvimos casi un mes. Mientras Miguel [Hernández] arregló: en el río había una escuela donde iban sus hijos, y arregló para que admitieran a las tres hijas mías y fueran a esa escuela, porque llegamos en agosto, casi septiembre; iba muy temprano hasta una colonia muy bonita donde vivía doña Rita, llegaba por Elías las niñas y se iba. Yo me andaba todo el día con doña Rita. Estaba la esposa de Joel, Ana, tenía 15 años entonces; Paco estaba estudiando, Beto estaba en medicina también estudiando, y tenían otro sobrino allí. Nos trataron muy bien.

Al mes, Elías dijo: “Vámonos nosotros a hacer nuestra vida”. Y doña Rita le decía: “No, hermano, quédense a vivir aquí en Playas [de Tijuana]”. “No, hermana, yo traigo mi sueldo y mi presupuesto para casa y todo”, le dijo Elías; y consiguió una casa por medio de una hermana que se llamaba doña Ramona, de acá de Los Herreras. Ella nos dijo de esa casa, que estaba cerca de la suya y estaba en renta, y nos llevó a verla: estaba en un cerro pelón (no, Sierra Ventana* está precioso comparado con ella); estaba horrible, había coyotes. Pero la casita sí estaba bonita, estilo gringo, así de esas de dos aguas; tenía salita, comedor, la cocinita y dos cuartitos, un baño y un patiecito atrás; había tres casitas iguales, y en una estaba doña Ramona. Era un cerro, y al otro lado había un barranco, no estaba ni pavimentado; no, horrible.

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Plática con Ruth Rodríguez de Díaz (primera parte)

“Yo prometí seguir a mi esposo a dondequiera que él fuera” :

Plática con la hermana Ruth Rodríguez de Díaz

La hermana Ruth Rodríguez de Díaz es esposa del Pbro.Jubilado Elías Díaz Reyes -”mi Elías”, como a ella le gusta referirse a él- y el pasado 27 de noviembre cumplió 62 años de feliz matrimonio. Ella nos cuenta algo de su vida en esta plática que sostuvimos en su domicilio, en la ciudad de Monterrey, N.L.

Hablamos al principio del noroeste del país, uno de los lugares donde le tocó vivir como esposa de pastor: “Ni sabíamos dónde existía ese lugar. Pero yo prometí seguir a mi esposo a dondequiera que él fuera”.
-Cuando me eligieron para aquel distrito -dice su esposo , el Pbro. Elías Díaz Reyes- en Sonora, que estaba considerado como distrito misionero, no sé si me dieron ganas de reír o de llorar.
-¿Quién era el Obispo en ese tiempo?
-Alejandro Ruiz Muñoz.

La plática fluyó con facilidad:
-¿Cómo fue que se animó a ser esposa de pastor?
-No, pues cuando conocí a mi Elias fue en una conferencia; y si no me caso con él, me hubiera quedado para forrar biblias, porque pues no había [muchachos] en la iglesia, y los que había no me gustaban y uno era «raro». En la casa mi mamá siempre hospedaba a mucha gente, y le tocó hospedar a seis pastores y entre ellos estaba mi Elías. Y en una reunión de jóvenes también se hospedó allí. Yo en ese tiempo andaba con otro muchacho de la [iglesia] bautista. Pero ya en ese entonces yo les tenía mucho miedo a los que tomaban y a los que fumaban; y luego supe que ese muchacho con el que yo andaba se había emborrachado una vez, y de allí le agarré “tirria”; y lo cortaba y lo cortaba y no entendía, y sigue, y sigue. El [Elías] se dio cuenta de todos los cortones que le hacía.

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¿Qué Pensaría Wesley?

La Pregunta Metodista: ¿Qué pensaría Wesley?

¿Qué pensaría John Wesley acerca de cómo el pueblo metodista unido debería enfrentar los problemas críticos de nuestro tiempo?

