Nada de la creación le era ajeno al Rev. John Wesley.
Daniel Bruno
Sabemos que Juan Wesley nutrió su ministerio con una gran avidez por las “cosas que le suceden a las criaturas de Dios”, no solo en su aspecto espiritual, sino la existencia en su totalidad y complejidad. Aquella vieja frase latina de Plubio Terencio “Nada de lo humano me es ajeno” se ajusta perfectamente a Wesley y aún le queda chica, ya que nada de la creación entera le era ajena.
Wesley consideraba que todas las disciplinas de las ciencias son instrumento de Dios para mejorar la vida de la gente y en ese sentido deben ser estudiadas, desarrolladas y aplicadas. Sin duda Wesley fue un fiel hijo de la ilustración, no solo leyó a Locke sino que consideraba su método empírico como parte central del conocimiento, tal como lo afirma en su sermón de 1788 “Sobre los descubrimientos de la fe” donde dice que “el conocimiento, incluso de las cosas que parecen más claras, no es innato, sino que se deriva de algunos de nuestros sentidos”. Por ese motivo incursionó como sabemos en diferentes disciplinas. Aparte de la teología y la lectura de los clásicos latinos se interesó por la medicina, la educación, la física, el uso terapéutico de la electricidad (recientemente descubierta) y también por la economía, en relación a ella escribió su artículo “Reflexiones ante la presente escasez de alimentos” de 1773.
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