Lamento de la tierra: una lectura ecológica de Oseas cap. 4
Hoy, en pleno siglo XXI, somos más conscientes que nunca de la crisis ecológica que amenaza nuestra Tierra. Ante la urgencia y la relevancia de esta situación, me pregunto: ¿es posible abordar de alguna forma esta cuestión desde el texto bíblico? ¿Tiene la Ecología alguna relevancia a nivel teológico?
Joseba Prieto
Somos conscientes de que la Biblia no es un libro de ciencia, ni tampoco de ecología. No pretendemos, por tanto, encontrar soluciones concretas al problema ecológico en los textos bíblicos. Gracias a Dios tenemos científicos y ecólogos que dedican sus vidas a estudiar estas cuestiones y confiamos en su trabajo por el futuro del planeta.
Con todo, la Ecología hunde profundamente sus raíces en la antigüedad. Quizá nuestros antepasados no sabían muy bien cómo funcionaban los ecosistemas, pero a un nivel primario sabían cómo funcionaba la tierra para poder sembrarla, cultivarla y cosecharla. Sabían cómo cultivar viñedos y olivos. Sabían cómo preparar el vino aunque no conociesen la bacteria de la fermentación. En la antigüedad, la mayor parte de las personas vivían inmersas en esta “ecología primitiva”. Nosotros, hombres y mujeres modernos con estudios y formación académica, quizás nos apresuramos al pensar que los pueblos de la antigüedad no sabían nada de Ecología pero su contacto íntimo con la Naturaleza les llevó a desarrollar una sabiduría ecológica que, de alguna forma, ha podido quedar plasmada en sus relatos y tradiciones. Al fin y al cabo, la Ecología estudia y analiza el modo en que los seres vivos nos relacionamos entre nosotros y con el medio en que vivimos[2]. De hecho, si algo evidencia la actual crisis ecológica es nuestra incapacidad para gestionar la relación con la Naturaleza y sus recursos. ¿Podremos encontrar en los textos bíblicos principios “ecológicos” que nos puedan ayudar hoy?
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