Rev. Glenn M. Wagner

Puede ser exagerado para cualquiera de nosotros/as pretender saber lo que una persona que murió el 2 de marzo de 1791, hace 229 años, tendría que decir sobre temas contemporáneos de importancia o incluso creer que se prestaría atención a la sabiduría póstuma de Wesley. Pero creo que podemos deducir los pensamientos de Wesley basándonos en sus escritos, que incluyen 400 volúmenes de sermones, notas, comentarios y correspondencia. Muchos de los libros que escribió todavía están disponibles en forma impresa. También hay muchos libros informativos sobre Wesley, de autores/as interesados/as en su vida.

Bajo el liderazgo de John Wesley, el metodismo pasó de ser un pequeño grupo de devotos/as creyentes a convertirse en un movimiento global por Cristo. La huella clara de las ideas espirituales de John Wesley y su devoción personal al evangelio de Jesús aún se pueden percibir en la organización, la gente y el espíritu de la Iglesia.

Así como judíos/as, musulmanes/as y cristianos/as todavía honran la sabiduría de sus antepasados/as bíblicos y los/as estadounidenses todavía buscan la guía de nuestros fundadores nacionales, puede ser fructífero abordar los desafíos actuales con el consejo del visionario fundador del metodismo.

¿Qué diría el fundador del movimiento metodista mundial, que toca las vidas de 80 millones de personas en todo el mundo y más de 12 millones en los Estados Unidos, si se le pudiera pedir que ofreciera su consejo hoy al pueblo metodista unido durante una pandemia mortal?

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Mi Llamado y tu Llamado

Mi llamado y tu llamado

David Almanza

“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido… Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.

Jeremías 20:7, 9

Mi llamado así fue.

Fumar, beber alcohol, usar drogas ocasionalmente, tocar en una banda de heavy metal, pelear a golpes al menos una vez por semana, rebelde, interesado en el oscuro, ya era padre y solo tenía 16 años.

Mi vida no tenía sentido y mi futuro no era incierto, más bien era seguro que no viviría mucho; el desastre sería el resultado de mis días.

Cuando Jesús me rescató y yo lo acepté como mi único y suficiente Salvador, no pensé que habría algo bueno para mi vida. Me conformaba (y es bastante) con que rescatara mi alma de la perdición eterna en el infierno al cual estaba destinado por mi pecado.

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Los Protestantes Siempre me Invitan a Cosas Serias

Los protestantes siempre me invitan a cosas serias

Carlos Monsiváis se suma a los intelectuales mexicanos que hacen presencia en la historia nacional, desde una formación que, en su multiplicidad, también acoge en sus filas el pensamiento de Lutero, Zwinglio, Calvino, John Wesley y John Brown.

Mario Édgar López Ramírez

A los pocos días de la muerte de Carlos Monsiváis, mi hermano me escribió diciendo: “Ahora que ya no está, me doy cuenta que le quedamos a deber mucha amistad a Monsi”.

La frase me hizo pensar no sólo en mí y en mi hermano, sino en la gran mayoría de miembros de iglesias evangélicas en México, muchos de los cuales desconocen el origen y la educación protestante de Carlos Monsiváis, así como su lucha intelectual a favor de las minorías cristianas evangélicas, que representa un testimonio de la forma en que “la otra evangelización”, la protestante, ha contribuido a la construcción de la pluralidad política, social y religiosa en el país.

Junto con Gonzalo Báez-Camargo, Carlos Monsiváis se suma a los intelectuales mexicanos que hacen presencia en la historia nacional, desde una formación que, en su multiplicidad, también acoge en sus filas el pensamiento de Lutero, Zwinglio, Calvino, John Wesley y John Brown.

Mi primer encuentro con el fuerte vínculo que Carlos tenía hacia los evangélicos fue al leer un pequeño librito: su joven autobiografía editada en 1966, que era parte de la biblioteca del Compañerismo Estudiantil Cristiano en Guadalajara (un movimiento de universitarios, miembros de iglesias protestantes, que buscábamos combinar la fe, el pensamiento y la acción social).

