La Singularidad del Niño Jesús
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El niño Jesús, como todos los demás, fue singular, o sea, único. Ya se descubrió que genéticamente nunca puede haber dos niños o hijos 100% idénticos, pues la simiente del varón (espermatozoide) y la simiente de la mujer (óvulo), jamás transmiten exactamente la misma información genética a dos de sus hijos.
Hay más de tres millones de variantes en los genes, que en forma natural, determinan en los hijos, entre otras cosas, diferencias en el color de los ojos, la piel y el cabello; así como en el tamaño y aspecto de la nariz, las orejas, las manos y los pies.
Aún en los gemelos homocigotos o idénticos (que proceden de un mismo huevo), en las primeras divisiones del embrión, se activan o desactivan algunos genes, de tal manera que una mamá observadora, siempre puede distinguir a uno de los gemelos del otro, ya sea por un remolino diferente en el pelo de la cabeza; un lunar sólo presente en uno de los gemelos, u otra característica discreta, pero distintiva. Seguir leyendo «La Singularidad del Niño Jesús»

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