
No podemos congregarnos
¿Qué podemos hacer? ¿El Internet es una solución definitiva?
Mientras la incertidumbre sobre una pandemia inesperada crece, los desafíos tecnológicos de la iglesia aumentan y generan cada vez más preguntas.
J. Amill Santiago *
Durante las últimas semanas hemos estado viviendo en un mundo de apariencia distópica. Virtualmente todos los países del mundo han aplicado medidas de cuarentena, cerrando escuelas y negocios, así como cancelando eventos de gran y pequeña escala, incluyendo los cultos de la iglesia. A la luz de esta tragedia global, muchas iglesias han despertado a su nueva realidad: deben renovarse.
Este ha sido un duro golpe para las iglesias, particularmente para aquellas cuyos ministerios no cuentan con herramientas en línea. Si bien todas las iglesias se están viendo afectadas de una manera u otra a causa de la pandemia producida por el COVID-19, las iglesias sin una ‘presencia’ en línea han experimentado aún más desafíos que aquellas que sí la tienen. “En esa categoría, cae alrededor del cincuenta por ciento de nuestras iglesias, y eso es un número conservador”, opinó Jesse Contreras, asociado de la Convención Bautista del Sur de Texas.
La realidad de la iglesia presencial
¿Es una transmisión en vivo exactamente lo mismo que asistir al culto presencial? ¿Deberíamos tomar la Cena del Señor virtualmente? Incluso un rápido vistazo a las verdades del Nuevo Testamento dejaría claro que la respuesta a estas preguntas es que nada puede sustituir la naturaleza presencial de la iglesia.