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La Santificación de Wesley

La santificación de Wesley: un primer paso hacia la justicia restaurativa

Keith Vermeulen
(Adaptación)

El fundador del metodismo John Wesley nunca usó terminología moderna como la justicia «restaurativa» o «curativa».

En términos de pobreza y mala salud de las «clases bajas», Wesley no podría aceptar términos modernos como «culpabilizar a la víctima» o «criminalizar a los pobres». Más bien, enfatizó la importancia de «visitar a los enfermos», a quienes hoy nos referimos como los vulnerables y marginados, como una necesidad para sus seguidores que se suponen salvados por gracia en «el logro de la salvación eterna» (“Visitando al enfermo”, VII: 117).

Los metodistas y los wesleyanos de hoy deben comprender esta noción de «justificación por gracia mediante la fe» como una comprensión y práctica del amor sanador de Dios, visible en la justicia que cura las relaciones rotas por actos delictivos, violencia y toda fragmentación de las relaciones humanas. Es pues, la restauración de las relaciones humanas y sociales, hoy llamado Justicia Restaurativa, muy superior a cualquier práctica política y legal de «resolución de conflictos» disponible en Gran Bretaña durante su vida y de allí en adelante.

El contexto de justicia penal en el que Wesley ministró estaba definido por el centro legal de «La paz del rey» en el que los crímenes de violencia, asesinato, robo, falsas monedas e incendio premeditado eran juzgados como una violación a la persona del rey. Este sistema de justicia penal, por lo tanto, en lugar de preocuparse por las violaciones contra los ofendidos, colocaba al «Rey» como la víctima principal. La persona perjudicada por el delito se convertía en un «tercero» y se perdía en un proceso legal que eliminaba cualquier restitución para la víctima. La compensación que podría haberse dado a la víctima se reemplazaba con una «multa» pagadera al Estado.

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Carlos Monsiváis, Visibilizador de Minorías

Carlos Monsiváis, visibilizador de minorías

Carlos Martínez García

Su pertenencia a una minoría le dio especial sensibilidad para confrontar la intolerancia. Carlos Monsiváis dijo ser un militante de causas perdidas. Cuando en 2008 varias instituciones culturales y educativas quisieron organizarle homenajes en razón de cumplir 70 años, Carlos no dio su visto bueno, rehusó ser centro de actividades semejantes y él mismo sugirió que solamente aceptaría el doctorado honoris causas perdidas. El galardón le fue otorgado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Involucrarse para enfrentar semánticamente y mediante activismo condiciones normalizadas pero que son contrarias a los derechos de diversos colectivos, implica dar cuerpo a la indignación moral y convencimiento que el entramado tradicional debe transformarse. Monsiváis consideró el día de su doctorado que identificarse con las causas perdidas era una elección ética con resonancias estéticas, de reivindicaciones y reclamaciones destinadas al fracaso inmediato, pero válidas en sí mismas y capaces de infundir ese momento de dignidad pese a todo. Lo suyo no era el derrotismo, sino conciencia de permanecer en la lid sabiendo de antemano que la reivindicación por la cual se lucha posiblemente no tendrá resultados inmediatos ni a mediano plazo.

En distintos momentos Carlos Monsiváis refirió de dónde le venía el interés vital por defender a las minorías. En 1965, cuando participó en el ciclo Narradores ante el público, después de subrayar la centralidad que para él tenía la lectura de la Biblia traducida por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, se preguntaba si permanecía en él cierto talante identitario/ético propio de una institución educativa protestante: ¿Cuánto sobrevive en mi conducta actual, en mi moralismo ingenuo y formalista, en mi ferocidad autocrítica, de las lecciones de la Escuela Dominical? Si la Sala [Manuel M. Ponce, de Bellas Artes] este diván y confesionario, tiene la respuesta, no vacile en dármela. Este hugonote nativo se la implora. Y la herejía, mi falta de solidaridad ante el edipismo nacional que rodea a la Virgen de Guadalupe, me inició en saber qué se siente vivir en la acera de enfrente, el unas veces codiciado y otras aborrecido don de pertenecer a las minorías.

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