Es un buen momento hacer realidad el ruego del salmista: “Enséñanos a contar bien nuestros días para que nuestra mente alcance sabiduría”. No sólo como ejercicio intelectual, sino mediante una comprensión total de la vida.
Claudio Pose (adaptación)
Este es el ruego del Salmo 90. Podemos deducir que tenemos alguna dificultad para aprender a “contar bien”, no se trata de un asunto de pericia matemática, ni tampoco es algo que se resuelva con un almanaque o una calculadora. “Aprender a contar bien nuestros días” es lo que nos permite alcanzar sabiduría en el corazón, eso dice el salmista.
La llegada de fin de año y la aproximación de uno nuevo nos plantea algunas cuestiones acerca del tiempo. Mientras tanto, la naturaleza por medio de los dos movimientos del planeta, nos permite una percepción del tiempo, es decir el día, la noche y las estaciones en cuatro ciclos. Esto sucede sin que nosotros podamos influir de modo alguno.
Pero existen otras maneras de medir el tiempo; por ejemplo, las Leyes de Murphy, con su característico y corrosivo humor sostienen: “La duración de un minuto depende del lado de la puerta del baño en que se encuentre” (Ley de Balance sobre la relatividad). Más allá del humor, hay una realidad en esa Ley de Murphy, existe un modo subjetivo de experimentar el tiempo. El tiempo de espera solemos percibirlo como muy lento y, por el contrario, los momentos de felicidad parecen ser breves, como si el tiempo transcurriese más rápido de lo habitual.
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